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Monday, October 08, 2007

Perfume de gardenías




El viernes pasado, como regalo previo de cumpleaños, me sirvieron con un golpe de nostalgia la certeza de que extraño demasiado el mar como para haberlo tenido lejos tanto tiempo. Terminé de trabajar con un grupo de mujeres muy generosas, a las que la junta local del IFE reunió para un curso de capacitación en derechos humanos, y me sobró una hora (que no esperaba, y por eso fue un regalo) para caminar por el Malecón del puerto. La última vez que estuve allí fue hace más de 10 años, con unos tíos, quienes se empeñaban infructuosamente en ese momento para que yo aprendiera a nadar. Nunca lo hice. Pero siempre me ha resultado extraño que la gente nade en el mar con la mayor tranquilidad, en un volumen de agua más grande que el que uno pudiera consumir a lo largo de toda su vida. Y como soy un cinéfilo patológico que no sabe diferenciar lo vivido de lo soñado y lo visto en la pantalla, caminando por el Malecón también me acordé de "Principio y fin", la película de Arturo Ripstein en la que Blanca Guerra y Bruno Bichir bailan una secuencia de súbita atracción sexual que se empieza a convertir en amor, en ese lugar y con la improbable música de fondo de "Perfume de gardenías", ese bolerito guapachoso, mustío y emotivo compuesto por Rafael Hernández. "Perfume de gardenías" va más o menos así:

Perfume de gardenia tiene tu boca
bellísimos destellos de luz en tu mirar.
Tu risa es una rima de alegres notas
se mueven tus cabellos cuál ondas en el mar.
Tu cuerpo es una copia de Venus de Citeres
que envidian las mujeres cuando te ven pasar.
Y llevas en tu alma la virginal pureza,
por eso es tu belleza de un místico candor.
Perfume de gardenia tiene tu boca
perfume de gardenia, perfume del amor.
Tu cuerpo es una copia de Venus de Citeres
que envidian las mujeres cuando te ven pasar.
Y llevas en tu alma la virginal pureza,
por eso es tu belleza de un místico candor.
Perfume de gardenia tiene tu boca
perfume de gardenia, perfume del amor.

Este es el fetiche musical de Ripstein por excelencia, y lo ha usado en casi todas su películas desde "El lugar sin límites" hasta llegar a "La virgen de la lujuria", película para la cual Leoncio Lara realizó una adaptación cuasi operática del tema. Sin quererlo, Rafael Hernández ha compuesto una oda al amor edípico, a la psique de todos los mexicanos que buscan, en la misma persona, una mujer tan santa como la madre y tan audaz como Blanca Guerra. A veces, Ripstein ha hecho de "Perfume de gardenías" un espacio para el encuentro entre los amantes, otras la ha vuelto la nota final de una relación que se termina con o sin violencia, e incluso la ha hecho cantar a un grupo de resentidos exiliados españoles que añoran no el amor de una mujer sino de un pedazo de tierra al que puedan llamar patria. Bailando “Perfume de gardenias”, los personajes de Bruno Bichir y Blanca Guerra iniciar un ritual de apareamiento que termina en la cama. Con grabadora en el hombro y casette en la mano, Bruno baila solo cuando Blanca le recrimina: “Yo necesito un hombre, y tú eres un hijo de familia”. Así es el amor, de abstracto y concreto, de sabroso y doloroso, de mustio y audaz. Por eso, cuando iba por el Malecón, con el teléfono móvil en mano, me imaginé que de nuevo escuchaba "Perfume de gardenías", para recordar mi amor edípico con el puerto de Veracruz...