Wednesday, June 06, 2007

Cicatrizar, por arte de magia


Por comodidad, calificamos como primitivo cualquier esquema racional que intente vincular nuestros deseos con el comportamiento del mundo natural o social externo a nosotros. Pensamos que rezar para que llueva, besar la efigie del ser amado para fortalecer la pasión o portar amuletos contra el mal de ojo, son formas de una cierta racionalidad primitiva –mágica– de la que nuestras conciencias no conservarían ningún vestigio. Es más, ni siquiera consideraríamos a estas prácticas como racionales. Simplemente, son pensamiento mágico, desvinculado de la racionalidad instrumental que ha colocado a las sociedades occidentales a la vanguardia en materia de ciencia y tecnología. Pensamos que empecinarse por conservar el pensamiento mágico –plegarse a los rituales que los hombres de las cavernas practicaban porque no habían descubierto el poder creador de sus manos– es tan inútil como querer volar sin la mediación de un avión y, en su lugar, batiendo los brazos con la suficiente fuerza como para imaginar que esto nos elevará algunos centímetros del suelo.

Sin embargo, en ocasiones, el pensamiento mágico –el anhelo de que el mundo se comporte de acuerdo con nuestros deseos– es la única alternativa. Por supuesto, imaginar una situación en la que haya que volver a los rituales tribales de la prehistoria como única opción para sobrevivir, nos remite a paisajes apocalípticos, es decir, a imaginar una devastación total que obligue al ser humano a olvidarse de que la naturaleza está allí para ser dominada. Por eso me gusta lo que hizo Danny Boyle con su película 28 Days Later, es decir, plantear una situación imaginaria en la que Londres es invadido por un virus que hace a los seres humanos volverse animales furiosos y sedientos de sangre. En una situación así, lo natural no es la solidaridad entre los sobrevivientes de la tragedia, para poner a trabajar de nuevo la racionalidad instrumental que les permita asegurar la propia vida y las de los otros; ante el apocalipsis londinense, los sobrevivientes compiten por la vida, por reproducirse y perpetuar la estirpe humana que en el futuro pueda restaurar la civilización que hemos construido instrumentalizando a la naturaleza y a otros seres humanos. En el Londres devastado retratado por Danny Boyle, el pensamiento mágico da certidumbres a los sobrevivientes no infectados por el virus de la rabia, para alcanzar el otro lado de la ciudad, en donde se imaginan aún persiste la civilización.

¿No podría ser una creencia igual de supersticiosa esperar que el sol salga el día de mañana igual que hoy? ¿Hasta qué punto tenemos garantizado el mundo tal y como lo conocemos? ¿No es pensamiento mágico en estado puro hacer una cita para cenar con un amigo, porque pensamos que él tiene la vida comprada y nada le impedirá llegar puntualmente a la reunión?

“La vida cambia muy rápido. La vida cambia en el instante”: con una idea tan simple y poderosa como ésta –que seguramente todos hemos pensado de cara a la conclusión de la Universidad o, peor aún, a la muerte de alguien querido– la escritora Joan Didion comienza su dolorosa descripción de lo que ella denomina El año del pensamiento mágico. A diferencia de lo que canta Luz Casal en Tacones lejanos, Didion no celebra un año de amor, sino precisamente un año sin amor, sin el amor de su vida, y cómo la pérdida de su esposo a consecuencia de un infarto masivo la sumergió en un estado de superstición y negación a aceptar la realidad. De alguna manera, El año del pensamiento mágico es el libro de superación personal y autoayuda que nadie quisiera leer en un momento de depresión. En el libro de Didion no hay recetas para salir del duelo por la muerte del amor de tu vida; tampoco la promesa de que este evento podría marcar el inicio de una nueva vida, en la que se podrían ejercer la pintura, la equitación y otras actividades soñadas que el matrimonio y la crianza de los hijos han impedido realizar. Lo que hay es la descripción de una pérdida que sacude el mundo interior de una persona y amenaza con poner en crisis su forma racional –instrumental– de relacionarse con el mundo.

Como sucede en los melodramas clásicos, la muerte de John Gregory Dunne, el esposo de Joan Didion por cuarenta años, no viene sola. Sobre la ya devastada escritora, se cierne una nueva tragedia: la de la neumonía de su hija Quintana, que la hará morir poco tiempo después de la conclusión del ciclo de mitos y superstición que relata El año de pensamiento mágico. Pero, a diferencia de los melodramas clásicos, en su protagonista no hay un desgarramiento profundo ni signos evidentes de la tragedia. Lo que ocurre es algo más sutil: una suspensión de su relación con la realidad. Nadie es responsable de que John haya nacido con un corazón débil que tarde o temprano dejaría de funcionar. Tampoco se puede culpar a nadie de que el virus de gripa que se filtró al organismo de Quintana haya degenerado en una infección generalizada de los pulmones. Y, sin embargo, Joan Didion se siente responsable por ambas cosas. No quiere deshacerse de los zapatos favoritos de John, porque inconscientemente piensa que él los podría necesitar. No quiere autorizar que le hagan una traqueotomía a Quintana, porque sabe que eso dejará una cicatriz visible que a ella no le gustaría. Joan sabe –pero al mismo tiempo no lo sabe– que John no necesitará nuevos zapatos y que, si Quintana sobrevive, poco importará una cicatriz prácticamente invisible en su cuello. Todos estos síntomas le hacen a Joan Didion tomar conciencia de cómo la actitud natural ante la pérdida no es la elaboración del duelo, sino el aferrarse al pasado en el que uno cree ha sido feliz.

Lo maravilloso de El año del pensamiento mágico es que su autora se expone en toda su vulnerabilidad, sin magnificar la dimensión de lo ocurrido. Con John, el mundo ha perdido al mejor escritor de los egresados de Princeton en los últimos cincuenta años. Con Quintana enferma, se pierde la única forma de experimentar la maternidad que conoce Joan. Eso es mucho para ella, aunque para el mundo no signifique nada. Y, sin embargo, el pensamiento mágico es una actitud que ella reconoce en mucha gente a su alrededor. En personas que han perdido a otras personas; en escritores que piensan que lo que ellos escriben es el mundo en realidad; en los padres y madres que creen que sus hijos son lo más precioso en el mundo. En última instancia, la sugerencia del libro de Joan Didion es que la realidad despojada de mitos y supersticiones –de efigies que besar pensando que es el ser amado y de ritos totémicos para pedir que la buena fortuna nos sonría– es una carga imposible de soportar. Quizá, al final, el resto de la vida sea una elaboración del duelo por haber nacido en un mundo en el que todo está destinado a morir.

Pero no siempre es posible elaborar el duelo recurriendo al pensamiento mágico. Aunque doloroso, el tránsito de Joan Didion de la orfandad inconsciente a la orfandad consciente discurre en un tiempo sin muchos sobresaltos. Didion tiene amigos que la quieren y un talento supremo para escribir. El dolor por lo perdido resulta para el lector a partir de la pintura que Didion hace de esos seres que se nos van volviendo entrañables a medida que avanzan las páginas de El año del pensamiento mágico, aunque uno de ellos ya esté muerto y la otra en estado de coma.

Hay veces en que el duelo no viene acompañado por los amigos ni por un grupo de lectores –o escuchas– dispuestos a empaparse del sufrimiento ajeno. En esos casos, el duelo no se vive como un proceso de encapsulamiento en la subjetividad, sino como una cicatrización inmediata que hace el cuerpo para seguir vivo, a pesar de que ha perdido uno de sus apéndices fundamentales. Un duelo elaborado sin pensamiento mágico, y con una cicatriz que se ha formado de manera irregular sobre la subjetividad lastimada, es la que describe Jazmila Zbanic en su película Grbavica. Este nombre es el de uno de los barrios de Sarajevo más lastimados por la guerra a principios de la década de 1990, y en el que muchas personas aún viven las secuelas de las limpiezas étnicas, de la violación como arma de guerra y de la división del país a causa de conflictos tribales. Lo que Zbanic cuenta es el duelo de una mujer de mediana edad, Esma, con una hija adolescente que está en busca de sus raíces, pero que no sabe que esas raíces se hunden en el duelo de su madre por la pérdida de la mujer que fue antes de la guerra. En la Ciudad de México, la película ha sido rebautizada como La revelación de Sara, y por ello mismo no se puede hablar mucho de la peli sin develar el secreto a que el título hace referencia. Sólo diré que es una de las películas más justas y lacónicas que he visto en mucho tiempo sobre la descripción de un proceso de reconciliación con el mundo. Y que es justa, precisamente, porque se refiere a la casi infinita capacidad del corazón humano para cicatrizar, una vez que ha sido lastimado. Quizá todos mereceríamos un año de pensamiento mágico como el que vivió Joan Didion para reconstituir su frágil vida emocional, pero no todos tenemos el privilegio de emprender este proceso. En esos casos, uno tiene que aprender a cicatrizar sin magia e inmediatamente.

22 comments:

inMundo said...

Las cicatrices toman su tiempo.
Es horrible tener una que avanza y comer la costra en un impulso. Sí, suena asqueroso, pero el no dejar cicatrizar es parte de un ritual sadomasoquista que te mantiene recordando todos los días el dolor de una pérdida.
A veces así lo vivimos. Quizá así nos gusta.

Ben said...

“La vida cambia muy rápido. La vida cambia en el instante” Esa frase es tan real, pero siempre tratamos de ignorarla.

Me han dado ganas de leer ese libro, lo tendré que conseguir.

Un abrazo

Yayo Salva said...

El ser humano es mucho menos racional de lo que habitualmente se piensa. La racionalidad es una parcela casi virgen en muchas personas. Es el pensamiento mágico el que orienta la mayor parte de nuestras actitudes, desde las puramente religiosas a los impulsos más carnales. Eso es lo que hace la experiencia humana tan singular e inacabada.

Nyman said...

Todos estamos llenos de cicatrices. En mi han empezado a cicatrizar algunas heridas. Leyéndote me acordé de “La vida secreta de las palabras”, ¿Qué tragedia tan grande puede sufrir una persona para terminar muerta en vida –como Sarah Polley- ? Y aunque la película tiene un final esperanzador, trato de imaginar que no todos acaban así sus días (como la escritora que mencionas). Eso es terrible.

Un abrazo Mario, como siempre un deleite leerte.

Cinzcéu said...

-Últimamente, una serie de discursos de la prensa parecen sugerir que no deberíamos morir y que si morimos, alguien ha sido responsable y amerita castigo. A veces, sí, claro, pero es preocupante ver desfilar por los medios a tanto deudo que no quiere procesar su duelo; tantas heridas abiertas que no quieren cicatrizar (y los medios ayudan a su hemorragia), con o sin pensamiento mágico, inmediatamente o en un año. Eso, creo yo, es perverso e inhumano en sentido literal.
-"Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte" (Jorge L. Borges, "El inmortal"). Entiendo que este saber humano y su negación han dado paso a tanto a magia, superstición y religión. Pero hay que precisar que todo saber se aprende y por eso, de niños, todos hemos sido inmortales cuando aún ignorábamos la muerte.
-Alejandro Dolina ha dicho, en referencia a los envases de un litro de champú, que para comprarlos, hay que tener mucha confianza en que uno no se va a morir antes de terminar la botella. A priori, la previsión, la reserva y el plan resultan de una elemental racionalidad; tras la muerte del sujeto previsor, no se puede no sentir la ridícula fragilidad de todas aquellas cauciones.
-28 days later es un film extraordinario. Entre otras cosas por la metáfora del virus fulminante que hace de un humano otra cosa, un animal salvaje, irracional y sin palabra que sólo puede matar hasta morir y ante el cual el humano no infectado tampoco tiene opción: matar o morir. En 28 días (y esto es pura verosimilitud del film porque podrían ser minutos o segundos) podemos despertar en un mundo en el que nada se parece a lo que parecía ser.
Saludos y felicitaciones tardías por tu maestría.

ish said...

hace muchos años... allá cuando era joven, o (al menos mas joven que ahora) y un tanto inconciente de la vida... vi 28 days later, aun que he de confesar q no lo recordaba- en ese entonces lo único que me pareció interesante fue el filmar a Londres deshabitada, pero no hay duda en que la visión apocalíptica como buen filántropo, me resulta perturbadora.
Todo lo que hacemos algún día dejara de ser importante cuando no haya quien lo entienda… tal vez, como en “macondo” frente a la enfermedad del sueño” debamos dejar pequeños papelitos adheridos a las cosas para explicar su funcionamiento y no olvidarlo, pero eso también perderá significado cuando se olvide el valor de la palabra escrita.
Estar condenados a la extinción es algo con lo q debemos aprender a vivir tal vez idealizando “una vida de pensamiento mágico”.
Un placer Mario --- hasta pronto.

Paxton Hernandez said...

Caray, gracias por traer a mi memoria esa pelicula tan extraordinaria del buen Boyle llamada 28 days later.... Guau. Ayuda a quitar el mal sabor de boca que dejó la pésima secuela. Qué asco.

Sobre Grbavica fui a verla y me salí de la sala. No por la peli, que está muy buena sino porque unas señoras NO paraban de hablar. Qué horror.

Un abrazo,

PD. Te agradezco muchísimo los comentarios que dejaste el sábado. De veras.

arquetipo said...

auch! yo quiero, me urge una cicatriz por arte de magia, las vendes?
juops!
aq

Beto M ® said...

Sabado por la noche y decidi alejarme de la rutinaria noche de antro para dedicarme una noche a leer. Avido de encontrar algo significativo entre tanto relleno pseudo intelectual, recurri como siempre a tu blog. Por supuesto, he quedado maravillado por la prodigiosa forma de escoger las palabras y el peso que adquieren.

Me parecio un excelente tema el que retomas, y digo, quien no ha sido presa de un pensamiento magico. aunque he de confesarte que al ver la imagen que ilustra el articulo (de cierta pelicula europea sobre la relacion estrecha, quiza demasiado, de un padre y su hijo) me causo cierto desconcierto pensando que ese seria el giro de post.

Pero enhorabuena, excelente post como siempre, que aunque no siempre comento, soy lector silencioso, critico y fan de tu gran blog. Un ejemplo para otros, mas modestos como mi caso, y que inspiran seguir escribiendo.

Zelig said...

Querido Mario, antes que nada quiero felicitarte por la presentación de tu maestría, deseoso estoy por verte con toga y birrete, por cierto apuesto que obtuviste no menos de "cum laude".

Citas a "Grbavica", película que he visto recientemente y que me encantó, aún tengo que comentarla en mi blog.

Sobre "28 días después" la vi en su estreno, y pese a que ese tipo de género no me interesa demasiado, reconozco que el filme me gustó. Precisamente la continuación la ha hecho un director español muy interesante, Juan Carlos Fresnadillo. Es su segunda película, su opera prima "Intacto" es excelente, y tiene un corto anterior, también magnífico, que fue incluso candidato al Oscar. La película ha tenido buenas críticas en USA pero aquí aún no ha llegado.

Saludos,

Z.

el chico de la chaqueta azul said...

Llevo ya un tiempo con ganas de leer el libro de Didion y después de haber leído tu, como siempre, preciso y lingüísticamente impecable comentario me temo que ha llegado el momento..Apunto la película para verla también..te recominedo encarecidamente la novela El ministerio del dolor..un abrazo

Miguel Cane said...

Coincidencias. Coincidencias en todas partes.

Pero las cicatrices algunas veces nno cierran tampoco. Acaso uno puede, como Joan, llevarlas lo más dignamente posible.

Ojalá uno pudiera.

tu.politóloga.favorita said...

"Lo que hay es la descripción de una pérdida que sacude el mundo interior de una persona y amenaza con poner en crisis su forma racional –instrumental– de relacionarse con el mundo." Qué bueno que no sea del tipo de autoayuda bascoso. Creo que yayo salva tiene razón: por más racionales que nos queramos ver, cuando nadie nos ve deseamos cicatrizar por arte de magia.
saludos!

Óscar said...

Cicatrizar con magia es una de las mejores ideas que he escuchado. El mundo al fin y al cabo, lleno de mitos y monstruos, como sugieres, no deja muchos caminos más. Siguiendo tu recomendación, deberíamos desearle a todo el mundo, digamos al inicio del año, algo como "que tengas un año de pensamiento mágico" y abandonar la frase más vacía de "feliz año nuevo". Saludos.

Senses & Nonsenses said...

las heridas se cierran pero quedan las cicatrices...
yo me acordé de 'el espíriru de la colmena', cuando la realidad es insoportable... el acoso de los símbolos... el pensamiento mágico se hace necesario.

me encanta cómo nos vas llevando por donde quieres, cómo vas relacionando textos, y nos vas dejando pildoritas en cada uno de ellos para reflexionar.

no conocía el libro de JD pero casualmente he leído esta semana otro post sobre él. ...la magia de los blogs.

un abrazo.

pablo rosenzvaig said...

suelo tener siempre algo que decir. leeré el libro de nuevo y volveré.
un saludo que ahora es un abrazo.

Silencio said...

Cuando uno toma conciencia de que se va a morir, y que no será de viejo, toda la vida queda marcada por eso, rituales, entonces todo mundo malvive pensando en el futuro, en la muerte, que carajos ¿no? nos hacemos cada vez mas cualpables conforme va muriendo la gente involucrada en nuestra formación, y asi cuando uno enterro a sus formantes, vienen los contemporaneos y algunos hijos, así todo está marcado por la muerte, por el envejecimiento que es la prueba de nuestra mortalidad.

Saludos

Mario said...

Sr. Mundo:

Por supuesto! Eso faltó en el post: decir algo sobre cuando uno se come las cicatrices. O cuando extiendes la piel para deshacer los pliegues sobre los que la cicatriz ha crecido. Duele, y sabes que va a doler, pero no puedes evitarlo. Es algo desagradable, pero muy común. No en vano, de niño, siempre me escondía para arrancarme las cicatrices de las rodillas. Esa acción tiene mucho de masoquismo y mucho de querer probar la capacidad de tu cuerpo para regenerarse... Gracias, Sr., por haberse convertido en cliente frecuente de este espacio lleno de cicatrices y costras a medio comer...

Ben:

La fragilidad y el cambio, lo sabemos muy bien, son los rasgos esenciales de la vida. La estabilidad y la permanencia, no son atributos que esté en nuestra mano conseguir. Y, sin embargo, nos esforzamos por aferrarnos a la estabilidad y negamos el cambio bajo cualquiera de sus formas... De ese anhelo humano, demasiado humano, trata la escritura de Joan Didion... Ben, siempre quedo muy contento de leerte por aqui

Yayo:

Habría que reivindicar el pensamiento mágico, la forma en que nos permite soportar la contingencia que domina al mundo, revistiéndolo de permanencia. Además, es ese pensamiento mágico el que hace posible que dos personas que no son eternas se juren amor eterno. No es poca cosa... Te agradezco mucho cada comentario que dejas, Yayo...

Monsieur David:

Es cierto. "Grbavica" tiene más de un punto en contacto con la peli de Isabel Coixet. Incluso hay una secuencia muy parecida, en la que una espalda desnuda revela cicatrices que van más allá de lo físico. ¿Te imaginas la humillación que significa una profanación del cuerpo, de tal manera que el dolor físico (que es mucho) pasa a segundo plano? Aunque por lo menos la historia de Esma y de la chica que interprera Sarah Polley se pudieron contar; porque hay muchas historias igual de terribles que se han perdido para siempre con la muerte de quien las vivió... David, como dices, siempre hay cosas en común y el placer por compartirlas. Gracias...

Cinzceu:

Tienes mucha razón cuando dices que a la frustración por la inevitabilidad de la muerte la complementa en nuestros días un deseo por exponer el proceso de del duelo de manera casi obscena. La gente llora en la televisión por muertes que no han sido las suyas; los diarios reproducen experiencias traumáticas en las que todos los afectados dicen imaginar lo que sintieron los judíos en Auschwitz o las víctimas de la dictadura en Argentina o Chile. Y entre tanto llanto y fingimiento, se pierde la particularidad del dolor. En estos días que he tenido un dolor de oído casi insoportable, me he acordado mucho de esa peli de Sokurov, "Madre e hijo", en donde el dolor aísla a la gente, al contrario que propiciar la comunicación. Pocas cosas hay más privadas que el dolor, y eso que el mío fue un dolor nimio comparado con otros dolores... Y que gran peli es "28 Days Later", aunque es de esas que pasan más bien de modo discreto al momento de verlas y que van creciendo en la memoria... Muchas gracias, a ti y a Grismar, por tener la paciencia de leerme y hacer siempre comentarios que me dejan pensando cosas nuevas...

Ish:

Tan joven y ya hablando de "cuando eras joven"? Será que el tiempo se va muy rápido cuando se piensa en estas cosas. Será por tantas pláticas con Arkturo, también… De la visión de Londres desolada, siempre me desconcertaban mucho los restos de civilización a los que estos no infectados por el virus de la rabia se aferraban: las latas de pepsi, los recados de auxilio en las paradas del metro, los víveres salvados de los grandes centros comerciales, los carritos de compra apilados e inservibles... Muy poco se necesita para que todo lo que pensamos como inherente a la civilización desaparezca. Y, no obstante, todos los días peleamos con el vecino por latas de pepsi y por carritos de compra... Ish, muchas gracias por comentar...

Sr. Paxton:

De verdad, el honor es mío cuando leo uno de tus comentarios en este espacio. Si tuviera más tiempo, podría pasarme la mitad del día surfeando en la red, buscando blogs interesantes, como el tuyo, y comentando todas las entradas. Tal vez en la próxima vida. Pero como también hay que vivir e ir al cine, déjame decirte que a mi tampoco me gustó mucho la secuela de la peli de Danny Boyle. Creo que tiene dos errores garrafales: que desde el principio se establece la posibilidad de una cura para el virús y que Fresnadillo (que tengo entendido ha hecho buenas cosas en España) es demasiado devoto de las atmósferas de la primera película y no trata de darle su visión personal a la historia que le tocó filmar... Aún así, no sé por qué disfruto mucho las pelis de zombis. Pero, a diferencia de la primera parte, esta segunda se me olvidó muy rápido y eso que la vi hace no más de dos semanas... Un abrazo, Paxton, y gracias por darte el tiempo para leerme...

Arquetipo:

Se me acabaron las cicatrices por arte de magia. Es más, creo que nunca llegó el pedido que hice, porque últimamente ha crecido mucho la oferta y ya no se dan abasto para producirlas. Habría que demandar a alguien: no se corresponde la capacidad de recibir heridas del cuerpo humano con su facilidad para cicatrizar. Siempre hay más heridas que cicatrices, y no creo que las cosas cambien en mucho tiempo... Un abrazo, y muchas gracias por preguntar lo de las cicatrices...

Querido Beto:

Algún día haré un post sobre esa peli, que me gusta mucho, pero que también me desconcierta mucho. Creo que pocas veces –quizás Almodóvar en “Hable con ella” – se ha tocado en el cine la forma peculiar que los hombres –sean padres e hijos, amigos u amantes– tenemos de querer, al margen de estereotipos y clichés. Pensé en la foto a propósito de las cicatrices, porque separarte de alguien con quien estás tan unido, para crecer fuera del mundo que has construido con esa persona, es un proceso que deja cicatriz. El desapego genera heridas que deben cicatrizar… Gracias por la buena música, por tus visitas silenciosas y por siempre estar presente… Un fuerte abrazo… Por cierto, ya incluí el vínculo de Live Thru This!, aunque los comments tendré que hacértelos por correo

Querido Cinéfilo de Guardia:

Me da mucho leerte, ya sea en tu propio blog o en los comments que haces por aquí. Entre Primo Levi y, ahora, Roberto Bolaño, no deja de sorprenderme lo mucho que me he enriquecido al leerte. Espero leer tu comentario sobre “Grbavica”, que aquí llegó muy tarde para su exhibición y pasó muy rápido por la cartelera. “La vida secreta de las palabras” tuvo algo más de impacto; yo pensé que por ciertas afinidades, la película igual interesaría. Pero creo que el tono duro y sin concesiones de esta peli bosnia desalienta a los cinéfilos que van en busca de pasar un buen rato en el cine… Tengo muchas ganas de ver “Intacto”. Todo el mundo habla muy bien de esa peli. Veré si se puede conseguir por Amazon o la FNAC… “Los detectives salvajes”, cada página se ponen más salvajes. Ayer leí un fragmento hilarante, conmovedor y trágico a partes iguales: la resistencia de Auxilio en los baños de la Facultad de Filosofía y Letras, mientras la Universidad es tomada por el ejército. Sentada ella con un libro de poesía en la mano y defendiendo el último reducto de libertad… Un libro genial y telúrico, como lo prometiste… Un fuerte abrazo

Chico de azul:

Si, vi el comentario en tu blog sobre “El ministerio del dolor” y me interesó desde ya. Sin duda, la representación del dolor personal y del dolor colectivo tiene sus propias reglas, incluso por la forma en que las narraciones personales integran la gran narración de la Historia. En ambos casos, creo, hay un deber de fidelidad, de objetividad, pero también de enjuiciamiento crítico. Pues no se puede permitir que el dolor se exponga de manera cruda para comercializarse. Una compatriota tuya, María Teresa López de la Vieja, que da clases de ética en la Universidad de Salamanca, ha escrito un librito muy hermoso sobre los límites y las posibilidades de la representación del dolor humano: “Ética y literatura”… Allí habla sobre lo que tienen en común las narraciones políticamente responsables sobre Yugoslavia, Ruanda, la Guerra Civil Española, Auschwitz y los gulags: aceptar que el testimonio completo pertenece a los muertos, y que para hacerles justicia (para hacerles compañía) se debe mirar indirectamente, para no ocultar la ausencia del testimonio completo… Un abrazo, querido muchacho de azul, y tienes toda mi gratitud por volver siempre por este espacio…

Miguel Cane:

Leí el libro de Joan Didion en un fin de semana. No podía detener la lectura. Terminé exhausto, sintiendo una gran compasión por esta mujer que ha perdido y va a perder todo lo que le da sentido a su vida. Pero también por todos los que sabemos que nos vamos a morir, aunque la mayor parte del día lo olvidemos. Ya había visto tu hermoso comentario sobre el libro, y la forma en cómo lo relacionas con tus experiencias personales de pérdida; y aún así me atreví a escribir algo. Me gusta ver la forma en que un mismo texto (película, música, suceso) puede ser leído desde diferentes posiciones. Me gusta que, por alguna razón extraña, siempre acabamos bebiendo de las mismas fuentes… Gracias, Miguel, por seguir leyendo y por seguir compartiendo…

Mi politóloga favorita:

Habría qué pensar por qué siempre entre los 10 libros más vendidos en las librerías, en cualquier época del año, la mitad son de superación personal. Allí está, incluso, el que escribió nuestra flamante Secretaria de Educación Pública antes de integrarse al actual gabinete. Y lo peor es que se siente orgullosa de ese libro! Quizá sea que queremos recetas mágicas para sanar, para llegar del abismo a la cima sin el menor esfuerzo, para ser mujer u hombre y no morir en el intento. Creo que tiene que ver con todo el paternalismo que todavía define nuestra vida pública y privada. Allí donde el partido que nos gobernó setenta años no se ha ido. Allí donde nos resistimos a ser tratados como adultos. Hasta Volpi y Denise Dresser sientieron la necesidad de hacer un manual de autoayuda sobre lo que todo mexicano debe saber sobre su historia patria… “No se vale”, diría el personaje de alguna película de Ripstein… Gracias por leer y comentar, chica politóloga…

Óscar.

Me gusta esa idea de desear un año de pensamiento mágico y dejar que cada quien lo llene con los deseos que más anhele en el fondo de su alma. Deseos que, muchas veces, no se pueden hacer públicos porque la superstición nos hace creer que si se cuentan, no se cumplirán. Ese mundo encantado está poblado por magia, por buenos deseos que nos ayudan a caminar por las calles sin temer que nos atropellará un carro a la vuelta de la esquina. Pero ese mundo también está poblado por demonios, como decía el gran Carl Sagan. La magia, de alguna forma, nos ayuda a dar coherencia a experiencias aisladas. Pero la manipulación es algo diferente, el deseo de colonizar las visiones encantadas del mundo de las otras personas… Óscar, bienvenido a este espacio, en el que ya casi por un año se ha ejercido el pensamiento mágico, y espero que no el pensamiento manipulado, jejeje

Senses:

“El espíritu de la colmena” es una gran película, como todo lo que ha hecho ese genio que parece tener muy mala suerte y que se llama Víctor Erice. El rostros terso de Ana Torrente, pleno de cicatrices interiores, de cicatrices que resultan de poco a poco irse arrancando esa piel infantil para ingresar al mundo de los adultos. El rostro del estoicismo, de la inocencia que contempla por primera vez la capacidad de los seres humanos para dañarse mutuamente: ese es el rostro de Ana Torrent… ¿Sigue siendo el promedio de trabajo de Erice una película cada 10 años? “El sol del membrillo” es algo fuera de serie. Y luego supe del proyecto frustrado de “El embrujo de Shangai”. Erice debe estar lleno de cicatrices de guerra, pero no se por qué me lo imagino incólume, pensando en su buhardilla en el siguiente proyecto al tiempo que se lame las heridad… Un abrazo, querido amigo, y gracias por tu presencia permanente

Pablo:

Si alguien siempre tiene algo que decir, ese eres tú. Incluso el no decir mucho, ya es bastante elocuente. No por nada ahora has llenado tu blog de música. Alguna vez leí al inicio de un video de Sigur Rós que la música era la forma de expresar lo que no se puede decir con palabras, pero necesita hacerse resonar en el mundo de alguna manera… Un abrazo, Pablo y brindo por los encuentros afortunados.

Silencio:

Vivir con la conciencia de la muerte es la marca de la casa. Es el código de barras que no nos podemos borrar de la piel y que nos permite reconocer a otros como humanos y que ellos nos reconozcan. Pero siempre se puede jugar con esta idea. Leí tu comentario y me acordé de esa secuencia de la peli holandesa “Memorias de Antonia”, en donde la voz de la narradora dice que siempre después de la época de esplendor llega el aliento del diablo, una ola de muerte que acaba dominándolo todo. Accidentes, peleas, lecturas de Nietzsche a deshoras, enfermedades, rencores, partos mal atendidos: el pueblo de Antonia acaba vaciado de vida y lleno de muerte. Incluso, los niños son tentados por la muerte, porque nos imaginamos que después de cruzar la frontera de la muerte, uno se podría reencontrar con quienes nos tomaron la delantera… Y luego de los ciclos de muerte, vienen de nuevo los ciclos de vida, y luego más muerte, hasta que la vida sea interrumpida y su semilla se apague en el frío y negro universo… Es un placer leerte, y saber que de alguna manera lo que escribo te dice algo. Por aquí también rondan las libélulas de alas rojas…

ish said...

es bueno culpabilizar -cuando eres conciuente de q no es del todo cierto y cuando las implicaciones a nadie afectan---cierto hechemosle la culpa a arturo--

Mario said...

Ish:

Los chicos de James escribieron hace algunos años (no muchos) una canción, "Born of frustration", que decía:

"Stop, stop talking about who's to blame
When all that counts is how to change.
Stop, stop talking about who's to blame
When all that counts is how to change"

Pero, si, sólo porque en este momento no puede defenderse, echémosle la culpa al buen Arkturo. Aunque en el fondo sea inocente, jejeje

Mariluz Barrera González said...

Creo que había que diferenciar entre el pensamiento mágico y la certeza, creo que muchas de nuestras conductas y de nuestras circunstancias se mueven a través de las certezas, el hombre también debe moverse con certezas, no podría estar todo el tiempo pensando que las cosas no sucederán, por que entonces viviría instalado en la incertidumbre todo el tiempo.

En cambio ante una certeza es diferente cuando llega una circunstancia inesperada, ante la cual te tienes que enfrentar, por que en la vida siempre es así.

Me hiciste pensar mucho en el día que murió mi padre, recuerdo la última vez que lo ví en el desayuno, me despedí de él con la certeza de que a la hora de la comida volvería a verlo pero no fué así...

El dolor no ha desaparecido (puedes leerlo en EXPEDIENTE), pero puedo sobrellevarlo con la certeza de que me amaba, de que llevo conmigo todo lo que el era a través de sus enseñanzas, de su esencia que está en todas y cada una de sus cosas que me enseñó. Lo extraño, tal vez el pensamiento mágico que me invade es volver a verlo, honestamente lo deseo.

Un beso Mario.

Mario said...

Querida Mariluz:

Tienes mucha razón en distinguir la certeza del pensamiento mágico. Pero incluso creo que una de las vías para construir la certeza es el pensamiento mágico. Uno de los fragmentos más bonitos del libro de Joan Didion es cuando ella descubre que, a partir del momento de la pérdida de su esposo y la inminente muerte de su hija, la vida para ella se constituirá de vértices a través de los cuales se puede apropiar de su pasado de manera narrativa. Vivirlo de nuevo, pero con la certeza de que se ha ido; y sintiendo gratitud por la fortuna de haber conocido a un hombre como su esposo y habérsele dado la oportunidad de adoptar a una chica como Quintana. Escribir un artículo sin el esposo para ser el primer lector, sumerge a Joan en un vértice que la transporta de nuevo al tiempo pasado, donde él la corregía, la criticaba, le hacía sugerencias. El reto es escribir de nuevo, con el vértice en la cabeza y con la certeza de que ese tiempo se ha ido, pero que le ha dejado un caudal de enseñanzas... Cuando reviso "Expediente" pienso en esa frase de Karen Blixen: "Todo el dolor del mundo se vuelve soportable si se le coloca en una historia o se integra una narración a partir de él"... Un abrazo