Friday, July 06, 2007

El último patriota americano


Ser patriota, y más específicamente un patriota americano, no es una etiqueta que uno se coloca para atraer las simpatías de otros ciudadanos de a pie. Más aún, llamarse un patriota americano, y no uno específicamente estadounidense, de inmediato trae a la mente una tendencia colonialista que parte de la premisa de que el continente entero es patrimonio de un solo país.

Un auténtico patriota americano gustaba considerarse en el siglo XVIII el presidente James Monroe, y por eso sentenció que América era para los americanos, lo que en las relaciones internacionales prácticas se ha traducido como que América es para los habitantes de los Estados Unidos de Norteamérica. Patriotas americanos también se consideran a sí mismos los integrantes del Ku Kux Klan, quienes defienden a sangre y fuego la pureza de su idea de nación y que tan molestos se sienten por aquellos rasgos de multiculturalidad que amenazan con fracturar la invulnerabilidad del país frente al mundo. Un caso paradójico de patriotismo es el de Alveda King, la sobrina del gran Marthin Luther King Jr., quien siempre ha declarado que la idea de nación que los afroamericanos habían luchado por ampliar hasta volverla más incluyente, no podía tolerar la equiparación de la lucha por las libertades de decisión sobre el propio cuerpo y la sexualidad, con la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos. Para todas estas personas, América es un territorio vasto y con un pasado rico en ejemplos de valor y coraje cívico, que naturalmente hace sentirse orgullosos a sus herederos. Pero también es cierto que América es motivo de tal inspiración patriótica para ciertos individuos, que ellos no consideran que esta idea de nación deba mancillarse con los desafíos que la modernidad trae consigo en materia de libertad de expresión, de derecho a decidir sobre el propio cuerpo y de la posibilidad de someter a crítica aquellas tradiciones que el conjunto de los ciudadanos consideran sagradas e intocables. Probablemente, en el fondo de sus corazones, estos patriotas saben que América es una entidad más imaginaria que real, pero también están dispuestos a defender que es esta idea lo que les ha permitido sobrevivir en el tiempo.

Si uno se puede dejar arrancar la piel para defender la idea del ser amado que se ha forjado, también es posible dejar las cuerdas vocales en la lona, desgarradas al tratar de cantar la grandeza de un país que, cada vez más, se parece a los decorados irreales de los parques temáticos de diversiones. Y aún así, cantando que el desierto real es más hermoso que el desierto metafórico en que los estadounidenses han convertido a su país, Sufjan Stevens se sigue considerando a sí mismo un patriota americano. Evocando con su voz dulce y tersa la confusión de los chicos que se enlistan en el ejército, no para defender su patria del enemigo extranjero, sino para huir de los hogares opresivos que no han sabido administrar padres que indudablemente los quieren, este niño de 32 años de edad y con un nombre extrañísimo –Sufjan–, sigue los mandatos de su religión cristiana, particularmente el deber de volver al mundo un lugar solidario en el que la gente se pueda sostener una a la otra en tiempos de crisis.


Sufjan es un patriota americano, un cristiano, un defensor del espíritu de la navidad, de los hogares con chimenea que arden mientras todos se reúnen a su alrededor, de los padres que son capaces de llorar frente a sus hijos y reconocer sus debilidades, y sin embargo, él no predica con ánimo de ganar adeptos a la causa. Su patriotismo es discreto, íntimo, cantado para animarse porque sabe muy bien que su idea de la América idílica, próspera e incluyente es permanentemente desmentida por el comportamiento de los americanos reales. Pero Sufjan no conoce el cinismo, o al menos trata de mantenerlo en su lugar, guardado para cuando los signos del naufragio venidero sean irrefutables. Sufjan es un tipo sincero, que canta su idea de América al mundo entero y no teme pasar por ingenuo. Al contrario, Sufjan cree que tendría que colocarse una careta falsa para negar la nostalgia que le provocan todas las cosas típicamente americanas que asocia con su hogar, con su estancia en la New School for Social Research en un programa de creación musical, con los amigos con quienes empezó a compone música cuando era adolescente y con la gente de su pequeña comunidad cristiana en Brooklyn.


En el año 2003, Sufjan comenzó su “Proyecto de los 50 estados”, con el que pretendía componer un disco conceptual a cada uno de las entidades de la Unión Americana como muestra de lealtad al espacio geográfico que el azar convirtió en su patria –en el hogar de todo y todos los que ama– ; un hogar que le provoca ternura, hilaridad y horror a partes iguales. Sufjan es muy joven. Él fue uno de esos chicos prodigio que desde temprana edad podía tocar varios de los instrumentos de una orquesta (el banjo, el piano, el corno inglés, la guitarra, el oboe). Y sin embargo, si le tomara un año cada nuevo álbum, podemos calcular que acabaría a los 80. Y quizá para entonces ya no exista país que defender. Pero los buenos patriotas saben que el objetivo de la expedición no es tanto el destino de llegada como el viaje en sí mismo. Odiseo lo sabía muy bien, y Sufjan también al iniciar este viaje por 50 regiones misteriosas que al final él espera lo conducirán a la anhelada Itaca, donde se servirán los mejores helados de vainilla el 4 de julio y donde será posible contemplar los fuegos artificiales en compañía de los amigos y familiares, de los vivos y los muertos.

La primera estación del proyecto patriótico de Sufjan fue Michigan, un disco que incluía odas la belleza extraña y no siempre evidente de ciudades como Flint y Detroit. De cierta manera, el Michigan de Sufjan es la contraparte del de las películas de Roger Moore: una tierra efectivamente devastada, pero donde la gente ha tenido que ensayar nuevas formas de solidaridad para lidiar con el infortunio, nuevas formas de pasar las tardes muertas sin caer en la locura ni perderse en la melancolía que resulta de evocar a los muertos y a quienes abandonaron el hogar para buscar una vida mejor. Y es que, en las canciones de Sufjan, la buena gente de Michigan no se resigna a ser el referente estadístico de lo que ocurre cuando la voracidad económica se hace con el control del país. Hay cierta grandeza en esos rostros hieráticos que aparecen en los versos que Sufjan compuso sobre Michigan, porque conocen de cerca el esplendor de la riqueza y el vértigo súbito de caer al vacío de la miseria. Y, sin embargo, la gente permanece allí, esperando que la epidemia de melancolía pase y puedan ellos reorganizar el paisaje de lo que alguna vez fueron hogares felices y completos. Los chicos y los no tan jóvenes de Michigan, a quienes Sufjan acompaña con su banjo en sus lamentos, siguen teniendo sueños de grandeza, aunque no sepan muy bien la ruta menos accidentada para hacerlos realidad.

Hasta ahora, la segunda y última estación del “Proyecto de los 50 estados” es (Come on feel the) Illinois, una amalgama de la imagineria popular que hace de Superman y los platillos voladores los referentes de la modernidad; la misma imagineria que convierte a la mafia y a los rascacielos a los que pueden añadírseles pisos hasta el infinito, en las muestras fehacientes de la iniciativa del americano promedio. Illinois, desde la óptica de Sufjan, es el espacio donde se construyen parques temáticos dedicados a la cultura de los indios y a los que, paradójicamente, los nativos de carne y hueso no pueden permitirse pagar la entrada. Allí todo está un poco enfermo y es muy ruidoso (“illy”-“noisy”). En este disco de Sufjan hay lugar para la épica de los obreros de la región del Rock River Valley; también hay espacio para la ironía sonriente hacia las costumbres puritanas que hacen que la gente enamorada tenga que resignarse a aburrirse eternamente bajo el yugo del matrimonio. Y eso que el propio Sufjan está felizmente casado.

Hasta el momento, Oregon, Rhode Islan, Minessota y California son los candidatos a las siguientes épicas del último patriota americano. Incluso, en alguna presentación reciente Sufjan ha presentado una canción dedicada al urbanista Robert Moses, quien le dio su rostro definitivo a la ciudad Nueva York. Particularmente, creo que el espíritu patriótico de Sufjan encontraría en Nueva York un espacio privilegiado. Allí la gente guarda una relación ambivalente, de amor y de odio con el hecho de ser estadounidenses. Incluso, muchos claman por una república independiente dentro de los Estados Unidos. El apoyo arrollador de Nueva York a los demócratas en la última elección presidencial fue muy evidente; y el resultado que inclinó la balanza a favor de los republicanos, dejó a muchos neyorquinos profundamente deprimidos. Quizá teniendo a Nueva York como inspiración, el patriotismo crítico, lúdico y tierno –nunca cínico– de Sufjan logre un nuevo color; quizá allí su voz suave, tersa e imperturbable, pueda contagiarse un poco de la locura que significa vivir en la ciudad más endemoniadamente cosmopolita del mundo.

Aunque, pensándolo bien, Rhode Island no es mala opción. Allí, en el territorio más pequeño de la Unión Americana, Sufjan Stevens podría encontrar nuevos sueños minúsculos para componer épicas orquestales sobre la resistencia del espíritu humano, no sólo del estadounidense.

14 comments:

ish said...

Hola Mario, pensé por un instante que el post abordaría las consecuencias de la inclinación patriotica, es bueno q haya sido mas amable…
Lo confieso, conozco a Sufjan Stevens desde hace relativamente poco tiempo , fue con “Chicago”—dios q cosa tan mas hermosa-

I fell in love again
all things go, all things go
drove to Chicago
all things know, all things know
we sold our clothes to the state…

Y desde entonces no he podido
dejar de tararearla al menos una vez por semana mientras salgo a caminar .
Y aun q este “felizmente casado” y casi todos apuesten por su lado hetero… las alitas son simpáticamente gay’SSS_
Qcosa tan mona! Hasta pronto Mario saludos!

el chico de la chaqueta azul said...

Qué inteligente manera de derivar el tema de tu post hacia la música de S. Stevens al que aunque ya conocía miraré con otros ojos después de leer tu entrada...

Senses & Nonsenses said...

aunque había leído algo de él en algún otro blog, no conocía nada de este hombre.
si me permites la osadía yo siempre he pensado que un patriota es un idiota. simepre me ha gustado más la idea que va de lo individual a lo universal ...que a la colectividad.
pienso que tengo más que ver con un mexicano que con un portugués, y lo mismo me une y separa de un irlandés que con alguien de illinois.

un abrazo.

Silencio said...

No se, lo del patriotismo no se me da, siempre he pensado que no se requiere mucho tiempo ni muchas palabras para que te guste-aceptes-te.resignes.a-etc a tu país, algunos solo queremos irnos, para luego querer regresar, alguna vez, específicamente cuando lo del 2 de julio del año pasado, estaba en algún primermundistaycosmopolita lugar al norte norte y frente a una de las avenidas principales había una manifestación con banderas mexicanas y toda la cosa, claro que me invitaron a unirme pero no me interesó, es cierto que podriamos cambiar al mundo, pero más cierto que no es inmediato, así que seguí mi camino, nunca me he puesto a pensar sin debo morir por el apís, es algo que aun no decido, y no creo hacerlo en un buen tiempo. No se me gusta el país... y creo no poder decir nada más. En cuanto a este muchachito bueno me gustó el video de los animalitos, pero su música, bueno no me volvió loco.

Saludos

Cinzcéu said...

No sé quién sea Stevens pero alguien dijo y no sé quién (bueno, muchos, me refiero al primero) que la única patria es la infancia: de allí al "ser patriota" hay un camino largo. Comprendo a quien ama su verdadera patria, su pequeño país (o paese, de los que derivan "paisano"), su llamada patria chica, pueblo entrañable y casi íntimo de unos cuantos parientes y vecinos. Desconfío de quien ama una "patria" de medio continente, 50 Estados y 300 millones de (digo yo) falsos paisanos, que incluye decenas de etnias en territorios comprados o asaltados. Yo, porteño de Buenos Aires, tengo una patria bien pequeña de unos cuantos lugares frecuentados desde siempre. Me son ajenos esos sitios y gentes y símbolos que la escuela (y no sólo) impone que son parte de la patria y que, de modo más humilde pero análogo, también fueron asolados y sumados al mito nacional. Según el artículo, Stevens ha de ser un patriota sincero y romántico, lo cual no amerita crítica de mi parte. Pero ser patriota siempre alienta mi recelo y serlo en el monstruo imperialista que en nombre de "la patria" invade y arrasa todas las patrias, es correr un importante riesgo y cargar con una responsabilidad.
Saludos.

Arkturo said...

Eh de recalcar la tan exhausta labor de Sufjan al quererse montar 50 Discos que hablen del EUA según sus ojos, su mirada y sus sentidos, ya que se me es dificil, conllevar una idea en la mente, sobre un mundo ideal dentro de los espacios tan urbanos de la unión americana, creo que como en algún momento lo leí, el patriotísmo simplemente es una indulgencia que quiere responder hacia un estado que fisicamente no existe, osea que ejerce una función muy fantasma dentro de un estado, ya que, el estado quizá sea el único método en donde el humano se pueda establecer como tal para poder desarrollarse, es dificil tratar de imaginarnos un mundo individualizado en culturas individualistas, por un lado el patriotismo, apoya a la competividad entre los pueblos, para que puedan dar lo mejor de sí, para que puedan expresar sus tan anheladas ideas acerca de mundos idealístas, en donde niños crezcan como heterosexuales, blancos, casados, y con un empleo que como dijera cesarea, te servirá para alimentarte y así poder "vivir".

Yo desde hace casi ocho meses alavo a sufjan por tres cosas, la primera es por la muestra tan más conservadora de raices que tiene, por sus extraordinarias letras, que nos hacen hacer un viaje fructífero con jesús, con los parques nacionales, escuelas, edificios, aceras y demás lugares de de su tan querida america, y por su tan sincero y hermoso pose humano que en realidad no lo veo como patriótico, si no como humano.

espero y no nos defraude con su siguiente disco, que para mí el mejorcito hasta ahora ha sido Illioise.

-Further-

Óscar said...

Esto de los patriotismos me pone mal, incluyéndonos. ¿No es América como México o cualquier otra "nación" una entidad más imaginaria que real? Y por supuesto, si hay algo que no soporto son los comerciales del ejército, marines, etc. estadounidenses, con su exaltación de valores me dan ganas de darle unas cuantas patadas a la televisión.

Vaya, no tengo ningún problema con patriotismos como el de Stevens, que nada lejos está del de López Velarde.

Ojalá Sufjan logré terminar su misión, quizá al final nos ayude a comprender a las tierras y a las gentes, sin divisiones artificiales. Un abrazo.

Fanmakimaki ファンマキマキ said...

Hace un tiempo en el que deje de creer en la patria, en las banderas y en las fronteras. ME gusta viajar y conocer otras culturas. Estoy orgulloso de cosas de mi pasi y de otras me averguenzo. Me gustan cosas de otros paises y culturas y detesto otras.

Eso es lo que me fascina. la mezcla.

Por eso no puedo entender la sensación de patria, la defensa porque si del lugar donse has nacido sabeindo qu eno lo has elegido y que ha sido aleatorio. España sufre de patrias (EL pais vasco mata a mucha gente inocente en nombre de una cultura y una frontera)

Mezclemonos y dejempos las fronteras.

Guillermo said...

Hola, interesante el último post. Me gustó mucho el tema y la vida de Sufjan Stevens. Me encantaron los videos. Un saludo.

tnf25 said...

De un tiempo a la fecha me da por pensar que el patriotismo es como la religión, solo sirve para joder al próximo…así que no soy muy “patriota” que digamos.

Y por el recorrido conceptual y musical…la sola idea me parece genial!!....y digo aquí va el finísimo comentario e que aquí en México ese recorrido ya lo hicieron los Tigres del Norte con sus “Florecitas de mi país”.

Es un lujo leerte!

Senses & Nonsenses said...

El País Vasco no mata a nadie, ni a inocentes, ni culpables. es un territorio geográfico. la metonimia es la sustitución de la parte por el todo. no sé si se puede llamar así en este caso, o aún es más coomplejo...
...pero, El PAís Vasco mata inocentes..., así leído suena tan terrible que no he podido permanecer callado por más tiempo.

precisamente es ese mal entendido sentimiento de "patria" el que hace que algunos vascos y franceses quieran imponer sus ideas nacionalistas con terrorismo.

Y sí, España sufre de patrias, de ese patriotismo centralista que durante 40 años eliminó a las españas periféricas, que hizo de los toros y las sevillanas el foloklore popular español, que se inventó el espíritu NACIONAL, y que ahora en pleno sigloXXI quiere volver a imponer el himno en las escuelas (y ésta vez con letra).
Sí, las españas sufren ese mal que se llama patriotismo, unos por defecto otros por exceso.

no he podido evitarlo, Mario, entré para ver si habías respondido y me he desahogado un poquito.
y nada personal con fanmakimaki, es muy difícil rectificar ideas que han ido introduciendo los mass-media en el inconsciente colectivo. pero un grupo de terroristas no representa a un pueblo, y menos a un país, una cultura o una religión.
Es algo que ocurre constantemente: la mismo que querer equipara islamismo con integrismo. este tipo de ideas hacen mucho daño.

disculpad el rollo...

el juntacadáveres said...

de dónde es que sabes tanto de música... cuando voy engolosinandome con algo nuevo que he encontrado en tu blog, me haces volverme loco buscando más... jajaja...


saludos...

Tono said...

Tengo que reconocer que no tenia idea de Sufjan Stevens, me parece interesante la forma en que relacionaste el tema de patriotismo americano con su música. Y tengo que decirte que a partir del título de este tema, me inspiraste a escribir sobre el "orgullo de ser mexicano". Saludos y gracias por el comentario, también me late lo que escribes.

Mario said...

LES OFREZCO UNA DISCULPA, DE NUEVo, POR NO HABER TENIDO TIEMPO ANTES PARA RESPONDER SUS COMENTARIOS...

Ish_

Esa canción es muy bonita, optimista, llena de color (como las alitas de Sufjan). Vamos, que hasta parece que cantada y caminando por las calles de cualquier ciudad de Estados Unidos, éste es un mejor país de lo que realmente es. Me pareció muy atinado que sus directores la usaran un fragmento en “Little Miss Sunshine”, que va muy bien con el espíritu entre alegre y melancólico de toda la música de Sufjan. Como dice la chica de la peli, a veces uno se cansa de que la vida parezca un concurso de belleza constante… Un abrazo…

Chico de azul:

Dale una segunda oportunidad a Sufjan. A mi su mejor disco me sigue pareciendo “Illinois”, y el más extraño “Enjoy your rabbit”, con canciones dedicadas a cada uno de los animales que integran el calendario chino… “Michigan” es el disco más melancólico de Sufjan. Y, por favor, revisa el disco de canciones navideñas… Yo asocio Estados Unidos con gente que es atípicamente americana, como Sufjan Stevens, Moby, Hannah Arendt, Marthin Luther King Jr., Gore Vidal, Richard Rorty. Todos, a su manera, mantienen una relación de amor-odio con Estados Unidos…


Senses:

Tienes que escuchar a Sufjan. De las cosas que se producen últimamente en la música folk, me parece de lo más destacado. Particularmente, creo que una canción que te podría gustar mucho es “Casimir Pulaski Day” del “Illinois”… Sobre lo que dices del patriotismo, estoy parcialmente de acuerdo. Si piensas que tu cultura es lo mejor que hay en el mundo, y que eso te da derecho a estereotipar a las personas de otras regiones, entonces tu actitud es idiota, en el sentido original del término, es decir, infantil. Y sabemos que los niños se enojan mucho cuando no ven cumplidos sus deseos más primarios. Allí radica la irresponsabilidad del patriotismo tribal, ese que hace radicar la unidad de los seres humanos en cocas tan contingentes como la raza, el credo, la religión o la preferencia sexual… Sin embargo, creo que debemos encontrar una forma de describir ese vínculo que es deseable que exista en las sociedades, para que ellas se hagan cargo colectivamente de sus asuntos, y sientan que la injusticia que se comete contra uno de sus integrantes lacera el tejido social en su conjunto. Quizá solidaridad sea una buena palabra para nombrar ese vínculo. Sobre todo, pienso en cómo Hannah Arendt describía ese sentimiento estrictamente político: como la posibilidad de sentirse vinculadas, a pesar de sus diferencias, las personas para actuar de manera conjunta y constituir el poder político que permite las transformaciones que conducen a una sociedad más justa. También estoy totalmente de acuerdo contigo cuando dices que uno tendría que extender esa solidaridad y pensarse más como ciudadano del mundo que de culturas locales que, por definición, te dan un punto de vista parcial (en nuestro caso, tu en España y yo en México, creo que tenemos más en común que mucha gente que vive en el mismo edificio)… Todas estas ideas me interesan mucho, y lo que originalmente era un post sobre Sufjan y su música, derivo en esta reflexión que no acabo de cuadrar… Me gusta mucho lo que Habermas dice del patriotismo de la Constitución (la idea de que es posible sentir la misma lealtad por los orígenes nacionales que por la Constitución que una sociedad reconoce como justa); también me parece muy estimulante la idea de Martha Nussbaum de una ciudadanía cosmopolita (pensar que los límites de la comunidad a la que debemos lealtad son los de la humanidad en su conjunto). Sin embargo, el recrudecimiento de los nacionalismos tribales nos obliga a repensar estas ideas que suenan muy bien desde un punto de vista teórico, pero que no siempre funcionan en la práctica… Un gran abrazo, querido Senses

Silencio:

Es cierto: a mi tampoco se me da eso del patriotismo, de hecho más bien todo lo contrario. Como ese grupo de danza cuyo lema era “no me gusta el fútbol ni las canciones de Pedro Infante”, jejeje. Pero como dices, nunca sabes en que momento te da esa nostalgia por el hogar, por esa comunidad que no existe y que mucha gente imagina como idílica (este era un diálogo de la peli “Garden State”. Hace mucho tiempo vi una peli iraní de Abbas Kiarostami, contemplativa y pausada a más no poder, sobre un poeta reconocido en Europa que regresa a su Teherán para suicidarse. El éxito, la vida en el primer mundo, la seguridad, no son sino recordatorios de que en su lugar de origen las cosas no andan tan bien. Al final, es “el sabor de la cereza” (así se llama la peli) que recoge en un montecito deshabitado lo que le devuelve las ganas de vivir; es el sabor de la cerza y todas las cosas que evoca… ¿En qué monte pelón y deforestado encontraré el sabor de la cereza que me haga reconciliarme con un país que me gusta y no me gusta, que me seduce y me repele a partes iguales?... Un abrazo, Sr. Silencio

Cinzcéu:

Tienes mucha razón cuando dices que el contexto en el que uno se afirme como patriota determina, en buena medida, el sentido del término. Mis paisanos son los amigos de mis papás, a quienes llamaba “tíos”, aunque de hecho no tuviéramos ningún parentesco; también los amigos que fui adquiriendo en la escuela y en los distintos lugares de la Ciudad de México en donde he vivido a lo largo de 28 años. En fin que me gusta pensar que mi pequeña república independiente es democrática y solidaria, aunque se componga de una población minúscula. Por supuesto, no me siento paisano ni quiero serlo de a quienes les duele que el himno nacional sea objeto de ironías y no se ofenden por la pobreza nacional; tampoco de quienes defienden la virtud casi santa de los héroes de la independencia y se niegan a reconocer en ellos a seres humanos con intereses y ambiciones concretas; mucho menos de quienes piensan que México es una nación completamente mestiza, en donde las muchas identidades originales se han fundido en una sola…. Un abrazo, Cinzcéu

Akrturo:

Yo sé que a ti Sufjan te gusta mucho, y a mi también. Me conmueve el optimismo de este chico, y su visión tierna sobre la tierra de la gran promesa… Eso es lo que también quería resaltar: que la imagen que saldrá al cabo de esos 50 discos (si se completan) será un Estados Unidos muy diferente del real, filtrada por la nostalgia y la rabia, coloreada con ritmos que son el producto del crisol multicultural que es ese país. Aunque es una música típicamente americana, las fuentes son diversas y contradicen la idea de homogeneidad cultural… Como dices, el patriota Sufjan persigue un fantasma a través de 50 territorios diferentes; quizá no lo alcance, quizá lo haga y cuando lo tenga entre sus manos se de cuenta que era un fantasma hecho de humo y de falsas expectativas. Pero siempre en estas empresas imposibles, lo que importa es el camino y no el objetivo de llegada… En última instancia, como bien señalas, esta idealización del mundo en que se ha crecido, y el deseo de compartirlo, son cosas más humanas que patrióticas… De nuevo, un abrazo

Óscar:

Exacto: hay una vena romántica del patriotismo, que une a personajes tan disímbolos como Sufjan y López Velarde. “La suave patría” es un equivalente perfecto de lo que creo Sufjan quería decir, toda proporción guardado, con su épica americana musical. También están presentes las alusiones a los paisajes, y cómo esos paisajes están moldeados por las expectativas humanas. El paisaje no es lo que existe, sino lo que queremos ver con ojos parcialmente cerrados, o parcialmente abiertos… Yo también pienso que nuestros hogares, las distintas patrias que tenemos en la cabeza, son más imaginarios que reales. El problema es que, aunque lo intuimos, no lo hacemos explícito. Si una entidad simbólica constriñe a ciertas personas que no se ajustan a un cierto modelo de éxito social, ¿por qué ampliar esa imagen hasta que entren en ella y sean reconocidos todos los que habían sido ignorados en el pasado? Por eso me gusta la obra de Salman Rushdie: juega con la forma en que nosotros construimos nuestra identidad con retazos de muchas identidades y que, a fin de cuentas no hay nada puro en nosotros. Somos una mezcla de muchas cosas, y el único rasgo humano común, al menos en términos morales, es el deseo de ser lo suficientemente libres para componer nuestra imagen con autonomía y sin interferencia de los demás… Un abrazo, Óscar

MakiMaki:

Lo mismo me pasa: me gustan muchas cosas de mi tierra y otras no tanto. Me gusta la solidaridad casi espontánea de la gente en momentos de crisis (como al momento de reconstruir la capital que quedó devastada por un terremoto en 1985), y me disgusta que casi siempre estos movimientos terminan institucionalizados de la peor manera. Me gusta ese sentimiento muy místico de muchas comunidades urbanas y rurales, y me molesta mucho la doble moral que nos domina en muchas materias, y sigue obstaculizando el reconocimiento de lo diversos que somos. Pero como tú dices, en la mezcla de esas cosas de distinto signo, alguna dinámica de reconocimiento tendría que surgir. Alguna forma de modificar nuestras creencias más arraigadas en torno a la patria y a lo que creemos que nos define como comunidad… Me sumo a tu idea de mezclarse y dejar en un segundo plano las fronteras, pero no creo que todos puedan renunciar a su idea romántica de nación con la misma facilidad…

Guillermo:

Sufjan no hace muchos videos, pero si hay bastantes en la red sobre sus actuaciones en vivo. Su banda me parece como una gran familia de cirqueros superdotados de viaje en una camioneta como la de “Little Miss Sunshine”… Si encuentro alguna otra cosa interesante, la subo. Particularmente, el video de navidad me parece muy tierno. Un abrazo, señor…

TNF25:

Exacto: los Tigres del Norte son más vanguardistas de lo que ellos mismos creen en muchas cosas. Los narcocorridos (que todos quisieron patear debajo de la alfombra como vergüenza nacional al negar la existencia del rancho grande donde patrones y jornaleros cantan a la par) describen una realidad que ni cerrando los ojos desaparecería. De alguna forma, nos reconocemos en esa música, y sentimos que nos habla de una manera que a los extranjeros no les afecta. De cierta forma, hay un vínculo especial por haber crecido en el mismo contexto. Hay algo que no se perdió en la traducción al contexto de otras culturas… Un gran abrazo, señor Fidalgo

Junta:

Por adelantado, le mando un abrazo, luego una sugerencia… Eso de saber mucho de música, pues simplemente uno que es muy ocioso y solitario, y gusta de pasar más tiempo con los audífonos puestos a la caza de músicas nuevas, que con los oidos en el mundo real... Una recomendación: hace tiempo, por lo menos dos discos de Sufjan estaban en línea, subidos por El Golfo, un locutor de Reactor 105. Yo me los bajé de allí, porque son inconseguibles en México:

http://elgolfo.blogspot.com/search?q=sufjan

Tono:

Gracias por venir aquí y comentar. Últimamente he andado un poco escaso de tiempo, pero comentaré con calma tu texto sobre los sentimientos de ser mexicano. Un abrazo, Tono