Monday, August 13, 2007

La alegría y el mármol negro

No existen reglas en materia de la música que uno necesita para los malos momentos. A veces, una canción boba puede funcionar muy bien si se trata de repetir una tonadita que, de manera mecánica, nos coloque en un estado de sopor en el que nada, más que los dos segundos de preocupaciones que tenemos por delante, importe. “En días de tristeza, una pobre belleza es perfección”. En otras ocasiones, hay que ir hasta el fondo, tomar aire y sumergirse en la música de quienes cultivaron su capacidad lírica, pero no su talento para lidiar con el mundo y establecer relaciones amorosas exitosas. “I don’t want to play football, I don´t understand the rules of the game”. En ambos casos, la tristeza se queda allí, suspendida, esperando a que la canción termine, para poder establecer algún parámetro de comparación entre las miserias propias y las ajenas. Y así se puede uno pasar los días, ensayando una versión musical de uno mismo de la que sea posible conmiserarse.

La música, como toda droga de largo efecto, crea adicción y una forma de relación con el mundo que se mide por el sopor, en la que la piel está tan anestesiada que ya no se sienten los filos que nos lastiman mientras caminamos por un pasillo largo en dirección de quién sabe donde. Sin embargo, excepcionalmente, la alegría puede surgir de la miseria, de repasar una y otra vez los himnos suicidas de los poetas que se fueron de este mundo con la certeza de que ninguna otra opción era mejor que ésta.

Ayer, leía un fragmento del ensayo que Jon Savage escribió para acompañar la antología con la música de Joy Division, titulada Permanent y editada en 1995. Savage se proponía lo que muchos han intentado hacer: describir el efecto conjunto que provocan la música de Joy Division, la presencia fantasmagórica de Ian Curtis y la respuesta de un público que tenía en la cara una mezcla aterradora de lujuria por la vida y de ganas de pegarse un tiro en la cabeza allí mismo. Y Savage escribió algo más o menos así, que traduzco de manera libre:

“Para quienes tuvieron la oportunidad de verlos en directo, Joy Division es una marca indeleble […] Su música parecía ‘fragmentos terribles sacados a martillazos de una veta de mármol negro’. Ian Curtis era sus ojos y oídos, su líder. Pero, en concierto, mientras el público lo contemplaba, él se desconectaba en un estado visionario, automático, que evoca las peores pesadillas de H. P. Lovecraft, Thomas De Quincey o William Burroughs y J. G. Ballard, los autores favoritos de Ian Curtis […] Ian Curtis, y el grupo que murió con él, habían alcanzado la inmortalidad. El impacto ha sido atenuado por el tiempo, pero se trató de un impacto a fin de cuentas: existen personas reales que vivieron, trabajaron y se acostaron con la leyenda. Por una parte, Joy Division se ha vuelto una historia finita, con un principio, un clímax y un final, aunque provisional. No obstante, su legado en grabaciones permanece numinoso, es fuente de inspiración e inconcluso: muchos han tratado de tomar una parte de su corazón de las tinieblas –Trent Reznor con su ‘Dead souls’, Moby con su “New dawn fades”–, pero sólo James O’Barr, autor de El cuervo, ha estado muy cerca de ajustarse a esa ‘indescriptible belleza originada en las más absolutas atrocidades’”.

La frase de Savage que relaciona la belleza y la atrocidad, el amor y el horror, la angustia más insoportable y el estado de serenidad más envidiable, se me quedó dando vueltas en la cabeza. Porque eso es lo que sentía al oír una vez más, y por primera vez con el acelerador hasta el fondo, a Joy Division. “Love wil tear us appart”, “Transmisión”, “She’s lost control”, “Day of the lords”, “Issolation”, “New Dawn Fades” y “Atmosphere”, se sucedieron en el reproductor de discos compactos, una tras otra, como dagas extraídas de un obelisco de mármol negro y puro. Obtuve mi cuota de horror, pero por primera vez la conmiseración brillaba por su ausencia. Así entendí que la belleza que anida en el horror que contempló el atormentado corazón de Ian Curtis y que plasmó en forma de música, generalmente tiene que permanecer en la oscuridad, para en contadas ocasiones salir a la superficie y regalarnos una cuota de alegría para días oscuros como el mármol negro…

16 comments:

jotch said...

probablemente de ahí mi adicción a los fragmentos...

es usted un muchacho muy sabio.

jotch (heart) claire fisher.

jotch (heart) mario.

[...]

Ben said...

Hubo una época en donde la música de Joy Division fue el soundtrack de mi vida, las que podía escuchar una y otra vez eran dead souls y love will tear us apart. Nunca he podido escuchar Atmosphere completa.
Después de esa "época" de Joy Division, vino la época de Smashing pumpkins. Jejeje, soy bastante predecible, lo sé.

Un abrazo hasta chilangolandia

Dulcinea del Abismo said...

Humm... ¡genial droga es la música! Logra transmitir sentires, aromas, palabras y sonidos que transportan... mucho más si se escucha la garganta rasposa de Ian Curtis... aunque debo confesar que me fascina la versión que NIN hizo de "Dead souls", ya que logra fusionar la melancolía de Joy Division con la rabia eléctrica de Trent Reznor.

Me quedo ahora mismo en el viaje con otra presencia fantasmagórica -mi favorita de estos tiempos-: Kurt Cobain en su Unplugged, aunque para encender las noches va mucho mejor el álbum "Bleach".


Me cambié de residencia virtual, pero te dejo la invitación... Antes solía ser Akasha ;-)

inMundo said...

Dicen que esa herencia en los sonidos opacos de Joy Division habían sido directamente tomadas por Interpol. Lo dudo. Cada uno tiene su espectro. Y la verdad es que la voz de Ian Curtis brinda un abismo a la mente que bien debe aceptarse de manera regular por el bienestar de cada cabeza.
Un saludo don Mario.
¡Extraño sus mails!

Silencio said...

Si, y entonces uno busca y busc, en los estantes, algo que saque los peores moemntos a flote, convertirlo a mp3 y buscar esa esquina, ese sol de otoño, casi, debo esperar un mes más...

ok, ese sol de otoño, y escuchar esa canción, evocar el momento de caida y darle una nueva tonada, que se deslavará como el resto, y seguiré caminando por el mismo lugar y escuchando, todo lo que e haga sentir, como So broken, y seguir caminando con una lagrima en la mejilla, pero ojo, no estoy llorando, solo es parte de escuchar esa canción, la lagrima, el aspecto de tener una pena más grande que todo el concreto de los edificios que terminan por tapar, ese, ese sol de otoño.

Saludos

herr Boigen said...

Hay pocas cosas tan apesadumbradoramente bellas como Joy Division. Transmission es una canción que me altera las células de una forma irreversible. Recuerdo su tonada y siento un profundo pesar, pero también un alivio. She's Lost Control, es tan oscura como una calle cerrada del centro en un noche de lluvia y frío, con incendios en las casas por los calefactores descuidados. Love Will Tear Us Apart, del cual The Cure hizo un bello cover en 2000, me cautiva, y me cautiva mucho.

Y por otro lado, esta bolita de bandas "indie" que imitan a Joy Division (incluso arremedando la voz de Ian) me parecen solo tiernos juegos de niños pretendiendo ser como papá.

Gracias por la memoria de Ian Curtis.

g. neidisch said...

Café. Café y música. Café, música y cine.
Conmiserarse suena un poco miserable. "Complacerse en la propia tristeza" diría yo y sigo diciendo con frecuencia.
Soy un poco "joven" para Joy Division. Qué pena. New Order me alcanzó. "Tienes ojos verdes, tienes ojos azules, tienes ojos grises. Y nunca encontré nadie como tú antes".
Cuando dices "ya no se sienten los filos que nos lastiman" me recuerdas a Sasha Sokol :)
En un día como hoy, cuando mi sonrisa bajo la ducha se opacó por la falta de entusiasmo de un "buenos días", cuando desaté un nudo en la garganta con mordidas de un cruasán, cuando el café calma la inmensa sed de un día largo, escucho y me conmisero y me complazco: A Camp, Audioslave, Radiohead y una y otra vez "Do You Remember The First Time" de Pulp. Mientras trabajo...

g. neidisch said...

Por cierto. Viste 'Happy Together' solo o acompañado?
Es que en ocasiones también en las películas uno intenta verse a sí mismo...

Mario said...

Jotch:

Mario (Heart) la agudeza de Jotch
Mario (Heart) los ojos de Claire Fischer viendo las cosas que Jotch ve, o los ojos de Jotch reflejando el mundo entero de Claire Fischer... Yo confecionaría mi personaje favorito de "Six Feet Under" de varios fragmentos: las ganas de romperse en mil pedazos y recomponerse de Claire, la disposición al cambio y al redescubrimiento del amor de Ruth, la ternura autocontenida y la fuerza de voluntad de David, la eterna mirada adolescente de Nate, la resistencia de Brenda para ceder frente al peso de lo convencional.. Y es que yo también soy adicto a los fragmentos... Un abrazo...

Ben:

"Love will tear us apart" es como la cresta del iceberg. Una canción pegajosa, aparentemente inofensiva, que es cuchada con atención es como un ladrillo directo a la cabeza, como la oda de quien se ha acostumbrado a que el amor es dolor por definición y ya no le importa. O le importa demasiado, pero quiere hacer de cuenta que no. Yo soy igual de previsible: de Joy Division a Samshing Pumpkins, y como ahora, incluso me dejo engatusar de repente por esos émulos descafeinados de Ian Curtis (Interpol, Editors, etc.)... Un abrazo, desde chilangolandia...

Dulcinea:

Kurt Cobain! Ese es otro fantasma del que disponemos recuerdos, algunos a color y otros en blanco y negro. Como Curtis, Cobain es una persona que murió y legó al mundo una música increible que profetizó los estados de ánimo depresivos de gente que ni siquiera había nacido cuando él se despidió del mundo. ¿Conoces 'Last Days', la peli que Gus Van Sant hizo a partir de la figura de Cobain? Van Sant trató de reconstruir las últimas horas del tipo, no tanto en un sentido historiográfico riguroso, sino ensayando una biografía imaginaria de la vida sentimental de Kurt. El resultado es intrigante...

Don Edmundo:

Me gusta mucho su idea de los abismos y de cómo la música los instala de manera permanente (¿indolora?) en la cabeza de uno. Pienso que Joy Division es, al menos en mi caso particular, eso que el neurólogo Oliver Sacks describió como el abismo de vacío que el cerebro trata de cerrar cuando le ha ocurrido un accidente muy grave. El vacío no desaparece. Hay que aprender a vivir con él, haciendo que la parte sana cubra, de alguna manera, las funciones de la parte destruida. Quizá el optimismo implícito en la música de Ian Curtis consista en recordarnos que no hay abismos más profundos que los que se tienden en las almas de las personas, que comparados con aquéllos, lo demás es lo de menos... Señor Edmundo, un abrazo y ya le contestaré por mail...

Silencio:

Como el pobre de Astroboy, que un buen día empezó a llorar sin que supiera exactamente qué era esa emoción no prevista en sus circuitos y que de repente le empezó a mojar las mejillas. Y es que cuando se llora, quizá también se llama inconscientemente al sol de otoño ese del que usted habla. Ya no falta mucho, pero no está de más tomar previsiones para cuando llega. No sea que el concreto se venga encima, que los mp3s se vacíen y que ni la música de Ian Curtis sea capaz de generar ese frío que nos hace añorar el calor del próximo sol de otoño... Abrazos

Doktor Boigen:

Por supuesto que la música altera las células de manera irreversible, quien sabe si al grado de modirficar la carga genética de toda una generación, y que sus hijos nazcan añorando ser capaces de repetir día tras día la tonada del comercial de TV para olvidarse un poco de que el mundo es exactamente como Ian Curtis lo describió. Yo, al menos, no lo he logrado. Pero sigo intentando... Esa hubiera sido una muerte muy bohemia para Curtis: quemado con el ácido de sus propias letras, como si hubiera dejado prendido el calefactor mucho tiempo, pero con el corazón helado de desesperación... Un abrazo, Doktor

Mario said...

G. Neidish:

No me acordaba como la música de Pulp también tiene un filo de mármol negro. No me acordaba la forma en que es posible hacer de la tristeza un sentimiento que, como dicen del tango, se puede bailar... Nunca se es demasiado joven, quizá si demasiado cansado de rumiar las mismas cosas en la cabeza, para escuchar a Joy Division. Y New Order, esa es otra historia. Como escribe Jon Savage, parece que la historia de Joy Division llegó a un final provisional con la muerte de Curtis, y cuando esperábamos el reinicio, resulta que los músicos sobrevivientes se calzaron nuevos zapatos y se pusieron nuevos ropajes musicales. Era lo mismo, pero no era igual... "Happy Together" la he visto muchas veces, a veces completa, a veces en fragmentos, en ocasiones acompañado y casi siempre solo. Es una película que cala hasta los huesos. Pienso particularmente entre el abrazo final del personaje de Tony Leung y el otro chico de la cocina, donde el segundo espera que el latido tan fuerte de su corazón pueda ser escuchado por el otro. O la escena del rastro y la sangre que se va por la alcantarilla y llega a un Hong Kong literalmente de cabeza y situado en las antípodas. Qué gran película, para ver solo o acompañado! Un abrazo

Miguel Cane said...

Don't walk away in silence.

Pero igual, me alejé en silencio, porque si hablaba, me iba a ganar el llanto.

Ahora ya no me duele si la oigo, pero si yo te contara...

Si yo te contara.

Y tú, ¿cuándo vuelves?

Senses & Nonsenses said...

si me pidieran canciones de joy division sólo hubiera recordadoLove wil tear us appart, pero con tu excelente post dan ganas de revisitarlos. me voy unos días al campo ...a descansar, pero no quería irme sin pasar a saludar por algunos de mis sitios favoritos.

un abrazo.

tu.politóloga.favorita said...

Hay quien dice que cuando se lee, el lector escribe su propio libro. Lo mismo pasa con la música. Las canciones de Joy Division tienen ene cantidad de maneras de hacerse propias.
saludos!

Mario said...

Miguel:

De hecho, nunca me he ido. Nunca he dejado de leerte. Siempre que me encuentro "Todas las fiestas de mañana" en alguna librería, trato de hacerle espacio entre las novedades, y en primera fila, para que todos la vean y se enamoren instantáneamente de su portada con Tilda Swinton... Un abrazo, Miguel

Senses:

Como el título de una peli de Etienne Chatiliez: "la felicidad está en el campo". Ojalá que allá, y de camino y de regreso, la felicidad te encuentre... Un abrazo, Oscar

Mi politóloga favorita:

Es cierto! Como decía Borges, un libro debería contener la historia de sus lecturas. Un libro que no cintuviera la posibilidad de la réplica y la contrarréplica, estaría incompleto. Lo mismo vale para las canciones, sobre todo para las que integran el soundtrack para los malos días... Un abrazo, chica politóloga

oskr said...

Es la primera vez que escribo en este blog,asi que envío saludos.
Joy Division es un soundtrack perfecto para mi escritor favorito de horror: Howard Phillips Lovecraft.
Que decir del talento y la oscuridad de Ian, algo realmente sorprendente.
Por cierto saldra muy pronto su película llamada Control.

Mario said...

Oskr:

Bienvenido por acá, y espero que no sea la última vez. Leer una página de Lovecraft con el fondo de Ian Curtis puede ser una experiencia realmente placentera, si es que por "placer" puede entenderse la idea de sumergirse en el abismo para comprobar que se está vivo, que se puede sentir el horror y la belleza en un mismo instante... Tengo muchas ganas de ver lo que ha hecho Antjon Corbin con la vida de Curtis en el cine. Me gusta mucho "24 Hours Party People", aunque New Order es sólo una de las estaciones de su viaje alucinante por los herederos del Punk... Un abrazo, Oskr