Monday, November 20, 2006

Los restos del resto de tu vida




Sólo hay una certeza en la vida: la muerte. La muerte sucede todos los días y nos deja un alivio muy grande cuando comprobamos que sólo nos ha visto, nos ha señalado con el dedo para dejar claro que estamos en la mira, pero ha decidido irse de largo y pillar al vecino, que quizá estaba descuidado cuando cruzó la calle o dejó que un dolorcito en el estómago se convirtiera en cáncer. La muerte ocurre a velocidades diferentes, como la propia vida. Hay quien se bebe en una noche toda la intensidad que ha reservado durante más de cincuenta años; hay otros que prefieren dosificar su existencia, y distribuirla a lo largo de más de sesenta años de existencia en el letargo y la anestesia. Lo mismo sucede con la muerte: la obsesión por la salud y el cuidado del cuerpo a lo largo de toda una vida, significan una negación de la muerte y el deterioro de lo que somos. Pero ese amor a la salud no es más que la imagen en negativo fotográfico de un miedo cuasi infantil a morir.

Sentimos pesar por la gente que muere después de una larga vida, sobre todo si nos ha tocado compartir con ellos un buen trecho de la misma. No duele tanto que, por ejemplo, un ser tan abyecto como Augusto Pinochet esté sufriendo la maldición de Herodes, viendo como su propio cuerpo se consume infectado por los parásitos de la culpa y el hedor de la irresponsabilidad política. Pero, ¿qué sucede cuando la muerte se presenta en el momento que no debía de presentarse, y en un tiempo en el que no le tenemos un aprecio particular a la vida? De eso, tan complejo y tan sencillo a la vez, se trata la última película de Francois Ozon: Le temps qui reste, es decir, El tiempo que todavía queda. El autor de obras tan estimables como 5 X 2, 8 mujeres, Bajo la arena o Swimming Pool, nos cuenta lo que le sucede a Romain, un fotógrafo de mucho éxito, instalado al final de sus veintes, con un amante de planta al que trata con la misma indiferencia que a su familia, y en cuyo vientre se está expandiendo un cáncer que lo va a matar en menos de un año. Como sucedía en La panza del arquitecto de Peter Greenaway, mientras que los cuerpos de las modelos que retrata están llenos de vida y por ello mismo pueden permitirse toda clase de frivolidades, el vientre de Romain sólo está preñado de muerte.

Ozon no disfraza el dolor que significa para una persona ser enfrentada súbitamente con la certeza de su propia mortalidad. Pero tampoco puede sobredimensionar el impacto que la noticia del cáncer terminal tendrá en una persona que no se siente particularmente cómoda en el mundo. Uno de los capítulos más hermosos de Los Simpson es aquél en que Homero ingiere pez globo mal cortado, y piensa que le queda menos de un día de vida. Homero hace su lista de cosas pendientes antes de morir, y las va cumpliendo una a una con su natural torpeza, sólo para darse cuenta de que si ha podido ser tan irresponsable en el mundo es porque se encuentra rodeado de una familia que lo quiere a pesar de sí mismo. Lo mismo hacía el personaje de Sarah Polley en la película de Isabel Coixet, Mi vida sin mí. En La eternidad y un día, de Theo Angelopoulos, el personaje de Bruno Ganz hallaba una pequeña tarea que cumplir antes de internarse en el hospital, ayudando a un niño albano a cruzar la frontera. Y lo mismo puede decirse de la familia Fisher, de Six Feet Under, a quien cada muerte recibida en su pequeña agencia funeraria les significa un poco más de aprecio por la vida. Pero, ¿qué significa la muerte para una vida sin propósito y que nunca ha considerado que estar vivo tenga algún valor?

Romain no pierde el tiempo o, más bien, no sabe cómo invertir el poco tiempo que le queda. Cumplir listas de cosas que no ha hecho no es una opción; tampoco derrumbarse en brazos de quienes parecen amarlo hasta el momento. Lo que intenta hacer es darse cuenta de en qué lugar está parado, para poder dejar el mundo al menos con esta pequeña conciencia que la mayoría de los seres humanos nunca alcanzarán. En su ayuda, está su cámara fotográfica, que le permite capturar las imágenes de las que quisiera formar parte (la abuela, ese tótem del cine que es Jeanne Moreau, por ejemplo), pero de las que se halla demasiado distante a causa de una indolencia frente a la vida. Las imágenes que ha tomado a lo largo del día, vistas en la soledad de su apartamento, pueden empezar a resultar menos ajenas. Pero ya es muy tarde para Romain. Él ha iniciado el camino de la reconciliación con el mundo, de encontrar su lugar en un mundo del que se creía ajeno, pero el tiempo que le queda por delante no es mucho. Y si no puede completar la tarea de la redención, por lo menos concentrará todo su esfuerzo en tenderse sobre la playa, solo y sin disfraces, para encarar la soledad en que de hecho se encuentra. La muerte ya no da tanto miedo cuando se reconoce como algo no muy diferente de la vida. Y Romain sabe, poco antes de morir, que nunca estuvo tan vivo como el hijo no nacido que acaba de engendrar para una pareja de desconocidos.

En su película sobre la solidaridad como valor enarbolado por los revolucionarios franceses del siglo XVIII, Tres colores: Rojo, Krzysztof Kieslowski llegaba a una conclusión trágica sobre el sentido de la muerte en el mundo moderno. El accidente de un ferry que va de Suiza a Inglaterra reúne a los protagonistas de las dos películas anteriores sobre los colores de la bandera francesa. Como un “acto de Dios”, Kieslowski reúne a estos personajes que se han cruzado constantemente, incluso rozado, a lo largo de la trilogía, pero que no han llegado a sospechar que se conocen. Decía Kieslowski que el detonador de esta última parte de la trilogía de los colores fue un poema de Wislawa Szymborska titulado, precisamente, “El amor a primera vista”, en el que ella habla de lo maravilloso y lo trágico que es que dos personas que se descubren enamoradas llevaran mucho tiempo antes rondándose y aproximándose sin saberlo. Quizá, ambos pusieron la mano en el mismo picaporte sin darse cuenta. Tal vez los dos hojearon el mismo libro en la biblioteca, con sólo unos días de diferencia. Pero el amor sirve, de acuerdo con Kieslowski y con Szymborska, para olvidarnos el hecho fundamental que nos hermana como seres humanos y que tendría que ser la fuente primaria de la solidaridad: saber que hasta el momento hemos escapado de la muerte.

Somos iguales, porque poseemos el mismo terror infantil y primigenio frente al no ser, frente a la no existencia. El tiempo que nos queda, es muy poco. Como nos sabemos falibles, el resto de nuestros días es contemplado desde el presente como un puño de cenizas que el viento poco a poco va dispersando. Quizá, sin darnos cuenta, somos como los sobrevivientes de un naufragio que están tan asustados por la proximidad de la muerte, que no saben valorar el puño de días que les quedan por delante.

8 comments:

Tessitore di Sogno said...

Coincido plenamente en que es muy tierno el capítulo en que Homero piensa que va a morir y me gustó mucho el ultimo párrafo que escribes, uno deja de disfrutar los placeres más elementales de la vida como sentir, en estos días es poca la gente que siente y aun menos la que sueña.

Sobre la vida para mi es como cuando inicias una relación afectiva en pareja, toda vez que disfrutas cada instante, cada particularidad, cuando sepas que ha llegado a su fin tendrás muchas sonrisas al recordar todo lo bueno que te ha dejado.

Arkturo said...

yo no tengo miedo a morir

le tengo miedo a como carajo moriré

Zelig said...

Querido Mario, extraña coincidencia esta, precisamente acabo de escribir en mi blog acerca de este filme. Sin embargo, yo hice un comentario somero, nada que ver con el tuyo, con el que no puedo sino estar de acuerdo y al que nada más puedo añadir.

Por cierto, ese capítulo que mencionas de "Los Simpson" debe ser de los pocos que no he visto, en fin, ya tengo un aliciente para volverlos a ver todos en la enésima repetición televisiva.

Mario said...

Tessitore:

Es que Los Simpson son como la Biblia: tienen una respuesta para todo o, si no es el caso, siempre puedes contar una anécdota de la serie que te haga pensar en tu propia respuesta. Muchos han criticado el tono de las últimas temporadas, pero supongo que es muy difícil mantener el nivel cuando desde el principio lo colocaste muy en alto... Tu comentaro me recordó algo que le dice Homero a Lisa, sobre por qué él no sabe qué es perder a un ser amado, y por qué no puede entender el dolor de Lisa cuando su maestro de se va de la ciudad. Él le dice que es así porque todas las personas afortunadas de su vida viven bajo ese mismo techo, y que por eso debe considerarse muy afortunado. Homero le predice a Lisa que seguramente debe existir un lugar donde las personas valiosas e inteligentes como ella se renirán para platicar con otras personas similares, después de la vida, y que en ese lugar la gente con quien la vida ha sido muy generosa (como Homero) servirán las bebidas y los bocadillos... Una brizna de sabiduría a medio camino entre Ciorán y Pessoa, jeje...

Arkturo:

Muchas gracias por la música. A mi no me da miedo morir, sino al dolor asociado a la muerte y al dolor que pueda provocar en las pocas personas que de verdad me estiman. Sólo por eso, y por compartir con amigos como tú, vale la pena quedarse un poco más en el mundo. Un abrazo.

Zelig:

COmo te estás volviendo todo un icono del mundo de la blogosfera, seguro un día Matt Groening te sacará en algún capítulo. Vamos, que después de Woody Allen, sólo faltas tú... Pocas series resisten tanta repetición como Los Simpson. En México pasan los capítulos de las primeras tres o cuatro temporadas, dos diarios. Han llegado a pasar el mismo en la misma semana, y los sigo sintonizando a la misma hora y en el mismo canal, jeje

el juntacadáveres said...

de nuevo las coincidencias... me había gustado mucho en 8 mujeres y Swimming Pool, creo que tiene una mirada muy especial de mirar... podría ser femenino¿? tal vez...

intentaré ver la película... sólo que encuentre dónde...

saludos...

me encanta tu manera de escribir... de grande quiero ser como tu!!! ¿?

herr Boigen said...

I love Francois Ozone... 5X3 me pareció preciosa (sí son esos numeros??? tengo tan mala memoria numérica que solo recuerdo que era una multiplicación!!!)

Y me he quedado con muchas ganas de ver Swimming Pool..... También mucho me han hablado de la movie que hace sobre el enfermo de SIDA y ya la quiero ver...

y qué decir de Sitcom!!! FUE ESTUPENDA!! COMO ME REÍ jajajajaaj :D

Mario said...

Juntacadáveres:

Puede ser una mirada femenina, feminista o simplemente de profunda complicidad con las cosas que viven las mujeres. Creo que Ozon, finalmente con "Le temps qui reste" ha hecho una película sobre personajes masculinos tan afortunada como sus películas sobre mujeres. Lo mismo que Almodóvar con "Hable con ella". ¿Verdad que es una delicia ver cantando a Isabelle Huppert, Catherine Deneuve y Fanny Ardant en "8 mujeres"?

Herr Boigen:

Herr Doktor, jeje. No conozco todavía "Sitcom", pero "5X2" me pareció una película tan brillante como dolorosa. ¿Cómo saldríamos parados nosotros mismos si pudiéramos observar nuestras relaciones por el momento de la ruptura y luego ir hacia atrás, hasta el momento del primer encuentro? Sin duda, las cosas serían más tristes y melancólicas. Además, en "Le temps qui reste" repite esa estupenda actriz que es Valeria Bruni Tedeschi... Saludos, y bienvenido!

Senses & Nonsenses said...

joer, qué buen post! a tus pies. soy fan.
me encanta la película, pero tu post es otra cosa. (...y basta de flores, que me repito muchísimo).

con todo, a mí la que me sigue gustando más de ozon es 'los amantes criminales'... me estremezco sólo con pensar en ella.

un abrazo.

pd. como imaginarás llegué aquí gracias al juntacadáveres.