Thursday, March 01, 2007

Lo que uno no quiere ser de mayor




“This is what you've been running away from your whole life, buddy boy”: así se dirige, con mucha ironía y mala leche, Nathaniel Fischer Sr. a su hijo Nate, una vez que el primero ha muerto por tratar de encender un cigarrillo sin percatarse de que un camión viene directo hacia la carroza fúnebre que va manejando. El Sr. Fischer le hace una última y plúmbea broma a Nathaniel Jr., obligándolo a hacerse cargo del negocio familiar, una funeraria, del que este último siempre quiso escapar. Y es que, en buena medida, de eso se trata la serie de televisión Six Feet Under, que terminó hace un año después de seis temporadas al aire: de lo que te sucede mientras estás haciendo planes para tu vida en otro sentido. La muerte –pero también el amor, el desamor, la mala suerte, la buena fortuna, los hijos, los amigos, el trabajo– son cosas que te ocurren cuando estás pensando en la inmortalidad del cangrejo. Para más ironía, en la serie los muertos hablan con los vivos y los vivos son incapaces de comunicarse entre sí. Eso es una tragedia: que la gente viva el día a día como si estuviera muerta. Pero no, en Six Feet Under, incluso la muerte permite un último comentario irónico antes de bajar la palanca de la energía. Uno se muere, y generalmente los últimos minutos no están cubiertos de gloria ni de heroísmo; te puedes morir ahogado con un trozo de bistec, cuando por fin llegó a tu cerebro un pequeño coágulo que se ha originado en tus piernas mientras estabas sentado esperando cancelar tu cuenta del banco o, felizmente, en un intercambio de fluidos corporales. Entonces, el Sr. Fischer tendría que recibirnos en el más allá (tenga el nombre que cada quien guste darle de acuerdo con sus creencias religiosas) con una frase similar a esta: “De esto, amiguito, es de lo que estuviste huyendo la vida entera”.





Six Feet Under cuenta la historia de un puñado de individuos que el destino integró en una familia disfuncional, y que tienen en común haber crecido y haberse convertido de mayores en las personas que nunca quisieron ser de pequeños. No hay en la familia Fischer zoólogos, biólogos marinos, pianistas ni cineastas (que son las cosas que yo quería ser de mayor, a los seis años). Lo que hay es lo que se ve: Ruth, una madre histérica que empieza a explorar su sexualidad bien entrada la década de los cincuenta (y que tardíamente descubre los placeres de la masturbación); Nate, un bohemio que pasó la treintena de años huyendo de todo lo que se supone implica una vida decente; David, el chico gay que quiere encontrar a un hombre que llene sus expectativas de una vida simple y convencional; Claire, la hija menor que tendrá que ser artista a pesar de sí misma y de su egoísmo; Federico, el embalsamador de origen latino que quiere ser uno de los Fischer y que constantemente es pateado fuera del nido; y Brenda, la niña genio adicta al sexo con Nate, y que ha crecido sin poder concretar ninguno de sus talentos más que el de la autodestrucción. Todos son personajes disfuncionales, generosos, egoístas, necesitados de ternura, mentirosos, leales, cobardes, enfrentados a una última aventura vital, frágiles y, por ello mismo, profundamente entrañables y cercanos a las miserias de todos los días. Cada capítulo de Six Feet Under comienza con una muerte casi siempre accidental y casi siempre irónica en su gratuidad: la mujer recién divorciada que literalmente pierde la cabeza al salir a tomar aire, eufórica, por la capota de una limusina; el soldado estadounidense, envejecido a sus treinta años, por haber ido a pelear por ideales de humo a Irak; el tipo que es aplastado por su propia camioneta mientras intenta recoger el diario desde su auto en marcha. La gente se muere sin avisar, e incluso los que notifican de sus intenciones, dejan a los demás la preocupación de qué hacer con los restos mortales. Porque no es lo mismo que a uno se lo coman los gusanos o que se mezclen sus cenizas con el plancton marino. Mientras Federico se ocupa de hacer presentable el cuerpo del muerto y sus deudos le lloran o se pelean por la herencia, los Fischer tienen que lidiar con esas vidas que no escogieron, pero que tienen que asumir de la manera más digna. Particularmente entrañable es David, el mayor de los hijos, que se debate entre su homosexualidad reprimida y una fe anglicana que le dice que los de su clase (aunque todos los días oficien desde el púlpito) no tienen derecho al cielo. David se mueve como un adolescente incómodo con su propio cuerpo, como si los brazos y las piernas le hubieran crecido de repente y el resto de su anatomía se resistiera al cambio. David es un tipo a quien le han cosido un traje demasiado ajustado, pero del que no puede deshacerse hasta que termine de complacer a todos los invitados de su fiesta. Y en el afán de complacer a todos, acaba insatisfecho con su vida. Pero, en el fondo, David no quiere algo distinto de lo que sus hermanos o su madre: alguien a quien amar y por quien perder el aliento algunas veces al día (como decía el lema comercial de una compañía de seguros mexicana).








Algunas décadas antes de que a Allan Ball se le ocurriera la historia de los Fischer, Edith Warton escribió, a principios del siglo XX, una novela que tiene como protagonista a un chico listo que se convirtió en el adulto que nunca imaginó. Se trata de La edad de la inocencia, la obra de madurez de Warthon que fue convertida e una hermosa e injustamente menospreciada película dirigida por Martin Scorsese. Newland Archer vive en un Nueva York semidesierto y es un abogado liberal, culto, informado de las últimas novedades literarias en Europa, que se observa a sí mismo como audaz en sus arriesgadas posturas sobre la moda masculina, el valor de la pintura impresionista o la legitimidad de la lucha de las mujeres por la igualdad. Curiosamente, Scorsese situó su película en las capas adineradas del Nueva York de principios de siglo, que se esforzaban por pasar como europeos en un nuevo mundo; y años después, el mismo Scorsese filmaría una historia que ocurría en el mismo escenario y en la misma época, sólo que en los bajos fondos y entre pandillas de inmigrantes que se disputan el control de la floreciente ciudad. Y a ambos personajes, tanto al Newland Archer de La edad de la inocencia como a El Carnicero de Pandillas de Nueva York, el estupendo Daniel Day Lewis les presta su rostro. El Newland Archer de Wharton y de Scorsese se siente cómodo con esa vida que su tribu eligió para él, hasta que aparece en el horizonte una mujer, la condesa Olenska, que representa todo lo que él asocia con un deseo secreto de libertad y de independencia. Ni en la novela ni en la película, me parece, sabemos si verdaderamente Newland está enamorado de la condesa o si, más bien, se siente fascinado por el estilo de vida que asocia con todo lo que él no es en el presente. La condesa tiene un pasado turbio en Europa, es la comidilla de todas las mujeres del clan Archer y de la prometida de Newland y, además, osa decorar su casa con pequeñas esculturas africanas (“los restos de mi naufragio”, dice la condesa) y con pinturas cuyos rostros humanos son manchones de pintura y no retratos naturalistas sin pizca de emoción en el manejo de la luz. A la larga, la pasión de Newland tendrá que ser reconducida a su antigua prometida y, finalmente, él se convertirá en lo que no quiso ser de pequeño: un padre de familia que dejó la aventura y el gusto por lo exótico para mejor ocasión. Pero, ¿existe otra oportunidad para vivir una vida diferente a la que actualmente se lleva?






En la película de Scorsese, el hermoso y elegante texto de Edith Wharton es recitado por la voz en off de Joanne Woodward, mientras el rostro de Daniel Day Lewis está siempre a punto de resquebrajarse de rabia y de frustración, lo que nunca sucede. Scorsese preserva el texto con la voz en off porque él ha dicho que fundamentalmente quería reproducir la sensación que él tuvo al momento de leer la novela de Wharton. Además, la voz en off no es un elemento accesorio, sino parte fundamental de la narración para ilustrar el flujo de una conciencia reprimida y contradictoria –la de Newland Archer– que lucha por convertirse en lo que siempre su dueño soñó de sí mismo de pequeño. Un manejo similar de la voz en off, para mostrar la distancia entre las intenciones y los resultados de sus protagonistas, es el que hace el cineasta Todd Field en su adaptación de lo que supongo (porque no conozco la novela) es un estupendo texto de Tom Perrotta: Little Children. La voz en off, y la música de Thomas Newman –quien ha hecho dos bandas sonoras grandiosas en su minimalismo: la de Belleza americana y la de Lemmony Snicket– añaden un comentario irónico a la película: lo que se narra son las vidas estancadas de seres lo suficientemente inteligentes como para darse cuenta de la posición crítica en la que se hallan. Cuando se lleva una vida mediocre pero se ha adormecido la conciencia lo suficiente, el proceso es indoloro; pero cuando se es consciente de la propia decadencia, las alternativas son la ironía o el suicidio. Sarah es la madre de una niña caprichosa que (como yo) tiene amarrada a la cintura el ancla que significa una tesis de maestría inacabada. Brad es un tipo al que su mujer ha sacado de trabajar y que se encarga de cuidar a su hijo pequeño, asustado (como yo) de lo que significa asumir un futuro laboral en serio. Tanto Sarah como Brad acaban enamorados, o al menos entusiasmados por lo que una aventura significa en la mediocre vida que han asumido y que, seguramente, no imaginaron de pequeños. La voz en off recita las irónicas observaciones de Tom Perrotta sobre las vidas de Brad y Sarah: Madame Bovary puede ser incluso una feminista luchando contra su jaula de hierro; Tom es el “Rey del Baile” y se fija en Sarah aunque ni siquiera sea particularmente hermosa; Sarah tiene ganas de entusiasmarse por los logros de su amante en el fútbol americano como lo haría cualquier esposa; cuando la mujer de Brad le reclama que no le llame por teléfono más a menudo, él reclama que lo haría si ella le comprara un teléfono móvil. La película es hermosa, lánguida, triste, sensual: una gran película, pues. Todd Field presenta uno de los coitos más dolorosos y tristes que del cine de los últimos años; el director ilustra a la perfección aquello de que el individuo postcoital es un animal triste. Por otra parte, la película es subversiva en cuanto vuelve entrañable a un personaje que el vecindario de Brad y Sarah se esfuerzan por maltratar: el exhibicionista incapaz de controlar su filia por los niños. Hace mucho que no veía llorar con tanta tristeza a un niño (atrapado en un cuerpo de adulto) por su madre desaparecida. Lo trágico de este personaje es que, para ser un poco lo que su madre soñó de él como adulto, acaba autoflagelándose (Por cierto, si Kate Winslet y Jackie Earle Haley están estupendos en sus roles, ¿por qué no considerar el trabajo de Patrick Wilson, el breve pero contundente papel de Jane Adams como la fallida cita de Ronie, la música, la dirección de fotografía, la dirección de arte, para los premios de la Academia estadounidense?).

No se si es mejor, pero si más cómodo, hacer la lista de las cosas que otros, sobre todo si son personajes de ficción, querían ser de mayores y que no han conseguido todavía. Ensayar el ejercicio en primera persona es algo que tengo pendiente de hacer, aunque a través de David Fischer, Newland Archer y el Brad Adamson que creó Tom Perrotta, puedo vislumbrar algunos de sus elementos. Por lo pronto, creo que la voz en off de mi película personal podría decir, en un tono neutro pero cargado de ironía: “This is what you've been running away from your whole life, buddy boy”. En esa secuencia, por supuesto, tendría que estar sonando como música de fondo “If you´re feeling sinister” de Belle & Sebastian.


PD: Gracias a Medeo por compartirme unos fragmentos del libro de Tom Perrotta, que se ha colado a la fila de los que espero leer próximamente. Lo mismo hicieron Issa y Zelig con sus sugerencias de The Road y algo de Roberto Bolaño (¿será adecuado empezar por Los detectives salvajes?). Creo que pocas cosas hay más generosas en el mundo que compartir un objeto (libro, película, canción, etcétera) que se considera parte imprescindible del universo personal…

21 comments:

el juntacadáveres said...

ups... al final... todo es como una representación no¿? y a algunos el traje nos queda justo... a otros un poco holgado... el punto sería... ¿hay lugar para la improvisación? yo aún no lo sé...

muy buen post... aunque tengo que decir que nunca vi esa serie... sera de buscarla y verla...

y bueno si... comience por Los detectives salvajes... tal vez, y casi estoy seguro, usted también soñará con el texto... porque si alguien vive lo que lee es usted...

saludos...

geekgangster said...

Que buena investigacion

A mi me gustarba la serie lo general, pero si habia algunos capitulos bien fumados

Miguel Cane said...

Querido Mario,

Interesante, interesante.
Te sugeriría, si me permites, que te echaras una vueltecita por un texto en mi blog sobre la novela y también en Cinevisiones, donde hay una entrevista con Kate Winslet al respecto.

¡¡¿No has leído Los Detectives?!! Cuando la hayas leído, tu vida no volverá a ser igual...

Un abrazo, querido Mario.

Silencio V4 said...

No se, todos esos muertos enseñan a vivir cada día a los fisher, como decir que la muerte de alguien no es en vano, eso me dejó el par de temporadas que vi, je, voy por la que sigue, como sea, ¿porque un muerto debe dar la lección?, no se, por contundente, no se.

De Little Children, bueno salí triste, claro, el tipo estaba en lo que muchos solemos estar, atrapado en una rutina, en una vida conveniente y comoda, pero que no nos hace sentir vivos, finalmente encuentra que es un adolescente tardío (como todos ultimamente), y escapar era como una idea adolescente, mientras que para una estudiosa de literatura una idea romántica, como siempre dos adolescentes con un mismo plan con un diferente contexto cada uno, el saltará y saltará, porque no hay prueba de que eso haya terminado para él, y para la otra, bueno queda una horrible resignación... diablos, me dan ganas de llorar.

Y bueno cuando estoy abrazando la almohada en esos cinco minutos antes de levantarme a ponerme la corbata y sacar mi mejor sonrisa, me entra esa triste resignación.

Y se como se sintió ella.

Ben said...

La muerte siempre encuentra maneras de improvisar. Esa es una de las cosas que más me gusto de la serie.

Siempre encuentro tus posts bastante interesantes.

Un saludo desde Ohio

Arkturo said...

Ya es más común en estos días, el pararme y ver que el televisor está encedido con la programación de Discovery Kids, allí enfrente de dos hermanos comtemplado la mirada de el jugozo mundo feliz que contemplan sus ojos

que fuerte, el romper tan temprano esa burbuja que nos hace creer tanto desde niños.

yo cuando era pequeño, quería ser astronauta,

será por que kelly mira las estrellas

nahhhhh

saludos, por cierto tengo que ver los primeros capítulos de SFU, aún me mola esa sensación que me dejó desde hace un año.

un abrazo querido amigo

Zelig said...

Querido Mario,

Como ya te han dicho más arriba, el dia que leas "Los detectives salvajes" tu vida ya no volverá a ser igual. Es el mejor inicio para entrar en Bolaño y, probablemente, la obra más importante de la literatura hispanoamericana desde "Cien años de soledad".

Un abrazo, estoy deseando que la leas y tus comentarios al respecto.

Z.

tu.politóloga.favorita said...

Hablar con ironía sobre temas como esos nunca cae mal. Cuando alguien lo hace es como si te dieran una toalla después de un cubetazo de agua fría.
saludos!

Mariluz Barrera González said...

Creo que la imporvizaciòn de la que habla Ben, es lo que hace de la muerte la mejor experiencia para darnos cuenta de que no todo en la vida està bajo nuestro control como la mayorìa de los seres humanos pretendemos tener las cosas.

Creemos que podemos planear, definir y decidir las circunstancias, pero no es asì, ni siquiera lo que seremos de grandes, por que las circunstancias y la realidad se imponen, como en el caso de la muerte.

Recuerdo que un dìa antes de que falleciera mi padre, le dije a josè, (eramos novios) que para mi el dolor era la llamada de atenciòn mas grande que nos hacìa la vida, para despertarnos del letargo en el que caemos y para demostrarnos que no somos del todo omnipotentes. Y ¡Oh sorpresa! al dia siguiente muere mi padre.

Y es que andar muertos en vida es muy cierto, las pelìculas que me impactan por tocar este tema son sexto sentido y los otros. Me impresiona que El psiquiatra tan desajenado de la vida, aparentemente tan experto ni siquiera se percatò de su propia muerte y en los otros, la madre de los niños pasa por algo muy parecido, y los niños como en un momento comentè en un post, miran la realidad tal cual es, no como nosotros que hacemos todo lo posible por mirar lo que creemos como queremos.

COMO SIEMPRE EXCELENTE POST.
UN BESO.

gaby said...

buenísimo post.. me gustó como redactaste todo eso de la serie, hmm la quiero ver y la pasan a cada rato en universal.. pero nunca.. le pico a tiempo.

saludos

Josue said...

Concuerdo con mariluz en que la muerte es algo incontrolable, pero tbm no, sera? que como bien dices tu "andamos como muertos por la vida sin darnos cuenta" eso lo he venido pensando y mientras mas comodo se intenta hacer la vida mas equivocos e inutiles nos volvemos. En alguna ocasion estando frente a una computadora me di cuenta de lo distanciados que nos estamos volviendo y al mismos tiempo dejandonos porco para la imaginacion o esfuerzo siquiera , claro que las circunstacias de nuestros tiempo snos los exige pero de igual forma como dicen por ahi...
Uno no sabe para quien trabaja" despues te deja con una sensacion de rabia ante tu propia impotencia por aceptar la vida que llevas, por eso el vacio es como tu punto de encuentro hacia lo mismo que sientes, un vacio entre tus seños y lo que eres.
Why does my soul feel so bad???
Saludos a todos !!!

Senses & Nonsenses said...

más allá de la conexión bloggera, tb era el momento perfecto para hablar de mi serie favorita, tras la muerte de mi amigo Alberto. me ha encantado el post, y lo he recomendado... describes muy bien el espíritu de los fisher.

yo soy de los que desean que Nate se decida finalmente por Brenda, y que Archer hubiera elegido a la condesa Olaska... pero las circunstancias, los miedos, las dudas muchas veces nos lo impiden, preferimos estar muertos en vida que lanzarnos al abismo... somos unos supervivientes.

lo siento, me quedo un poco espeso.
un abrazo.

Max Demian said...

Yo segui siempre Six Feet Under, pero me falto ver la ultima temporada, y aunque lei por alguna parte en q terminaba, se me quitaron las ganas de rentarla.
Y bueno, acerca de lo que "soñabamos con lo que queriamos ser y lo que nos convertimos" es toda una experiencia de autoanalisis personal, aunque dude que quiera saber los datos reales.
Supongo que "los sueños solo sueños son" y no son mas que eso, dado que lo que me proyecte "SER" no se ha materializado y solo basta tomarse las cosas con una filosofia bastante ironica... bueno no queda otra, no?

Vulcano Lover said...

me ha parecido estupendo tu post... especialmente el análisis que haces de la película Little children de la que también yo he hablado hace poco en el mío...

Un abrazo. te seguiré por aquí

geekgangster said...

Hola Tocayo
Solo ando anunciando que ya le cambie el look de mi blog
Pegado en la Pared
Hechenle un ojo..
se aceptan comentarios y sugerencias

Mario said...

Junta:

Puede ser que todo sea como una representación, pero depende quien dicte el guión de esa representación y qué tan conscientes estemos de que somos actores dirigidos por alguién más... Busca "Six Feet Under", no es difícil encontrarla, te va a gustar... Todavía no empiezo la novela de Bolaño, pero ya viene en camino. Te contaré... Un saludo, querido Junta

Geek:

Efectivamente, había cosas muy extrañas en la serie. Pero es que ya es extraño por sí mismo que alguien llegue al mundo, a tu vida, y de repente pueda irse con la misma facilidad con que llegó... Para morirse, la gente no tiene palabra...

Miguel:

Ahora que estoy poniéndome al día con mis pendientes en la blogósfera, buscaré tu nota sobre "Little Children". Tengo muchas ganas de leer la novela... Y ya voy sobre Bolaño, que todos me dan muy buenas referencias... Un abrazo, chaval...

Silencio:

Finalmente, los extremos se tocan. No había pensado en eso que dices sobre los caminos diferentes que llevaron a estos dos personajes tan entrañables (por frágiles y por cobardes) a un mismo punto; ni cómo lo que para uno es motivo de liberación, para ella es causa de ilusión romántica... Quiero sacarme esta película de la cabeza y no puedo! Para mi ya no son suficientes cinco minutos para poner mi mejor cara y salir al mundo tal y como lo he constuido. Y eso que no tengo que ponerme corbata... Un abrazo, aunque no mitigue la tristeza...

Ben:

Exacto! La muerte siempre improvisa, y hasta se permite el lujo de ejercer un sentido del humor muy negro... Y cuando improvisa, derrumba cualquier previsión sobre la vida e, incluso sobre cómo nos imaginamos la propia muerte... Bienvenido, muchas gracias por venir acá, leer y comentar... Considérate permanentemente invitado a reincidir...

Arkturo:

Y cuando uno quiere ser astronauta de pequeño, la consecuencia es que el mundo se vuelve insuficiente para cumplir tus aspiraciones. ¿Qué le vamos a hacer? Como siempre decimos: así es la vida y venía sin instrucciones de uso. De todos mis sueños infantiles, el que todavía me sigue emocionando como la primera vez que lo soñé, es el de hacer cine... Tendrás que echarle una revisada al guión, cuando eso suceda. O quizá, venderme (no muy caros, por favor) los derechos de la novela sobre el sueño... Te mando el abrazo de vuelta, don Arkturo...

Zelig:

COn tan ilustres avales, seguro que será una buena experiencia leer a Bolaño. Ahora estoy terminando "Howards End" de E. M. Forster, luego vienen "The Road" y "Los detectives salvajes"... Habría que pelear por que te den una beca para que puedas leer todo lo que los buenos amigos te recomiendan, pero eso sólo pasaría en el mejor de los mundos posibles... Un abrazo, Zelig...

Mi politóloga favorita:

La ironía, la sonrisa congelada en una cara descompuesta, es la única defensa legítima contra la muerte. Me gusta mucho un diálogo que escribió Sabina Berman para "Moliere": el diablo no es otra cosa que el espíritu de la gravedad, de la seriedad, que se ha adueñado del mundo... Saludos, chica lista

Mario said...

Mariluz:

Ahora que comentas sobre esas dos pelis que a su modo particular tratan de la experiencia de estar muerto sin que sus personajes se den cuenta, déjame contarte una anécdota más o menos graciosa. Allá en el lejano año 2000, cuando todavía era inocente y tenía esperanzas respecto de la posibilidad de participar en la política nacional, estaba trabajando en Democracia social. De hecho, era de mis primeros trabajos y yo estaba muy emocionado de ver cómo gente tan diversa se iba sumando a la causa socialdemócrata y de cómo se podían sentar a la misma mesa a dialogar y ponerse de acuerdo, un intelectual orgánico de izquierda y un campesino de la sierra de chihuahua. Todo iba más o menos bien, la gente al final de la campaña de se iba sumando cada vez más. Y al final, el registro no llegó. La gente pasó muy rápido del encanto al desencanto. ¿Cómo es que la ciudadanía nos despreciaba a nosotros que éramos la vanguardia intelectual del país para votar por un ranchero con botas y bigote? Muchos seguimos trabajando sin cobrar, tratando de salvar lo poco que quedaba del naufragio. Hasta que alguien nos dijo: ustedes son como "Los otros", porque están muertos como movimiento político, pero no se han dado cuenta. Y es que creo que a la larga pagamos cara nuestra ingenuidad política. No comprendimos que la sociedad era más compleja de lo que suponíamos, y que nosotros no éramos nadie para criticar a una ciudadanía ansiosa de la alternancia en el poder. Creo que hay que tener el estómago muy bien colocado para aceptar estas bofetadas de la realidad, y no sé si yo volvería a involucrar mi corazón de tiempo completo en tareas políticas como éstas...

Gaby:

sigue intentando. Vale la pena la desvelada por "Six Feet Under". De hecho, yo me la encontré un día en el canal cinco de televisión abierta, como a la una de la mañana. Era el primer capítulo, precisamente; ese donde aparece por primera vez la frase del padre de los Fischer: "That´s what you've running away your whole life, buddy boy"... Fue amor a primera vista...

Josué:

Efectivamente: Why does my heart feel so bad? why does the soul feel so bad?... La comodidad es una trampa muy común en la vida. De pronto, te hallas más o menos tranquilo en una posición que no es la que habías imaginado para tí mismo hace algunos años. Te dices a tí mismo, que será temporal, mientas algo mejor sucede. Y de pronto se acumulan algunos días, algunas semanas y hasta años. Y resulta que sigues en la misma posición. Aunque no exactamente en la misma: porque la rabia y la frustración se han ido acumulando poco a poco hasta llenar el vaso. Por eso creo que siempre le hace falta un poco de ansiedad a nuestra vida, para que no nos quedemos cómodamente instalados en un mismo espacio por mucho tiempo. Es como el personaje ese de "Paris, Texas", que lo tuvo todo para ser feliz y simplemente se fue caminando por la vía porque las suelas de sus zapatos querían ver el mundo...

Senses:

En realidad, leerte a través de tus últimos posts ha sido un poco extraño: muchas zonas sagradas compartidas, de Buster Keaton, a los Fischer de "Six Feet Under". Eso a mi también me deja un poco espeso... No puedo más que agradecerte desde el fondo del corazón, mientras siga latiendo, ese comentario tan generoso hacia mi en tu propio blog... De verdad, muchas gracias...

Max:

Cualquier intento de reapropiarte de tu pasado tiene que tener una nota de ironía, pues si no la tentación de volverse loco de desesperación es muy grande. Te leí y pensé en lo que hizo un filósofo tan serio como Kant cuando se preguntó cómo contar la historia de la humanidad para que los seres humanos particulares pudieran sacar algún tipo de aprendizaje. Y el respondió que deberíamos contarla historia "como si" de hecho pudiéramos constatar en ella que los hombres van de lo peor a lo mejor, "como si" la historia fuera el escenario de la razón y la moral, aunque de hecho no lo sea... Siempre ese "como si" me ha parecido muy irónico viniendo de un filósofo tan rígido como Kant...

Vulcano:

Bienvenido a estos parajes, precisamente, desde la tierra que Lowry imaginó "Bajo el volcán"... Estupenda película, sigo pensando, es "Little Children". Lo malo es que todavía no logró sacármela de la cabeza desde que la ví. Sarah y Brad se me hacen a la vez tan familiares, y tan extrañas sus conductas, aunque me reconozca en muchas de ellas... Hace poco veía una entrevista con Bigas Luna en la que él decía que lo visto en la pantalla era sólo una parte mínima de la película. Que la verdadera película empieza cuando a medianoche, a punto de dormir, te descubres pensando en lo que viste hace unas horas. Allí es cuando la imaginación que activa el cine empieza a funcionar...

Querido Tocayo:

Buenísimo el look, a tono con el contenido... Luego me dices cómo usar tantos recursos visuales en el blog, porque soy bastante inepto para eso... un abrazo. Te sigo leyendo...

Nyman said...

Pues habré de entrarle a la serie que nunca he visto. No sabía de series hasta que le entré a algo más mundano (LOST) pero dado que hay un personaje en SIX FEET UNDER que se llama como yo y que siente lo que yo (tanto que pensé que hablabas de mí jaja, broma), no hay remedio, seguro alguna buena sorpresa me llevaré.

Padre texto, Mario...como siempre.

Mario said...

Monsieur Hire:

SFU es como un test psicológico de esos en los que te muestran una mancha de tinta, y tú tienes que decir a qué te recuerda... A veces, siento una piedad infinita por David Fischer y su incapacidad de ser feliz, luego mucha rabia por su agresividad pasiva, y finalmente acabo envidiándole su capacidad de sobreviveincia.... Ve SFU, no te arrepentirás (Por cierto, mientras escribo esto escucho "The Infinite Complexities of Christmas", de ya sabes quien)

Issa said...

Dos de las tres obras que observas me parecen absolutamente geniales; de la edad de la inocencia nunca he sido fan, a pesar de tanta gente que quiero tanto que a su vez quiere tanto a esa película. Pero Llorar en televisión me es difícil, y me pasó más de una vez en 6 feet. Y Little children me recordó una vez más que lejos estoy de lo que me gustaría conseguir algún día... en muchos, muchos sentidos. Lo interesante es que se llama little childre, creo... porque todos son -somos- niños. Inmaduros para siempre, a final de cuentas. Un tema que me preocupa tanto que hice una película al respecto. Gran post!

Mario said...

Issa:

Y en el camino te diste cuenta que hay muchos niños que se dejaron seducir por tu llamado al juego, a compartir el mundo como si la infancia no fuera algo doloroso y los 30 te sorprendieran unos minutos después (o al menos eso parece) de que aprendiste a caminar. Sobre "La edad de la inocencia", yo la vi en su momento. Tenía 15 años (y es increible que ya hayan pasado 13 años de eso) y no me dijo mucho. Sin embargo, cada vez la cobardía de Newland Archer me parece más familiar. Entre mi tribu y sus rituales, por un lado, y la herejía de mandar todo al demonio: allí me sitúo en este momento, como Newland Archer. Gracias, Issa. Siempre, gracias. Me da escalofríos (pero en un sentido bonito) saber que me lees...