Thursday, April 05, 2007

Tres notas para una teoría del escándalo


I. En el siglo XVIII, el joven Immanuel Kant tuvo lo que él denominó posteriormente un violento despertar de su sueño dogmático de la razón, motivado por el escepticismo del inglés David Hume. De acuerdo con Kant, el sueño en el que él y el pensamiento moderno estaban sumergidos consistía en creer, apoyados en la religión o la tradición, que la realidad era de una manera y que ésta no cambiaría con el tiempo. ¿Cómo garantizar que el mundo –integrado por realidades que se perciben por los sentidos que a veces nos engañan, por emociones cambiantes que siempre nos desilusionan y por cuerpos que crecen y que se corrompen en el tiempo inevitablemente– tiene una cierta unidad, una estabilidad que nos permita irnos a dormir tranquilos sabiendo que mañana ese mismo mundo estará allí cuando nos despertemos? Unos años antes que Kant y Hume dudaran de todo, un piadoso obispo inglés, George Berkeley, imaginó que si el mundo cesa de existir para nosotros cuando dejamos de percibirlo con nuestros sentidos, la única forma de salvar su continuidad es suponer que un ser omnisciente y cuya percepción no se interrumpe en el tiempo –Dios– soporta la unidad del mundo en que habitan los seres humanos. El Dios de Berkeley era una especie de ojo que no parpadea, y por eso, él pudo decir que ser es ser percibido y que el observador privilegiado de todas las cosas –incluido el corazón humano, que observa sin pudor y horrorizado– es Dios. Andando el tiempo, David Hume sacudió violentamente la epistemología moderna al señalar que un ejercicio coherente de la razón nos lleva a cuestionar incluso ideas que son el fundamento de nuestros sistemas de conocimiento: que existe un Dios omnisciente y sumamente bondadoso, que el mundo tiene una unidad en el tiempo, que existe el alma y que, al final de los tiempos, las acciones de los seres humanos van a ser castigadas o premiadas, según sea el caso, por un tribunal divino y justo. Para Berkeley, nada de esto está garantizado en un mundo que cambia constantemente y que desafía las herramientas de comprensión humanas –finitas y engañosas por definición. Cuando Kant hizo su irrupción en la historia de la filosofía occidental, la crítica de Hume al dogmatismo lo había hecho dudar, incluso, que el día de mañana el sol saliera por el oriente y que la rutina humana volviera a comenzar tal y como había sucedido la jornada anterior. A Kant, quien además de ser un defensor de la sensibilidad humana y un ferviente creyente en la legitimidad de la creencia en Dios, le parecía un escándalo que nadie pudiera ofrecer razones para justificar el conocimiento del mundo, la solidez del entendimiento humano y la fraudulencia del escepticismo y el cinismo en materias epistemológica y moral. Kant deseaba oponer razones contundentes, por una parte, a quienes predicaban la orfandad de los seres humanos en ausencia de una demostración eficaz de la existencia de Dios; y, por la otra, a quienes pretendían desconocer el mandato moral de respeto a la dignidad humana ante la inexistencia de una explicación que demostrara la necesidad del comportamiento bondadoso, sin afirmar que éste garantizara a quien lo practicara un premio en este mundo o en el otro. El escándalo, para Kant, consistía en permitir que la razón se durmiera en sus laureles y que, al hacerlo, el ser humano perdiera su confianza en su capacidad de acción y conocimiento en un mundo que Dios convirtió en su dominio. Toda la filosofía trascendental de Kant –que delimita el ámbito en que la razón humana puede conocer y señala que la existencia de Dios es inaccesible a la razón, pero necesaria su creencia en Él para hacer del mundo un espacio moralmente habitable– es una intento por superar el escándalo que significan tanto el escepticismo como el dogmatismo en materia epistemológica y moral.




II. Pocas fuerzas como el deseo sexual suministran la energía suficiente como para poner en crisis la existencia del mundo, de nuestro mundo, constituido por hábitos y creencias que parecen solidamente edificados hasta que aparece otro ser humano que se convierte en objeto de nuestro afecto. El deseo, trágicamente, nos vuelva vulnerables. Si se tiene suerte, el deseo se verá correspondido; si no hay suerte, el deseo consumirá a quien lo porta, a menos que se aletargue de nuevo en la rutina o encuentre un sustituto en otra persona o algún hábito adictivo. El deseo tiene una capacidad arrolladora –quizá sólo comparable a la certeza de la inminencia de la muerte– para hacernos dudar de que lo que vivimos en el pasado fue real o, al menos, lo suficientemente valioso como para justificar el momento del camino en el que nos hallamos parados. Como suponía Platón, el deseo –o el amor que se le parece– no es la fuerza divina más plena, sino la forma de carencia más necesitada de complemento: quien desea, lo hace porque se descubre carente de la energía suficiente para continuar viviendo, falto de ánimos para dejar el lecho de quien lo ha hecho perder la razón por el tiempo que dura la faena previa al orgasmo. Quien desea, es un ser carente, que está dispuesto a renunciar a su mundo tal y como lo conocía, a cambio de una sonrisa –por muy retorcida que ésta sea– del objeto del deseo. A Barbara Covett, la protagonista de Notes on a Scandal, el deseo la vuelve vulnerable como nunca imaginó que le sucedería; el deseo la hace querer construir un mundo en el que nada más que ella y Sheba, la amiga de quien se descubre enamorada súbitamente, tengan cabida. No importa que Sheba esté casada y tenga un par de hijos; al contrario, en las ensoñaciones de Barbara, el amor todavía no correspondido le daría a Sheba un pretexto para abandonar su realidad de hastío y conformismo. El mundo estorba frente al deseo que lo domina todo. El mundo sobra, pues sólo es fuente de distracción y de más deseo, y Barbara sabe que no quiere anhelar nada más que las caricias de Sheba y la torpe réplica que la propia Barbara les puede dar como ensoñaciones infantiles o miradas extraviadas. El escándalo para Barbara es que su propio mundo se descubra de pronto como una mentira, como una parodia de otra existencia sensual que adivina más plena y prometedora de placeres insospechados. La única forma de responder al escándalo que le provoca la certeza del deseo consiste, para Barbara, en conquistar a Sheba y volverla un objeto dócil, manejable, que satisfaga todos su caprichos sin que sea capaz de oponer resistencia. También es motivo de escándalo para Barbara, descubrir que el deseo sexual va ineluctablemente unido al deseo de posesión, y que éste último se emparenta con el deseo de destrucción. Trágicamente, Zöe Heller y Richard Eyre –autores respectivamente de la novela y la posterior adaptación fílmica de Notes on a Scandal– nos descubren que una forma habitual de construir un mundo nuevo, después de que el que habitábamos se colapsa por el deseo, es colonizar el de alguien más para instalarnos de manera parasitaria en éste. Heller y Eyre le otorgan a Barbara Covett, en el relato del deseo no correspondido que ella protagoniza, la voz cantante: el mundo que se colapsa es el suyo, el deseo que observamos lastimosamente escudriñar a Sheba es el de ella, la ironía que destila la voz en off resulta de una inteligencia que se ve excitada por el deseo. Por eso, la voz de Barbara es la que nos cuenta los hechos; son sus ojos los que observan el escándalo que se suscita en la pequeña comunidad inglesa y puritana en la que se sitúa la escuela en la que enseñan ella y Sheba, a partir del descubrimiento público del deseo que ésta última siente por uno de los chicos que tiene como alumno. El deseo de Sheba por su alumno genera un escándalo público; el deseo de Barbara por Sheba nunca sale a la luz, y por eso acaba pudriéndose en el sótano al que Barbara ha confinado sus anhelos más caros. En la película Notes on a Scandal, la obsesiva narración de Barbara Covett está rubricada por la música minimalista de Philip Glass. Nunca antes la música del compositor estadounidense había tenido una cualidad tan lúgubre, tan irónica, tan granguiñolesca. Lo que se narra es algo grave, de un tono operático que se aproxima mucho a la farsa: porque el deseo se puede narrar en un tono heroico, pero también a través de una narración irónica cuando no es correspondido de manera plena. Y es que parte del escándalo consiste en descubrir que el deseo no correspondido nos vuelve lúcidos, que trágicamente agudiza la mirada para anticipar la inminencia del naufragio.


III. Dudar de la existencia del propio mundo, y el escándalo que viene aparejado, también es consecuencia de encontrar una vocación insólita en la comprensión que uno tiene de sí mismo. Cuando nos concebimos como personas limitadas, la existencia es gris, pero plácida y segura; en cambio, el descubrimiento de un deseo de creación que tiene que ser satisfecho, produce inquietud y ansiedad, aunque también nos revela que el mundo tiene una paleta de colores ante la que hasta ese momento habíamos permanecido ciegos. Es escandaloso descubrir que nuestras manos producen cosas o realizan movimientos de los que ni siquiera nos imaginábamos capaces. Cuando surge una vocación, el mundo entero de un individuo se desgarra entre la lealtad a los hábitos conocidos y la herejía que significa abrazar nuevas formas de creatividad y de experimentación con la propia identidad. Las biografías de los artistas nos revelan este tránsito de la vida ordinaria al extraordinario descubrimiento de la vocación de creación. Y casi siempre, el mundo que rodea al artista se escandaliza, se aferra a sus pies para obligarlo a quedarse en la tierra e impedirle levantar el vuelo. El escándalo es que, aunque él no lo quiera, la vocación obliga al artista a dudar del mundo convencional en el que ha crecido, para abrazar la vocación de posar una nueva mirada sobre las cosas. El mundo de este individuo se colapsa cuando se le observa con una mirada nueva, con un ojo que quiere devorarlo todo y reciclarlo en nuevas formas de creación. A propósito de su película Balas sobre Broadway, Woody Allen dijo que ser artista es un feliz accidente de nacimiento, y no una profesión que se pudiera abrazar a través de la educación y la sensibilización. Diane Arbus, la fotógrafa estadounidense que revolucionó la fotografía en la segunda mitad del siglo XX, hubiera agregado que ser artista es un feliz accidente que bien vale el escándalo de renunciar a familia y comodidades, para prestar oídos a una voz interior que taladra como un martillo; una voz interior que a ella la obligó a dejar de fotografiar enceres domésticos para los catálogos de Sears y, en su lugar, sacar su cámara a la calle –a la América profunda– para retratar la miseria de la sociedad estadounidense a partir de los seres –monstruosos, deformes, marginales– que ésta colocó en la periferia. El escándalo que Diane Arbus quería provocar consistía en mostrar que lo monstruoso anidaba en el corazón de las buenas costumbres, en los vestidos de raso azul y en la vaselina que se untaban en el cabello los hijos de las buenas familias; el escándalo era producto de una deformidad en la conciencia estadounidense que estigmatizaba como anormales a un grupo de seres humanos –los sin hogar, los enfermos, los seres deformes, los pobres– que habían sido orillados a la marginalidad por esa misma sociedad burguesa. La belleza de una película como Fur: An Imaginary Portrait of Diane Arbus, dirigida por Steven Shainberg, consiste en mostrar el escándalo que resulta de la irrupción de la vocación artística en la vida de un individuo común. Más audaz es la propuesta de Shainberg, porque se sitúa en el terreno de la ficción biográfica o de la biografía imaginaria, para leer la vida de Diane Arbus de manera retrospectiva, como si el encuentro con el arte le hubiera venido de la mano de una bestia con corazón de oro, capaz de hacerla comprender su propia complejidad como ninguna otra persona “normal” lo habría hecho. Un esfuerzo cinematográfico de una belleza negra quizá sólo comparable a otra gran biografía imaginaria de la vida sentimental de una presencia fundamental para la cultura popular mexicana, es decir, Lucha Reyes, retratada por Arturo Ripstein en La reina de la noche. El escándalo para los estudiosos y devotos de la vida de estas dos mujeres atípicas –Arbus y Reyes, cada una en su ámbito y rompiendo tabúes propios– fue que ni Shainberg ni Ripstein optaron por la hagiografía –el relato devoto de la vida de quien ha alcanzado la santidad– ni el homenaje nostálgico. En su lugar, tanto Fur como La reina de la noche convierten a sus protagonistas en cuerpos y conciencias en proceso de autoexploración y subversión, en los que pueden reconocerse todos los que hayan sentido el deseo de crear y dinamitar los límites del propio mundo. Fur culmina el escándalo de su lectura de la vida de Diane Arbus, haciéndola desfilar por un campo nudista –en el hermoso cuerpo de Nicole Kidman, quien también tiene la capacidad de escandalizar a sus seguidores, al escoger propuestas fílmicas tan arriesgadas como ésta o Dogville junto a películas abiertamente comerciales–, cubierta por un abrigo fabricado de pelo humano. Por su parte, el escándalo perpetrado por Ripstein, La reina de la noche, culmina con Lucha Reyes a punto del suicidio, transitando entre espejos en los que ya no alcanza a reflejarse, como un recipiente que ya no puede contener más emociones –con el rostro trágico de Patricia Reyes Spíndola, quien, como dijo un crítico nacional hace no mucho, no sabe actuar mal y es incapaz de aparecer como irrelevante en una película, así sea por sólo cinco minutos.

14 comments:

Yayo Salva said...

Decirte que he disfrutado leyéndote sería decir poco. He recordado viejas obsesiones, he desempolvado viejos manuales de filosofía, he reflexionado... ¿Qué más se podría pedir?
Un cordial saludo.

Nyman said...

Agradable amanecer he tenido leyendote, Mario. Hablaba yo en mi blog acerca de seres especiales, que hacen caso de ese llamado interno que los obliga a ver de otra forma su existencia. Creo que los artistas, como dices, dan ese importante paso de lo ordinario a lo extraordinario. Se lo creen y lo transmiten al mundo.

El deseo, el deseo...me has dejado pensando.

Y casi coincido con lo de Glass. A mi parecer, Glass compone casi siempre igual (esa tonadilla que desde Mishima no suelta). Lo que sì creo es que habrà algunas pelìculas a las que su mùsica les confiera un ambiente ideal, pero hay otras para las que simplemente serà un accesorio màs; de lujo ciertamente.

Abrazos en estos dìas de descanso (aunque tambièn y como se mira, de reflexiòn).

Josue said...

Es cierto, cuando un artista tiene ese momento de lcuides , cuando sabe a que ha venido, es lo mas dificil de aceptar por como cambia la forma de concebir todo lo que le rodea y si generalmente los demas o su entorno luchan por no dejarlo volar, ya sea por querer aferrarse a algo como la comodidad de la que te refieres que ya lo has mencionado antes, pero en si cuando das un paso ala genialidad aunque sea el mas minimo o tienes un momento de lucides, en verdad notas que todo cambia y ya no es tan divertido como solia ser. Por lo general se encuentran solas esas personas, para mi esos son los verdaderos heroes, los que no se conforman con lo establecido y avanzan hacia un mas alla...

Como un amigo decia "$ 3.000.00 para hacer palomitas, pinche capitalismo P%$%&".

(Con respecto alo de kant eso se me vino ala mente , nos eporque)

Un abrazo, mario!!!!!!!

Cinzcéu said...

Como siempre, hay aquí veinte temas que habilitan, cada uno, veinte entradas distintas. Me centro en una de esas cuatrocientas.
"Woody Allen dijo que ser artista es un feliz accidente de nacimiento, y no una profesión que se pudiera abrazar a través de la educación y la sensibilización". Una de cal y una de arena: claro que no es una profesión abrazable pero tampoco es una marca genética ni un don que algún dios ponga en tal o cual sujeto. De hecho, "ser artista" es sólo una de dos cosas: una pretensión romántica ya demasiado fijada a tendencias decimonónicas; una categoría que el mercado adjudica a quienes logran vender (en vida o post mortem) sus producciones. Desde mi punto de vista, "ser artista" no define más que una dimensión de lo humano, a veces más acentuada en un ejemplar que en otro de la especie pero imposible de referir a una clase de sujetos iluminados por un dios o genéticamente determinados. A veces creo que el autodenominado "ser artista" es semejante al "ser político": uno que hace lo que todos hacemos pero se las arregló para cotizar muy alto su supuesta especialidad.

herr Boigen said...

Beautiful post, dear. I loved the whole overview ranging from Berkeley to Kant.

Has visto ya "Secretos Intimos"? (Little Children)... se apareja un poco con la de "Notes on a scandal" y con la vida de la fotógrafa.

Minar las fronteras de lo inmediato, I love that concepto.

Saludos

tu.politóloga.favorita said...

Creo que lo único que me gusta de Kant es el imperativo categórico.
En cuanto a Notes on a Scandal, me pareció maravilloso el personaje de Barbara Covett. Es tan representativo del deseo frustrado! Lo que dices de la lucidez que brinda ese tipo de deseo me es familiar. Creo que está de más mencionar que estando arriba de un peñasco a punto de saltar el aire resulta ser más limpio.
Saludos!

Senses & Nonsenses said...

aún no he visto notes on scandal ni la peli de kidman sobre arbus. pero seguiré tus recomendaciones.
ahora, no sé si te lo había dicho, pero 'la reina de la noche' es mi peli favorita de ripstein (entre las que he visto). y totalmente de acuerdo con lo de Patricia Reyes: esa actriz es sobrehumana.

como siempre, un post excepcional, gracias por hacernos pensar además de pasar un rato muy agradable contigo.

un abrazo.

Arkturo said...

No eh mirado Notes on A Scandal, pero ante el hermoso post que acabas de hacer, me habres una visión tan extensa, de lo ruidoso y escandalóso que es mirar con razón, y caer en el humanismo, en este mundo.

sin duda alguna, me eh identificado con todo esa carencia de afecto, que a momentos solo lo tomo como capricho

exelente!

José Merino said...

Y como casi siempre, queda la certeza de que el verdadero escándalo es el silencio y la remosión apresurada de sudores...

el juntacadáveres said...

un deleite... leerte se vuelve un deleite... y por eso espero a tenr el tiempo del mundo para poder hacerlo...
no comento nada por temor a decir una burrada... sólo atino a decir que me daré u ntiempo a releerte para intentar crompdender un poco más...

saludos... gracias por el abrazo...

mrtnclzd said...

caramba. me equivoque de carrera entonces? hahaha
saludos. =)

Mario said...

Yayo:

Muchas gracias por el comentario. Yo tambiém he tenido que desempolvar mis libros de teoría del conocimiento últimamente, que tampoco es la parte de la filosofía en la que me sienta más cómodo... Junto con la lógica, siempre son las clases que más terror me daba que me ofrecieran dar... Un abrazo, Yayo...

Monsieur David:

Quizás muchas cosas importantes en la vida son más de creérselo que de efectivamente serlo; si crees en tí, puedes dar el siguiente paso hacia la acción.... Hay que seguir pensando sobre el deseo o, mejor aún, dejarse llevar sin pensarlo mucho... Sobre Glass, creo que es el mismo y siempre diferente. Me siento más cercano emocionalmente a la música de Nyman, pero de Glass me gusta ese poder hipnótico, esa capacidad de escucharlo y sentirte fuera del mundo y de nuevo regresado súbitamente a la realidad. Tal vez su trabajo en cine sea algo homogéneo (no obstante, lo que ha hecho para "The Hours", "Kundun" o la trilogía "Qatsi" me parece estupendo), y él mismo lo ha dicho, porque sabe que la música para cine es sólo eso: acompañamiento que no debe estorbar a la narración de la película. Las óperas y las otras cosas que ha hecho con el Kronos Quartet, por ejemplo, te permiten apreciar a un Glass más libre y más complejo. Me gustaría que escucharás su soundtrack imaginario para "La bella y la bestia" o el "The Civil Wars"... Por cierto, ¿has escuchado "Facing Goya", de Nyman? ¿Qué te parece?

Josué:

Sentirse cómodo es peligroso. Uno empieza aceptando cosas que usualmente no aceptarías, porque piensas que es temporal, que sólo se trata de un medio para sobrevivir mientras encuentras lo que realmente quieres hacer. Así pasa con el trabajo: en un país donde nadie hace lo que quiere, sino lo que puede, como decía el anuncio... Sé que estar cómodo es muy riesgoso porque se anquilosa el esqueleto, se desacostumbran las articulaciones al movimiento vital... Lo que no me gusta tanto es que últimamente me siento demasiado cómodo en lo que hago, y eso definitivamente no es un buen síntoma... Y creo que lo que trató de hacer Kant fue, precisamente, delimitar un espacio en el que la vida humana fuera confortable, en el que el intelecto pudiera decir cosas con sentido... Un abrazo tambiém para ti...

Cinzcéu:

Estoy totalmente de acuerdo contigo. La posición del artista admite una genealogía como cualquier otra construcción cultural. Desmontando la posición del artista, y por qué él ha llegado a ser el paradigma de la libertad y la autocreación en nuestras sociedades, te das cuenta de cómo la historia crea privilegios y otorga concesiones... Pensaba un poco en algo que decía Ripstein a propósito del cine digital: éste representa la verdadera democratización del cine. Si antes filmar requería un equipo de luces, tramoya y de filtros imposible de costear para el principiante, ahora la cámara digital pone al alcance de casi cualquier individuo que pueda pagar su alquiler la posibilidad de filmar, de crear imágenes en movimiento. Ahora bien, decía Ripstein, eso no significa que surjan grandes cineastas debajo de las piedras, seguramente habrán muchas películas malas y pretenciosas y pocas buenas y honestas. Pero, ¿de qué otra forma se construye el arte sino trabajándolo, experimentándolo, echando a perder, ensayando y volviendo a empezar de cero?...

Doktor Boigen:

Últimamente se me aparecen muchas películas que hablan de esa idea de minar las fronteras de lo inmediato. O tal vez es pura proyección mía, en busca de inspiración o justificación para minar el lugar en que ahora me hallo demasiado cómodo... "Little Children" me gustó mucho: esa idea de que todos somos como chavalillos aprendiendo a caminar cuando queremos correr, pero que al correr nos lastimamos, y también que necesitamos esos raspones para sentirnos vivos y que las paredes de nuestro propio mundo se hacen pequeñas... Y todo el proceso podría ser retratado por la mirada de Diane Arbus...

Mi politóloga consentida:

Y además de consentida, la que se sitúa más a contracorriente. Porque últimamente prendes la televisión o lees los periódicos, y todos los politólogos y las politólogas opinan lo mismo. Pero usted, siempre original y siempre firme en sus ideas... Es maravilloso ese personaje de Barbara Covett, al borde de la caricatura, de la tragedia, de la compasión, del derrumbe, y siempre listo para sacar ventaja de la situación y de los demás. Y lo mejor de la peli es que Judi Dench lo sabe muy bien, sabe darle el tono justo... Es lúcida para dejarle la suficiente dignidad a esta mujer para precipitarse en su caida con los ojos abiertos, lo que muchos seres de la vida real no son capaces de soportar... Un abrazo, chica politóloga...

Senses:

Gracias, siempre, por estar cerca... Con el tiempo ha cambiado mi percepción de "La reina de la noche". Cuando la ví por primera vez cuando tenía 16 años (es decir, de contrabando, por que la clasificación en México fue de "sólo para adultos), me pareció un relato lúgubre sobre un amor imposible, nada más. Pero con el tiempo, y acumulando a cuesta situaciones que me he construido como un destino que parece insuperable, cada vez me conmueve más la historia de esta mujer que se precipitó voluntariamente al abismo, sin concesiones, sin que nadie la ayudara a salir. Ahora la veo como un hermoso testimonio de la capacidad de autodestrucción del ser humano, precipitada por el deseo no correspondido. No puedo estar más de acuerdo con la crítica que hizo en su momento un periodista francés, quien decía que después de ver esta peli de Ripstein, no podía imaginarse el infierno de otro color. Y es que la película es visualmente hermosísima, y su puesta en escena un mecanismo de relojería en el que todos los movimientos de cámara y la caída de la luz sobre los personajes cumplen una función narrativa precisa... Y la Reyes Spíndola, en el centro de todo esto, genial. Es una gran actriz trágica. Aunque también sospecho que tiene una vena cómica tremenda. Si has visto "Mujeres insumisas", sabrás por qué lo digo. Yo tuve el privilegio de verla en teatro, dirigida por Ripstein, en una obra ("Forever") escrita por un hijo de Buñuel. Una comedia que poco a poco se iba transformando en una tragedia desgarradora, con final de autoinmolación incluido...

Querido Akturo:

Ahí está el escándalo, y los seres humanos para escandalizarnos. Mirar las cosas con calma, con un poco más de atención de lo normal, siempre te devuelve una imagen extraña de lo familiar... Siempre me ha parecido que la realidad es como esas esferas con líquido dentro que representan paisajes nevados: basta agitarlas un poco para que suceda la tormenta, para que el agua transparente se vuelva turbia... El verdadero horror es muy familiar. Como decía una amiga el día de hoy en una plática: el horror está en las novelas donde la violencia se despliega de manera brutal, pero también en los encabezados de nota roja que se permiten jugar con la idea de que alguien se electrocutó y titular la nota como "Chicharrón!!!"... Un abrazo

Don José Merino:

Claro! Es más escandalosa una vida sin escándalos que la exposición pública al escarnio. A fin de cuentas, la opinión pública siempre cambia, siempre quiere carne fresca para devorar... Pero que vivas sin que nada te pase, que pases por el mundo sin dejarte tocar un poco por la gente, eso si es triste...

Junta:

Al contrario: gracias por ser cliente frecuente de este establecimiento de poca monta, casi desde el momento de su apertura... Y, de nuevo, un abrazo, que nunca están de más...

Mrtncizd:

Creo que todos erramos un poco la carrera, ahora que ya no se producen casi hombres con espíritu renacentista a quienes se les de bien el arte y la ciencia... Uno escoge una carrera, y al mimo tiempo también cancela vocaciones insospechadas que sólo podrían haber florecido al abrigo de la duda, en tiempos de incertezas... Gracias por venir por acá y comentar. Espero que no sea la última vez... Un saludo, y hasta pronto

arquetipo said...

yo tuve un perro ue se llamaba Kant...loo extraño
me encanta lo que escribes, pero soy devil visual podrías hacer la letra más grande ó escribir menos?
gracias
aq

Mario said...

Arquetipo:

Kant es un buen nombre para un perro, sobre todo si es un animalito que con el tiempo se vuelve entrañable... Como que Habermas, en perro, no suena nada bien... Un abrazo, y realmente te ofrezco una disculpa por ser desconsiderado. Cada vez me doy cuenta más que estoy muy acostumbrado a pensar que mi forma de ver el mundo es la de los demás. Pero también trató de cambiar y de ser más consciente...