Wednesday, May 23, 2007

El arte de ser endeble



Coyoacán es uno de los pocos barrios de la Ciudad de México en los que aún se puede caminar con placer. Durante buena parte de mi estancia en la Universidad, Coyoacán era un refugio constante en mis andanzas, aunque mi campus y este lugar estuvieran alejados muchos kilómetros de distancia. Siempre que se trataba de imaginar un espacio para conversar un buen rato, o simplemente para perder el tiempo en compañía, mis amigos y yo acabábamos en aquel lugar, tomando café, haciendo tiempo para entrar a la siguiente función de la Cineteca Nacional, hojeando libros que no podíamos comprar en los diversos locales de la zona. Nunca las horas muertas me han vuelto a saber tan bien como en aquella época; supongo que no es el tiempo el que ha cambiado, sino mi capacidad para perderme en él sin culpa. Coyoacán era la promesa de una película en la Cineteca Nacional (en los buenos días, quizá dos funciones), de la sobremesa para desmenuzarla según los postulados de la teoría del cine de autor en la que tan fiel –e ingenuamente– creíamos y, finalmente, del viaje eterno en metro de regreso a casa, para pensar y repensar lo visto y lo conversado. Y en Coyoacán, aparte de descubrir el placer por el cine, me encontré con un lenguaje tan rico como complejo, del que no he podido desligarme desde entonces: el teatro. En esos años, descubrí un pequeño foro teatral en la calle de Madrid # 13, en lo que alguna vez fue la casa del poeta Salvador Novo: “La Capilla”, ocupada desde entonces por la compañía Los Endebles, dirigida por Boris Schoemann. Digamos que mi modesta mirada sobre el teatro, fue educada en este pequeño espacio, cuyo escenario no es más grande de 12 metros cuadrados y en cuyo patio de butacas no caben más de 50 personas.

Lo que me gusta del teatro es su capacidad para crear mundos enteros y complejos, donde sólo existe la nada y un telón negro de fondo. Cuando un actor es hábil, basta con que contemple el vacío con una mirada de amor perdido, para que nosotros imaginemos delante de él al ser más hermoso y virtuoso del mundo. Cuando el director logra entablar un diálogo con el texto que tiene que llevar a escena, aunque la acción ocurra en el siglo XIII en un monasterio portugués, puede convertir dicho texto en un comentario furioso sobre la situación política contemporánea. Siempre que haya la imaginación suficiente, el barco que transporta a Rosencratz y Guildestern o el tren que inunda las pesadillas de Freud, pueden ser convocados a escena con un simple juego de luces y sonidos. El teatro nos pide, aún más que el cine, que sustituyamos por un momento nuestra incredulidad por la capacidad de asombro que es característica de los niños. El teatro demanda que hagamos acopio del placer oculto que implica cumplir cabalmente una ceremonia, una representación que no tiene otro propósito utilitario más que dar un tono operático a una acción que de otro modo sería terriblemente mecánica. Como decía Peter Brook, para que exista el teatro basta con que dos seres humanos se encuentren en un espacio vacío, y uno asuma la posición del espectador.

En la Ciudad de México, la cartelera teatral es vasta. De hecho, se supone que pocas ciudades de Latinoamérica tienen tantas y tan variadas propuestas teatrales de manera simultánea. Una amiga que fue a Buenos Aires me decía que sólo allí y en la Ciudad de México había presenciado largas temporadas de una misma obra en la que hay más personas arriba del escenario que entre el público. En México, hacer teatro –y cine, literatura, danza, música, pintura, escultura– tiene algo de heroico. Claro que también está el teatro de fórmula que monta una comedia de equivocaciones, con puertas que se abren y se cierran cada cinco minutos, y protagonizada por actores de la telenovela del momento, con el solo fin de ganar dinero. No está mal querer ganar dinero, por supuesto, pero el verdadero teatro está en otra parte.

Desde el año 2001, “La Capilla”, en Coyoacán, está bajo la dirección artística de Boris Schoemann. Allí, él ha convocado a un buen número de autores diversos, que tienen en común escribir en francés o lanzar una mirada subversiva sobre los grandes temas de la dramaturgia. Incluso, cada fin de año, Schoemann y el grupo de escritores y directores de escena que ha consolidado con el tiempo, montan una suerte de antipastorelas, para celebrar el nacimiento de Dios en un mundo en el que parece estar ausente de manera permanente. Como puede verse, “Los Endebles” hacen teatro subversivo y, mejor áun, buen teatro subversivo. La primera obra que presencié en “La Capilla” fue, precisamente,
“Los endebles o la repetición de un drama romántico”, en la que asistíamos a la representación de una representación. Teatro dentro del teatro, en el mejor sentido de la expresión, dirigido por Boris Schoemann con una capacidad de decir mucho con muy poco, que es impropia de los productos artísticos hechos en México. La historia ocurría en tiempo presente, dentro de una prisión en Québec, y narraba el secuestro de un obispo por parte de los internos para obligarlo a presenciar una representación de un hecho terrible ocurrido cuarenta años atrás, que lo vinculó de manera trágica con uno de los internos. La “repetición del drama romántico” consistía en que los internos de la prisión, a manera de venganza, representaran el asesinato de un joven a quien el entonces joven obispo, Jean Bilodeau, apodaba “el endeble” y quien estaba enamorado de otro chico del que el propio Bilodeau se descubría enamorado. Ante la imposibilidad de consumar su pasión amorosa, Bilodeau asesinó a “el endeble” y culpó a su joven amante del hecho. El amante ha tenido que purgar una condena en prisión por el asesinato de su único amor, y el obispo ha sido traído hasta la prisión para oficiar una misa de redención. La obra, de Michel Marc Bouchard, era un ajuste de cuentas con un pasado en el que la homofóbia interiorizada impidió a un grupo de jóvenes quebequenses vivir su sexualidad de manera no culpable; pero también mostraba la forma en que Québec permanecía como una isla de cultura que se negaba a asimilarse a las costumbres de la parte angloparlante de Canadá.

Posteriormente, en el mismo foro,
“El camino de los pasos peligrosos”, del mismo Bouchard y dirigida también por Boris Schoemann, narraba una historia fantástica en la que tres hermanos, de camino a la boda de uno de ellos, sufrían un accidente de carretera que les impedía alcanzar su destino. Allí, solos y sin manera de comunicarse con sus casas, los hermanos empiezan a sacar los rencores del pasado y a revelar, precisamente, el camino que llevó a cada uno de ellos a una peligrosa existencia plena de insatisfacciones y sueños no cumplidos. Para estos niños crecidos que un buen día se despertaron con la carga de las responsabilidades adultas a cuestas, la fuga de su realidad aparece como la única opción para salir de la frustración existencial. Sin embargo, lo que Bouchard plantea es que hay un límite para los sueños no cumplidos, y este es el que señala la muerte trágica, sorpresiva, ridículamente cotidiana, como la propia insatisfacción que se siente al despertarse por la mañana cada día. Aunque nos empeñamos en creer que siempre hay tiempo para cambiar, la vida se acorta cada segundo, y las fuerzas se van agotando con cada brazada para intentar alcanzar la otra orilla del mar.

Boris Schoemann ha rescatado a muchos autores francoparlantes –vivan en Francia, Québec o Argelia– para mostrar las profundas afinidades entre los sentimientos de frustración y de pertenecer a la periferia, independientemente del idioma en que se expresen. Otro de los temas constantes en los textos que elige Schoemann para llevar al escenario es la forma en que construimos espacios utópicos en los que la realidad acaba colándose de manera inevitable, para destruir ese orden que tan cuidadosamente hemos planeado. Ese es el tema de
“El canto del dime dime”, drama escrito por Daniel Danis en el que una familia de hermanos huérfanos se esfuerzan por mantenerse al margen de la sociedad que los califica como subnormales, por profesar un amor casi insano por su hermana parapléjica. En el microcosmos cuidadosamente protegido del mundo exterior que los hermanos han convertido en su fortaleza, nadie que no comparta el amor por la hermana enferma puede entrar. Para pasar el rato, los hermanos practican el juego de las palabras (del “dime dime”) y ensayan diversas formas de cantar su amor por esa vida construida a contracorriente de las ideas comunes de normalidad y salud mental. Sin embargo, como bien sabemos, toda utopía lleva en sí misma el germen de su autodestrucción…

La última obra dirigida por Schoemann que he visto en “La Capilla” es
“El regreso al desierto”, escrita por Bernard Marié Koltés. Aquí el tono es radicalmente distinto de las anteriores obras: hay una tragedia de fondo, muchas preguntas existenciales, pero al autor ha asumido que estas situaciones, mal vistas pero bien miradas, mueven a la risa, a la compasión. El desierto al que Andrea y sus hijos regresan es la Francia que tiene una profunda deuda histórica con Argelia. En Argelia, Matilde es la francesa, y en Francia ella es la argelina. Koltés escribe sobre la sensación de ser extranjero en todas partes, y sobre las formas cómicas que toma la desconfianza hacia lo que percibimos como radicalmente distinto de nosotros. Una obra tan divertida como aguda, con una Julieta Egurrola en estado de gracia en el centro de la representación.

Ahora, la compañía de Boris Schoemann ha mudado temporalmente su residencia al complejo teatral del
Centro Cultural del Bosque, atrás del Auditorio Nacional, en la Ciudad de México. Y allí está presentando algunas de las obras que ya han tenido corrida en “La Capilla” y que, bajo ninguna circunstancia, hay que perderse. Incluso, a mediados de junio, Boris Schoemann hará un par de funciones de “Los Endebles o la repetición de un drama romántico”, obra que no ha montado en mucho tiempo y que, desde mi punto de vista, es la joya de la corona de esta compañía teatral.

26 comments:

ishsed said...

desde lo mas arcaico de las edades americanas.hasta lo mas actual de las artes de ruptura estan en coyoacan- y se que suena a publicidad de FONATUR... pero es en mi opinion uno de los barrios mas cultos de la ciudad de mexico-- tengo una duda-- "la capilla" es el teatro del bar "el habito"??? espero tu respuesta--no se si hay dos capillas en coyoacan!! --tu blos 's genial--cuidat--

Mario said...

Exacto! La capilla está en el local de El Hábito que antes regenteaban Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe. Ahora es "El vicio" y lo tienen las Reinas Chulas. Y siguen haciendo cosas bien subversivas... Si vienes de la Cineteca, pasas Churubusco, lel Sumesa, y das vuelta en la calle de Madrid; allí, a unas casas de la esquina, está el recinto de Los Endebles... Aunque parezcamos promotores de FONATUR, jejeje.... Saludos, y gracias por venir por acá

Ben said...

OOO! Coyoacán, mi barrio favorito de la ciudad de México. Alguna vez leí que en la Ciudad de México sólo hay alrededor de 70 librerías. Al parecer la mitad de ellas están en Coyoacán.

Un abrazo

pablo rosenzvaig said...

llegué por rem. vuelvo por un comentario tuyo sobre cabrera infante y debo decir que en realidad no vuelvo porque mañana trabajo demasiado temprano.Ese mañana que en realidad es hoy.
O sea que hago de la palabra un ocio o del ocio una palabra.
Lo más claro de todo esto en realidad debería ser un hola asi que hola.

pablo rosenzvaig said...

y me olvidaba.
ojalá fuera todo como like dylan in the movie.

el chico de la chaqueta azul said...

Qué ganas me han entrado de leer, ante la imposibilidad de ver la representación, la obra de "Los endebles o...": he de enterarme si está traducida y si se puede conseguir aunque me temo que será difícil y qué ganas de pasearme por ese barrio y perder el tiempo en sus librerías..un saludo

Zelig said...

Querido Mario,

Toda mi envidia para tí; en estos lares, la verdad, es difícil encontrar teatro subversivo o por decirlo mejor, teatro arriesgado y de pequeño formato, todo está bastante más institucionalizado y aquellos que se arriesgan prácticamente no tienen adonde ir, por no hablar de los precios prohibitibos.

¿Como van esos "Detectives"?

Saludos,

Z

Fanmakimaki ファンマキマキ said...

El teatro me produce una sensación de voyeour excitnate. ME siento incomodo si percibo que algún actor se ha olvidado del papel. Es pura magia. Me encanta.

UnBlogDePelícula said...

Saludos!!
Gracias por tu comment en mi blog :)
Por cierto, subrayaste aspectos muy ciertos... Esperaremos varios meses antes de que estas pelis lleguen a México; para ejemplo esta El Violin, que apenas se esteno y que hace un año recibio un premio en Cannes... Sobre Reygadas pareces tener también la razon.

Cambiando de tema... Es post sobre el arte de ser endeble me sirvio para darme cuenta de varias cosas:

1. Que no conozco nada bien el sur (y centro-sur) de la ciudad.
2. Que casi nunca voy al teatro, aunque cuando voy lo disfruto mucho.
3. Que practicamente no me entero de las actividades culturales de la ciudad.

Sera que trabajo mucho... héhéhé
Nos vemos!

Yayo Salva said...

Se nota a la legua que eres un amante del teatro moderno. En eso coincidimos, aunque ninguna de las obras que mencionas han pasado por la cartelera madrileña, que recuerde.

Té la mà Maria said...

si teneis un momento y queries entrar en el blog mas irreverente, iconoclasta, ecléctico y libertario
http://telamamaria.blogspot.com
se encuentra en Reus -Catalunya
gracias por todo

tu.politóloga.favorita said...

Buu aquí casi no hay teatro. La última vez que fui al DF vi una en el Helénico.
Creo que ahora hay una en el Centro Cultural del Bosque, llamada El Cielo en la Piel. Te la recomiendo.
Cómo no enamorarse de Coyoacán los fines de semana?
saludos!

Tessitore di Sogno said...

Como escritor, amigo y ahora guía de turistas, aun así me gusta mucho el centro de Tlalpan... pasé a dejarte un abracito Mario.

Josue said...

Mario pssss... como yo no vivo en el d.f ni idea la verdad, aunque si he oido de ese barrio.Talvez lo visite cuado vaya ahora en el verano con un amigo aparte de mis planes de (fotografiar,recomendaciones??)


EL teatro se me haze de una manera muy suversiva a como se ve en la tele o peliculas, nose porque pero esa sensacion me da, desde siempre aunque no soy un experto claro y concuerdo con el teatro formulista que existe hoy en dia, que mas se le puede hacer... pero las cosas asi estan y de igual forma eso es lo importante creo yo
un abrazo

Silencio said...

Me era igual, un par de trolebuses me dejaban en Coyoacan, bueno Miguel Angel de Quevedo y de ahi a la función de las 430, hoy comentaba que.. pues si hace más de 10 años vi trainspotting y sigo viendo bornj slippy como algo actual, bueno fuera de eso, las librerías, el café de 5 pesos ( en es época ) los discos inalcanzables solo en el Parnaso y las borracheras bugas bugas bugas en el horrible y buga hijo del cuervo, caminar y caminar, Santa Catarina, La conchita, etc, a ese teatro solo he ido un par de veces, siempre me quedé con la idea de que era más Cabaret que otra cosa, bueno una razón más para en caso de no encontrar boletos, dirigirme ahí.

Saludos

Der Phönix: Vogel des Feuers said...

Hola.

El Barrio de Coyoacán, que duda cabe, es uno de los más bonitos de la ciudad, aunque de repente me molesta ver tanta gente, basura y vendedores (aunque parece ser que ya los quitaron, bien!!).

La Capilla... fui ahí un par de veces a ver dos puestas en escenas de autores curiosos pero prescindibles... y su dueña, Jesus Rodríguez pues...

Has leído una nota de Sheridan sobre Coyoacán? creo que está en "Lugar a dudas" muy bueno!

Saludos desde Ciudad Universitaria.

Sergio.

tnf25 said...

Que maravilla el teatro!...y despues de leer este posteo no puedo sino comprometerme en volver a Coyoacan mas seguido e ir no soloa ver teatro, sino a escucharlo..¿que seria de mi vida cultural sin este blog?..preguntome yo

Arkturo said...

Coyoacan me trae muchos recuerdos, y eso que nunca lo eh vistiado, recuerdos de infinidad de gente, y màs aùn la Capilla, ese cabaret medio lésbico, en donde Jesusa Rodriguez en momentos monta sus satiridades, allí en coyoacan está una magia impregnada por los recuerdos de la música, del teatro, del ritmo, de la imágen, allí vivió carolina, esa vieja chica española, que se fué consumiendo por el sueño de un bar de Jazz que en poco se dará a conocer para el mundo.

Cielos, que mejor que el teatro, mi pueblo me tiene imposibilitado el ir al teatro, aquí las obras son muy baratas y poco concurridas, creo que la muestra más grande que eh tenido del teatro ah sido por medio de la tv, pero creo que la experiencia concurrida en algo más real y cercano, cambio totalmente el sentimiento de vivir una obra teatral.

un enorme saludo caballero

inMundo said...

Tomaré su recomndación. Me deja intrigado con el trabajo de "Los endebles".

GeekGangster said...

Tocayo!!
Te paso a ti a tus lectores este tip

El nuevo concepto en Radio y TV digital Por Internet

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Demasiado Tiempo Libre Martes y Jueves de 18:00 a 19:00 HRS

DAMEVISIONTV

Senses & Nonsenses said...

el teatro es la expresión más revolucionaria posible. en esta ciudad donde durante años el presupuesto municipal iba destinado a otros menesteres, era en el teatro de calle y vanguardista donde podía encontrarse el discurso más radical.
...aunque no hay nada peor, más aburrido, que el teatro burgués que aplaude la clase media.

bernard marie koltes ha estado de supermoda por acá. de koltés ví una obra, que curiosamente tb hablaba del racismo y el cononialismo. me aburrí soberanamente. pero todo depende de la puesta en escena, y en este caso que conozco al director, pueda ser esta la causa.

un abrazo.

pd.: qué bien habláis todos los blogueros mexicanos de coyoacán...
si alguna voy a méxico me pasaré por allí, fijo.

Mario said...

Ben:

Así es: parece que Coyoacán concentra una buena parte de la vida cultural de esta ciudad. Creo que tiene que ver con la cercanía con Ciudad Universitaria, y que es estación obligada de paso si uno anda en busca de libros o de música. Aunque a veces eso deriva en cierta fauna demasiado creida de sí misma, que cree que Coyoacán es exclusivo de su propiedad... Un abrazo

Pablo:

Sólo una recomendación: If they follow you, don´t look back like Dylan in the movies... On your own, if they follow you, it's not your money that theyre after boy its you... Un abrazo, por Cabrera Infante, por Morrisey y por R.E.M.

Chico azul:

En México, "El Milagro", que es una pequeña compañía especializada en editar guiones de cine y literatura dramática, hace unos años sacó la traducción al español de tres obras de Bouchard: "Los endebles", "Las musas huérfanas" y "El camino de los pasos peligrosos". Desafortunadamente, fue un tiraje pequeño y con una distribución limitada. Así que el libro es prácticamente inconseguible. No sé si en Amazon hay algo... Aqui hay una relacion de sus obras publicadas en francés e inglés:

http://www.litterature.org/detailauteur.asp?numero=87

Pero si consigo algo de él, te digo y vemos la forma de compartirlo... Un abrazo

Querido Zelig:

Camaleónico y oportuno como siempre. Un día tendrías que venirte a México a deambular por los teatros pequeños, y yo irme a Madrid a degustar la oferta cinematográfica. Serás bienvenido... Respecto de esos "Detectives", pues no han avanzado mucho. Ayer fue mi examen de maestría y eso me consumió a morir durante los últimos dos meses... Extraño la literatura... Un abrazo


MakiMaki:

Claro, somos voyeurs. Somos los no invitados a contemplar las intimidades ajenas. Y eso es muy divertido, o muy dramático, según lo que contemples. Más en estos espacios pequeños, donde casi puedes sentir la respiración, donde percibes en qué momento el actor se despega del texto para improvisar y jugar con su personaje... Un placer, pues... Un abrazo, MakiMaki

Hey, blogger de Un blog de película:

"El violín" tardó mucho en estrenarse. Afortunadamente, creo que encontró su público y ha resistido en cartelera. La paradoja es que parece que las pelis mexicanas de ciertá ambición circulan en todo el mundo antes que en México. Por ejemplo, yo vi "La virgen de la lujuria" de Ripstein en un DVD región 1, un año antes de que acá llegara a dos cines. Y eso me recuerda que sigue pendiente de estrenar "El cielo dividido" de Julián Hernández y "La niña y la piedra" de Marise Sistach... No trabajes tanto, y date la oportunidad más seguido de perderte en el teatro. Aunque seguro, como decía una amiga ayer a propósito de mi, tú por actividad placentera entiendes exclusivamente meterte al cine... Un abrazo

Yayo:

Me encanta el teatro, aunque también el clásico. Me gusta ver cómo alguien interpreta una obra clásica para sacarle nuevo filo a una propuesta formulada en otro tiempo. Lo último que vi en teatro era, precisamente, una versión de "La comedia de las equivocaciones" de Shakespeare, que se volvía un comentario muy mordaz sobre la situación de los inmigrantes de paso por países hostiles a la diferencia. Por eso Shakespeare sigue siendo vigente. Es curioso lo que dices, sobre por qué Bouchard no se ha montado en España. Buscando referencias en español, me encontré sólo con una puesta en Uruguay, y nada más. Aunque a través de Bouchard, me doy cuenta de que hay muchos puntos de contacto entre nuestras sociedades latinas... Un abrazo, Yayo

Sr. María:

Bueno, pues démosle una oportunidad a su propuesta... Saludos

Mi politóloga favorita:

¿Cómo no enamorarse de Coyoacán y cómo no enamorarse en Coyoacán? ¿Cómo no perder la noción del tiempo entre esas calles que conducen siempre al mismo centro?... "El cielo en la piel" también tuvo corrida en "La capilla". En su momento no la ví, pero ahora me haré un espacio... Un abrazo

Tessitore:

De verdad que es todo un acontecimiento encontrarte por acá. Te imagino ideando todo tipo de estrategias informáticas para burlar a los sistemas de seguridad de tu trabajo, jejeje... El centro de Tlalpán, aunque parecido a Coyoacán en algunas cosas y en ese ambiente entre frío y húmeso permanente, tiene una fauna diferente y sus propios placeres. Un buen lugar para emprender una caminata de exploración... Un abrazote, Tessitore...

Mario said...

Silencio:

Ese trayecto se parecía mucho al mío. Sólo que yo sólo tomaba un micro que hacía la eterna ruta entre la UAM-Iztapalapa y el Metro Coyoacán. Nunca me asaltaron en Iztapalapa, contra todo pronóstico, y en esa ruta, a la altura de la Cineteca, me robaron los cinco pesos para el Café... Sin café, y sin cine, pues Coyoacán no es lo mismo... Ya son 10 años de Trainspotting? Se nos fue volando el tiempo, y cada que reviso la película, Renton sigue igual de colocado en el fondo de su alfombra, escuchando a Lou Reed... En esa época me acuerdo mucho de "Fargo"... Un abrazo

Mario said...

Dr. Phönix:

Gratísimo descubrimiento el de ti y tu espacio. Ya muy poca gente lee Cernuda, y mucho menos a Ortega y Gasset... No conozco ese escrito de Sheridan, aunque de él siempre me divierten mucho sus reflexiones ácidas sobre los esplendores y miseria de la academia mexicana, que es un microcosmos que reproduce lo que pasa a nivel macro en el país...

TNF25:

Tienes que volver a Coyoacán por el teatro, pero también írtelo a buscar donde lo encuentres. Casi debajo de las piedras. Al norte está el Centro Cultural del Bosque, al centro hay varias opciones como la Casa de la Paz de la UAM. A mí me gustaría que la programación de teatro fuera como la del cine: con varias funciones al día, y saliendo de una para entrar a otra. Aunque no es muy sano para la columna, es muy placentero para el espíritu... Un abrazo

Josué:

Tienes que conocer Coyoacán cuando vengas por acá. Pero no sólo el del Jardín Central, sino también soltarle la rienda a tus pasos y perderte por las calles, por los callejones alrededor de la Prepa 6 de la UNAM y quizá aventurarte hasta San Ángel. Como sabes, trabajo cosas relacionadas con el espacio público. Y hace poco, un profe canadiense nos dio una conferencia sobre la arquitectura y el espacio público, y concluyó que San Ángel todavía era uno de esos pocos lugares donde se puede vivir la experiencia de socializar sin que las personas anulen sus diferencias... Un abrazo

Arkturo:

Por supuesto que te creo eso de que uno puede tener recuerdos de cosa que nunca había vivido. Había una peli argentina que nunca he vuelto a ver, "Recuerdos del futuro", que se trataba de eso. También están los recuerdos de sueños no soñados. De cosas que, al momento de suceder, descubriste que siempre quisiste hacer. Precisamente, como le sucedió a la chica esa de "Sam's Town"... Un abrazo

Don (In)Mundo:

Así es: el trabajo de "Los endebles" despierta mucha curiosidad. Estaba viendo la cartelera, y me encuentro con que no sólo presentarán las obras regulares, sino también avances de un taller de dramaturgia que hacen también en "La capilla". Como ver la primera versión de una película sin editar... Hay que echarle un ojo, o varios... Abrazos, Sr.

Don Tocayo:

Qué gusto ver que andes tan activo. Escucharemos la propuesta y luego la platicamos... Un abrazo

Senses:

Es cierto! Muchos tenemos recuerdos comunes de Coyoacán. Aunque hay tribus de la Ciudad de México que más bien hacen de la zona de La Condesa el centro de su vida de ocio. Pero Coyoacán fue antes, jejej. Por supuesto que tienes que venir por acá. Cuál sería el equivalente por tus tierras? Cuál sería el barrio que recomendarías visitar para ver teatro y caminar toda una tarde?... El teatro es radical: siempre es radical y cuestionador del conformismo juntar a personas diferentes, para comentar algo que vieron en el escenario. Como decía Kushner, la mínima unidad política son dos personas... Un abrazo, querido Senses

Noájida said...

Mario, mucho se van para Europa a "vivir la cultura", ¿pero que es ella sino caminar por las calles de nuestra America?, claro, ya quisiera yo en Medellin, mas Cafes, con muchos libros, pero ahi estamos nosotros ¿Por que esperar que otros lo hagan?. El teatro, debo decirte que he visto muy poco. De todas formas, gracias por traernos un poquito a tu Blog

hector said...

gracias por tu post, está muy bueno, lástima que en Bogotá no hay mucho teatro, pero bueno algo tenemos. http://periodicocantaleta.blogspot.com/