Friday, December 29, 2006

Una y muchas verdades incómodas






Oh Yoshimi, they don’t believe me but you won’t let those robots defeat me
Oh Yoshimi, they don’t believe me but you won’t let those robots eat me,
those evil-natured robots.
They’re programmed to destroy us.
She´s gotta be strong to fight them.
So she’s taking lots of vitamins.
Because she knows that it’d be tragic if those evil robots win.
I know she can beat them.

The Flaming Lips, “Yoshimi Battles the Pink Robots”


“La películas más escalofriante del año”: así se publicita Una verdad incómoda, el reciente documental de David Guggenheim protagonizado por Al Gore y su campaña para alertar a la población mundial sobre el calentamiento global provocado por el uso indiscriminado de hidrocarburos. Y los publicistas a quienes se les ocurrió el eslogan –cosa poco frecuente– tenían razón. Se trata de la película más aterradora del año, a pesar de que las únicas vísceras que se exhiben en pantalla son las del corrupto sistema político estadounidense, de orientación conservadora, que se niega a ratificar el Protocolo de Kyoto; y a pesar de que los únicos que se desangran –literal y metafóricamente– son aquellos científicos que se agotan tratando de llevar a los congresos de los diferentes países el tema de la ecología como la prioridad que es y que nadie parece reconocer. Violencia gore en estado puro. Es aterrador darse cuenta de que vivimos en un mundo sobre el que pende la espada de Damocles y que nadie hace nada para protegerse la cabeza frente a su inminente caída.

En Del asesinato considerado como una de las bellas artes, Thomas de Quincey escribió que los crímenes cometidos por Macbeth hacían palidecer por su profundo carmesí (deep crimson, y de allí se le ocurrió a Ripstein el título de su célebre película) a los cometidos por cualquier otro. De Quincey puso el acento en el sadismo de la conducta criminal y en los motivos corruptos que Macbeth tenía para matar. Macbeth no mataba para sobrevivir o para defender a los suyos; él asesinaba para conservar sus privilegios de clase, no importándole que en el camino tuviera que sacrificar a antiguos aliados o futuros opositores. En nuestra época, crímenes mucho más nefandos se están gestando en los congresos de los distintos países sin que nadie parezca notarlo. Asesinamos el futuro de muchos seres humanos si hoy cerramos los ojos frente al problema del calentamiento global y otros derivados de las consecuencias futuras de las acciones irresponsables en el presente. Como la irresponsabilidad política es la norma, nadie se asombra de que los políticos se comporten con la inmoralidad que todo el mundo espera de ellos. Al fin y al cabo son políticos, y se ensucian las manos para que nosotros no tengamos que hacerlo. Porque inmoral es distraer la atención de los ciudadanos y de las agendas públicas mundiales respecto del problema de primera importancia que es el calentamiento global. Parafraseando a De Quincey, puede decirse que la estupidez de quienes se niegan a observar los signos evidentes del desastre ecológico que se avecina en el corto plazo, hace palidecer por su soberana negrura a cualquier otro rasgo de irresponsabilidad política. ¿Cómo se evaluarán dentro de veinticinco años, cuando sean una realidad tanto los enfrentamientos armados por el agua potable como las oleadas de inmigrantes de las regiones anegadas por el deshielamiento de los polos, las omisiones de nuestros congresistas frente a las demandas ecológicas? ¿Qué tendrá más sentido dentro de veinticinco años: la lucha por la repartición de los escaños en el congreso o la demanda de juicio político contra quienes pudieron hacer algo para frenar el calentamiento global y no lo hicieron en su momento? Estas son algunas de las verdades incómodas de las que habla la película de Al Gore.

Una verdad incómoda, como la propia campaña por alertar a la población mundial sobre el calentamiento global, ha sido descalificada de muchas maneras. Y casi todas estas denostaciones tienen que ver con lo que en la lógica clásica se conoce como falacia ad hominem, es decir, con descalificar al sujeto y no a su argumentación. Se ha dicho que, en realidad, Al Gore ha hecho un monumento a su ego y que toda la información científica que presenta está manipulada para reforzar la embestida que desde distintas posiciones de izquierda se está llevando contra el Partido Republicano. Se ha acusado a Gore de poco patriota, pues sus teorías sobre la necesidad de reducir el uso de combustibles fósiles significarían la pérdida de empleo para un número importante de estadounidenses que viven de la industria petrolera o de la economía derivada. También se ha señalado que Gore es un alarmista que busca culpar a la administración de George W. Bush por el desastre que provocó en Nueva Orleáns el Huracán Katrina, sacando a la luz una improbable conexión entre el aumento de la fuerza de estos fenómenos naturales durante los últimos años y el calentamiento global. No digo que Gore sea un santo, ni tampoco que lo que dice sea nuevo. Como bien sabía Maquiavelo, la política es un territorio que en la lucha diaria por el poder ha roto sus lazos con la ética. Ningún político actúa sólo a causa del bien común. Pero la campaña de Gore tiene una dosis de verosimilitud de la que carecen otras teorías científicas enarboladas por políticos con la intención de llamar la atención de los reflectores. Y esta dosis de verosimilitud se relaciona con aquello que Carl Sagan y otros filósofos de la ciencia han denominado el carácter público de la investigación científica.

La investigación científica honesta no se asume como la depositaria de verdades irrefutables y de certezas que deben ser preservadas de cualquier crítica. Al contrario, el espíritu científico es curioso por definición y observa a la naturaleza como un texto de lecturas múltiples y variables en el tiempo. Ninguna lectura es la definitiva porque cada vez contamos con mejores lentes para observar el texto; pero tampoco es cierto que haya individuos mejor capacitados que otros para descubrir en el texto de la naturaleza aquellas regularidades que permiten la formulación de leyes siempre provisionales. La ciencia se construye de una manera plural y abierta, sometiendo cada nueva conclusión provisional a un escrutinio exhaustivo que busca fortalecer esa nueva certeza. Sólo los científicos deshonestos –como aquellos que servían al régimen comunista cuando se produjo el accidente nuclear de Chernóbil en 1986– consideran la crítica y la experimentación como sinónimos de disidencia y deslealtad al paradigma científico vigente. La ciencia tiene un carácter público que se asemeja mucho a la crítica que puede lograrse en el espacio político, pues las realidades que se describen y tratan de explicar nos afectan a todos. Si bien podemos dudar de la honestidad de Al Gore, allí están las consecuencias del calentamiento global que pueden sentirse desde cualquier esquina del planeta: los recrudecimientos de las temporadas de frío y de calor, la migración de especies animales –que a veces se convierten en plagas para los cultivos– a regiones antes impensadas, el empobrecimiento de las comunidades agrícolas frente a la demora de las lluvias, la extinción y contaminación de las reservas de agua dulce. Las verdades inconvenientes, incómodas, dolorosas se acumulan y es un crimen contra el porvenir de la humanidad –si es que existe alguno– no hacer nada al respecto.

Más allá de la dimensión existencial implicada por la decisión de tener o no hijos, admiro a quienes se atreven a traer una nueva vida a un mundo como éste, con tan pocas perspectivas esperanzadoras. Admiro el valor de quienes de manera consciente asumen el reto de cambiar el mundo para hacerlo un lugar más habitable que el que ellos recibieron cuando nacieron. El filósofo político estadounidense John Rawls señalaba que existe un deber moral con las generaciones futuras, que se traduce como la restricción para tomar decisiones políticas en el presente que empobrezcan la calidad de vida de quienes aún no han nacido. Desde este punto de vista, es políticamente irresponsable que el gobierno estadounidense subsidie la producción del maíz y el algodón, porque esto empobrece a los campesinos de otros países que se dedican a su cultivo. También es inmoral que los congresistas se dejen sobornar por las industrias relacionadas con los combustibles, para hacer pasar como dementes émulos de Fox Mulder a los científicos que llaman la atención sobre la prioridad de la cuestión ecológica. La irresponsabilidad política en el presente empobrece la calidad de vida de las personas que aún no han nacido. Para ellas, la única posibilidad será encontrarse arrojados a un mundo que es peor que el que encontraron al nacer las generaciones precedentes.

Una verdad incómoda culmina con una nota de optimismo matizado de pesimismo: combatir el calentamiento global es sobre todo un deber moral antes que político, porque implica el destino de las personas que aún no han nacido. La conclusión es optimista porque, de acuerdo con la evidencia que presenta el documental, ya contamos con la tecnología energética alternativa necesaria para reducir nuestro consumo de hidrocarburos. Pero el pesimismo lleva a Gore a reconocer que adoptar esta tecnología alternativa no es un asunto de posesión de conocimiento sino de voluntad política. Estados Unidos produce por sí mismo más emisiones de monóxido de carbono que el resto del planeta, y es el único país que no está haciendo nada significativo por combatir el calentamiento global. El progreso científico de la humanidad –como señalaba Immanuel Kant– no lleva aparejado un progreso moral. Si invadir naciones en transición a la democracia fuera poca cosa, allí está la irresponsabilidad de Bush en materia ecológica para hacerlo merecedor de un juicio político que debiera ser promovido por algún tribunal internacional.

Finalmente, quiero retomar la idea con la que Gore cierra su película: que los grandes problemas requieren soluciones radicales, y que éstas dependen de un cambio del paradigma científico vigente. Tenemos que abandonar la idea de que el desastre ecológico global es algo que ocurrirá en el futuro (cuando las guerras sean libradas por pequeños androides japoneses, como decía uno de los personajes de Los Simpson) y que ni a nosotros ni a nuestros hipotéticos hijos nos tocará lidiar con sus consecuencias. Como señalaba Thomas S. Kuhn en La estructura de las revoluciones científicas, un paradigma deja de tener vigencia cuando empiezan a aparecer problemas que no puede resolver por sí mismo. En este sentido, una nueva problemática no debería ser acallada por los científicos para preservar al paradigma, sino que es su deber fomentar la crítica incluso si ésta significa la destrucción de las certezas más apreciadas. El problema del calentamiento global es lo suficientemente severo como para hacernos abandonar los paradigmas científicos vigentes, si éstos conducen a la pasividad y la indiferencia respecto de la cuestión ecológica. Debemos renunciar a la complacencia que nos hace tomar distancia de las instituciones y los representantes políticos, para exigirles de una buena vez que tomen cartas en el asunto y se comprometan no sólo con leyes a favor del desarrollo sustentable sino también con las condiciones materiales que las hagan operantes y eficaces. Necesitamos modificar nuestros hábitos de consumo, para que un automóvil nuevo o la posesión de cada vez más aparatos electrónicos dejen de significar ventajas sociales. Necesitamos, pues, asumir que vivimos en un mundo pletórico de verdades inconvenientes.

[Para Arkturo, B.B.B. King, Beto Gun, Carlos cuya esencia es lo indeterminado (To Apeiron), Caronte, Daniel Sametz, David M., Davidmo, el Erario Inagotable, Ernesto Sandoval, Eva, Geekganster, las gotas que caen Antes de la lluvia, Herr Boigen, Issa, Juan del Corredor, el Juntacadáveres, Josué, LoveDoctor, Medeo, Miss Cronika, Montanito, Peter Table y la Pilarrr, Selvia, Senses & Nonsenses, Seoman, Silencio V.2, Tessitore di Sogno, TNF25, Vero, Yayosalva, Zelig: a todos, un abrazo y mi agradecimiento por su generosidad al leerme durante 2006]

20 comments:

Cinzcéu said...

Debo confesar que la ecología política me despierta dudas. No me parece la cuestión más urgente o, mejor dicho, se enmarca cómodamente en cuestiones más urgentes. Hoy, en Bagdad, mueren niños a diario porque el imperialismo no puede no insistir con la usurpación de las mayores reservas petroleras del planeta. Me pregunto si hoy la cuestión para un iraquí (o un mexicano o un argentino) es el calentamiento global u otra. Hoy en México o Argentina mueren niños a diario por las mismas razones (de aplicación más indirecta) que en Irak. Vivimos en un mundo pletórico de verdades inconvenientes, sin duda, y así nos va. Me gustaría desear un 2007 un poco más racional o pasional o algo, pero soy pesimista.
Gracias por la dedicatoria y nos seguiremos leyendo en 2007 pese a las gotas que caen. Saludos.

Arkturo said...

eh de decir, que al momento que estaba leyendo éste texto, me pasó por la mente más de dos canciones de de melissa etheridge y una de loretta lynn. En la clase de Ciencia, Tecnologia, Sociedad y Valores, en donde el plan de la Secretaria de Educación Media Superior, es educar a los chavales de 15-18 años (de mis rumbos inmaduros), a tratar de perservar ese espiritu ético y de respeto hacia el medio ambiente, que nuestros padres tenian hace 20 o 40 años, adaptado a los tiempos modernos, es dificil tratar de ver las márcas que deja la contminación en un pueblo como en el que vivo, todas esas políticas y malas desiciones que se toman en los congresos internacionales para la preservación de la ecológia, aquí no se notan, y es bién difícil vivir en un mundo en donde la voz de algó no trasiende, quizás el hecho de ganarme ese único díez promediado en esa materia, por tratar de "consientizar a mi comunidad" para que haga algo distinto o meramente menos dañino para el medio ambiente, valió un vil queso, pero no sé, igual y tratar de empezar con algo pequeño me haga llegar a algo grande, todo es simplemente de tratar de unir bien ese rompecabezas de las políticas actuales, como lo dice al gore, si comenzamos a buscar culpables, esos culpables que totalmente podría ser la gente, se nos hecha de cabeza, como lo digo, entre las palabras y los hechos hay un pequeño y a la vez tan grande paso, espero y en mi pueblo, dentro de unos 30 años no encontrar canadienses refugiados, o chilénos viviendo bajo nuestras humildes y tan freaks chosas, no hay que hacernos los gilipollas, las cosas, están dadas, es el único punto de enlasarnos aunque nos duela y seamos los más grandes antisociales, a la sociedad que pretende hacer algo para salvar lo que queda en el mundo.

gracias por la mención en la lista, me pongo medio anaranjado cada vez que me menciono, :| dios!!, me estoy enamorando, hahah, nahh tio, me dió un enorme pero enorme gusto haberte leido por casi un cuarto de año, gracias padrino, y espero (si sobrevió al gran trance), poderlo leer en el 2007, la promesa de ser un mejor chaval siempre está vigente, reinventandose, cayendose y volviendose a levantar, por que esa es la escencia de vivir

muak!

Arkturo said...

sigo esperando tu teléfono

Grismar said...

El problema es político porque sólo cambios políticos podrían modificar algo, y el problema de la política en su práctica siempre fue moral. No creo que sea necesario separar y priorizar, como dijo Cinzcéu hoy mueren a diario cientos por el petróleo, pero tanto por su usurpación como por las consecuencias de su uso. Mientras se hable de cuidar el futuro y las generaciones venideras siempre se podrá esperar a mañana, pero las miles de víctimas de tsunami asiático, de los huracanes en centroamérica, de las olas de frío y calor, son de hoy, y ayer. Las catástrofes "naturales" provocaron más muertos en los últimos tres años que la Primera guerra mundial, los pronósticos extremos que hablan de derretimiento de los polos y anegamiento de continentes se ve como algo lejano aún cuando hoy esté sucediendo, mientras los discursos apunten a un mañana nada cambiará.
Besos, y que tengas un muy buen 2007, nos seguiremos leyendo si no nos tapa el agua.

Carlos said...

EL ARTE DE LA VENTAJA
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OPINIONES SOBRE LOS LIBROS
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Arkturo said...

santo dios!!

ya es 2007!!!

Josue said...

Hola mario!!!

he visto ese documental y la vdd. que si te espanta pero no se.Veo que no pasa nada,simplemente impacta en ese momento al espectador y no pasa a mas,tal vez el problema no sea como contaminamos sino, porque.El problema generalmente viene de la ignorancia generalizada y estas exposiciones nos ayudan a fijarnos en esos detalles a algunos. y si como dice "cinzceu" en algunos paises eso es lo de menos...desafortunadamente.
saludos

Tessitore di Sogno said...

Querido Mario,

Cada que veo en los noticieros las crecientes notas sobre consecuencias y vaticinios sobre el calentamiento global me aterra a tal punto que tengo que cambiar la frecuencia, realmente me deprime de sobremanera lo que puede pasar y esto lo sé porque me he documentado mucho sobre este tema.

Creo que la desinformación basada en un desinterés es una de las principales causas por las que los líderes de este mundo, nuestros vecinos del norte toman esto como un asunto de segundo término mientras que, como siempre siguen más interesados en la inversión para cerrar sus fronteras con muros de 1.2bdd, cazando y crucificando Némesis y seguir amasando riquezas derivadas de inversión y empleo de nuevas estrategias bélicas y políticas.

La política siempre me ha dado asco, y prefiero apartarme pero no puedo cerrar mi ira y mi dolor ante el tema de la ecología, creo que la política no es empleada como los líderes comunistas alguna vez lo pensaron, un mundo armónico Marxista donde no haya necesidad de líderes pues cada uno seamos arquitectos de nuestro propio destino, labradores de nuestro diario acontecer.

Lo cierto es que sin planeta no hay nada, ni petróleo en el medio Oriente ni más territorio por dominar, no hay más edificios en Maniatan ni corporaciones que dominan el mundo, no hay más bolsas bursátiles ni multimillonarios disfrutando del making-money-business encabezando listas en forbes.

Debo decir que puedo no así seguir en mi lucha por no tirar basura, por separar y enterrar residuos orgánicos, por revisar el refrigerador, verificar el auto, usar productos que no dañen la capa de ozono, cooperando como voluntario con traducciones inglés-español vía mail para Greenpeace México y sobre todo haciendo el conocimiento de los que me rodean el porqué de la premura extrema en estas acciones.

Toda vez que seamos un pueblo informado dejaremos de ser un cúmulo de ignorantes, despreocupados y apáticos ante la responsabilidad de dejar un mejor planeta que el que recibimos como bien lo planteas, y sigo en mis noches de meditación elevando oraciones y plegarias para que los demonios del norte cedan un poco su ambición ante la necesidad de la hermosa fauna y flora que cada vez más disminuye como un contador que marca la ignición de un cohete.

Y he aquí el cohete, ya que de no haber un cambio radical y oportuno en cada uno de nosotros, pronto el planeta habrá de hacer un exterminio de todo para que la vida resurja tan verde y hermosa como nos fue entregada en un inicio. Tantos años de historia, bellas artes y letras serán perdidas y todo habrá tal vez, y solo tal vez de comenzar de nuevo.

Como quisiera que tus palabras llegaran más allá de este blog y sus múltiples lectores, sin embargo debo concluir mi comentario y consolarme con que no puedo cambiar al mundo, pero puedo, no así cambiar e influir sobre mis propias acciones y conducta.

Medea Tangerine said...

El mensaje es menos aterrador aún de la realidad. Consumimos a la máter que sustenta toda actividad en sí misma a pasos agigantados. Explíquese todo con las leyes de la termodinámica. No sólo hay un límite natural a nuestra permanencia, hay un destino inexorable y es la entropía.

Medea Tangerine said...

Sustituyo "El mensaje es menos aterrador aún de la realidad" por "El mensaje es menos aterrador aún comparándolo con la realidad". Un fuerte abrazo, Mario.

Mario said...

Cinzcéu:

A mi también la ecología política me despierta muchas dudas, sobre todo cuando se hace pasar la cuestión por un asunto de moda o de conveniencia política. En México la causa ecológica está profundamente desacreditada en el plano político, porque un partido político ha secuestrado esta causa para convertirla en un negocio personal. Claro que esto también habla de la crisis de nuestro sistema de partidos, pero eso es otra historia. Me parece que las cosas cambian y se matiza el halo un tanto romántico de la cuestión, si se piensa al desarrollo sustentable y a la preservación de los ecosistemas que hacen la vida valiosa como un asunto de justicia básica. Y la injusticia -la que provoca el calentamiento global, las muertes de millones de seres humanos a causa de una racionalidad política puramente instrumental o la pobreza- requiere una asignación de responsabilidad individual. Por ello creo que se debe insistir en la creación de tribunales penales internacionales de carácter neutral que permitan saldar cuentas con todos los perpetradores de estos males seculares y terribles. Pienso que Hannah Arent tenía razón en muchas cosas, pero sobre todo cuando decía que el mal más terrible es causado siempre por seres banales, incapaces de ver las cosas desde otro punto de vista. Cuando el mundo ha conocido crímenes inéditos por su sadismo y crueldad, es función de los tribunales y de los jueces reconocer que las leyes vigentes tienen que ser modificadas para llenar esos "vacíos" jurídicos de sentido. Tampoco soy muy optimista respecto de la solución de todos esos graves problemas que señalas, pero creo que tenemos que buscar en la legalidad y en el espacio público democrática a las instancias capaces de paliar la injusticia que priva en el mundo actual... Un abrazo, y que el agua siga cayendo a mares, pero sin inundarnos en el pesimismo...

Arkturo:

A todos nos educaron con unas deficiencias profundas. Yo que soy hijo del artículo tercero (como dice un profe mío) sé de lo difícil que es trabajar con planes educativos en el sistema público que parecen diseñados para amaestrar autómatas y no para impulsar la creatividad y la responsabilidad de personas con un contexto cultural e histórico específico. El problema es ese: que parece que lo que aprendemos no tiene nada que ver con lo que somos como personas con historia y con contextos que requieren ser cambiados radicalmente. La educación nos sirve para valorar la historia común que nos da identidad como colectivo, pero también para criticar aquellas prácticas folklóricas que nos niegan nuestra autonomía y nos escatiman la responsabilidad. Para esto último, es decir, para ser críticos con nuestra identidad tradicional, nadie nos educa. Pero, Arkturo, este es el mundo que recibimos y hay que hacer lo que mejor que podamos con lo que nos tocó... Si sobreviviste a los 15 años y a nuestro sistema educativo nacional, ya puedes considerarte casi un héroe de guerra.... Un abrazo, que nunca están de más...

Grismar:

Como decía hace un momento a propósito del comentario de Cinzcéu, el mejor enfoque para trabajar la cuestión ecológica es el de la justicia. Y la justicia implica calidad de vida. Necesitamos pensar en la calidad de vida como el resultado de la libre elección de las personas respecto de sus planes de vida y no de una imposición de conductas o, peor aún, de una incapacidad de los individuos para expresarse en términos de autonomía. Alguna vez leí de Naguib Mahfuz algo así como que la sociedad con que soñamos no estará exenta de desigualdades, pero si de aquellas injusticias que en el momento actual vemos como golpes insuperables del destino. Esa es una de las trampas de la irresponsabilidad política a la que te refieres: pensar que las cosas son de una manera y que no pueden cambiarse. Inspirado en Amartya Sen, un profe español de Barcelona -Manuel Cruz- alguna vez escribió sobre la forma en que las catástrofes y los desastres pueden diferenciarse. Un desastre es que se produzca un huracán como el Katrina como consecuencia de las fuerzas de la naturaleza (las que ha potenciado el calentamiento global); pero una catástrofe es que no exista un sistema político capaz de responder a sus ciudadanos con eficacia y con justicia, y que escatime los recursos necesarios para superar el desastre. En el caso de las catástrofes, éstas exigen una asignación de responsabilidad, para que los agentes reciban una sanción y para que aprendamos de las formas que la irresponsabilidad política toma en nuestro tiempo... Ojalá que no nos cubra el agua, o que sea sólo metafóricamente un cálido (gris)mar...

Carlos:

Descargaremos EL ARTE DE LA VENTAJA, a ver si nos dice algo sobre el cambio climático. Bueno, ya pondré yo también spam en tu blog...

Mario said...

Josué:

Qué gusto encontrarte de nuevo... Es muy difícil (y hasta descorazonador) constatar la manera en que las iniciativas políticas responsables van perdiendo impacto a medida que se expanden en el tiempo y en sectores más amplios de la sociedad. Casi como las ondas que provoca una piedra que dejas caer al agua, las cuales acaban perdiendo fuerza al irse alejando del centro. Has dado precisamente en el clavo más doloroso de toda la corona de espinas: ¿realmente hacemos algo significativo al respecto discutiendo sobre la ecología? Creo que si la respuesta no es tan pesimista tiene que ver con la función que Jürgen Habermas daba al intelectual (sea artista, escritor, politólogo o cineasta) en las sociedades democrática. El intelectual, de acuerdo con Habermas, no tiene el poder para cambiar las cosas en una dirección más justa. Pero son sus iniciativas en el espacio público lo que genera una discusión que aspira a lograr una mejor comprensión de las cosas. Tiene sentido que hayan nuevas narraciones en el cine y en la literatura, por ejemplo, sobre el exterminio de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, porque así profundizamos sobre un período de la historia que creemos conocer, pero que seguimos desconociendo cada vez que resurge el antisemitismo y la discriminación. De manera similar, creo que tiene sentido que Al Gore haya usado sus recursos financieros e histriónicos para hacer accesible al gran público un tema que nos atañe a todos y que no sería comprensible sin una película para ponerla al alcance de un numero cada vez mayor de personas... Aunque no se si me acabo de creer esta idea de la función del intelectual para nuestros tiempos... Muchos saludos, y hay que seguir pensando estas cosas...

Tessitore:

No puedo agregar una sola línea a lo que has dicho. Tu lucidez es devastadora, y no hay ni gota de la complacencia que nos permite tomar distancia del problema. Necesitamos cambios drásticos y no hay ni pizca de voluntad para realizarlos. Pensamos que todo puede posponerse, pero la cuenta regresiva ya ha comenzado. Perdón por siempre volver a las mismas referencias, pero Hannah Arendt decía que hay un problema inherente a la modernidad que ha permitido el tratamiento instrumental de la naturaleza y de los seres humanos en ciertos momentos: pensamos que el fin justifica los medios, y que para fabricar siempre hay que destruir la materia prima que se obtiene en la naturaleza. Es decir, que la naturaleza y los seres humanos que la historia estigmatiza con el prejuicio y la discriminación, están allí para ser usados y destruidos si un fin más alto lo exige. Creemos que es lo mismo romper el cascarón de un huevo para hacer un omelette que deforestar una región para hacer lugar a campos de cultivo, o que está igual de justificado sacrificar la calidad de vida de los seres humanos que no entran en la lógica consumista del capitalismo voraz y depredador... Un abrazo, querido amigo

Medeo:

Siempre el mensaje es menos aterrador que la realidad. Y siempre quienes lo portan pueden dar testimonio fiel porque están encaramados a la punta del mástil del barco que se está hundiendo. Es como el arte del disco de Thom Yorke: todo se está llenando de agua, los truenos dominan el horizonte y hay un único testigo del desastre, a punto de hundirse con la civilización entera. Decía Mr. Yorke que "The Eraser" era una forma de conjurar sus miedos ante el desastre ecológico que asola al mundo, ahora que tenía hijos y que se imaginaba lo terrible que sería contemplar el fin del mundo con la obligación de protegerse a sí mismo y a un par de personas de cuya estancia en la tierra él era el único responsable... Como esto ya se ha puesto muy denso, quiero regalarte un fragmentito del último libro de Kurt Vonegut -"Un hombre sin patria"-: "Aqui terminan las buenas noticias acerca de todo. El sistema inmunitario de nuestro planeta intenta deshacerse de la gente. No hay otra forma de hacerlo"... Un abrazo, igual de fuerte, que se comparta con el Erario...

Senses & Nonsenses said...

excelente post, siempre es una gozada pasar por tu blog y aprender tantas cosas. nos haces pensar en temas que nos afectan a todos.
seguiremos leyéndonos en el 2007.
un abrazo.

Mario said...

Senses:

Muchas gracias por los elogios inmerecidos. Para el próximo año, prometo ser más breve y no abusar de su paciencia de lectores. Por cierto, ya se te extrañaba en la blogósfera. Hago votos porque tengas un excelente 2007 y que tengas toda la energía necesaria para realizar tus proyectos más queridos y la paciencia suficiente para lidiar con un mundo como éste... Un abrazo, Senses

herr Boigen said...

Excelente post, querido. El tema del calentamiento global es también algo que a mí me ha venido preocupando severamente desde ...LOS OCHENTA...creo que era un niño muy preocupón... Pero la cosa es que Gore tiene razón en el sentido de que al menos todos podemos hacer algo en nuestro entorno inmediato (como comprar coches japoneses con mega-rendimiento de gasolina ;), planear nuestras vueltas, compartir el auto, DE PLANO NO USARLO, plantar árboles, ahorrar gas y electricidad, etc.)

Tengo la esperanza de que Hillary Clinton se postule para la presidencia y gane. Y que firme el protocolo de Kyoto!

NY no tuvo nieve esta Navidad.... que otra seña necesitan?

herr Boigen said...

ah y por cierto, no hay de qué agradecer, es un placer leerlo.

Mario said...

Doktor Boigen:

El problema es que muchos de mi generación y de generaciones previas y posteriores no fuimos niños ni somos adultos preocupones. O sí lo somos, pero preocupones en relación con otras cuestiones de importancia secundaria (o de importancia relativa, como diría Cinzcéu)... Por lo pronto, hay que correr la voz sobre la película de Gore y el decálogo final de acciones a realizar desde nuestra posición específica en el mundo... Nueva York sin nieve sería tan triste como un paseo por Königsberg sin la sombra de los tilos para apaciguar nuestros sentidos... Mein Lieben Herr...

Zelig said...

Feliz año Mario y léctores de este estupendo blog.

Lamentablemente, pienso que hasta que el calentamiento global, el cambio climático y todo aquello que lleva asociado no toque directamente a los ciudadanos del primer mundo (todos aquellos que vivimos el día a día de los países occidentales) nada cambiará y entonces, muy posiblemente, será demasiado tarde.

Aun en el mejor de los casos, serán necesarias varias generaciones trabajando al unísono para volver a un status quo aceptable. Se avecinan tiempos difíciles.

Mario said...

Querido Zelig:

Fue la última película que vi en el 2006, y no sabes cómo deseaba en la oscuridad de la sala haber elegido otra opción más festiva: quizá la última película de Kate Winslet o de Ben Stiller. Acaba uno hecho pomada después de presenciar ese catálogo de acciones irresponsables y francamente tramposas. Me acordé un poco del final de "Entrevista con el vampiro", cuando el personaje de Bran Pitt (que nunca leí la novela) dice que descubrió en el cine otra forma de ver el amanecer de nuevo ahora que su condición de muerto vivo se le impedía. Y entonces viene un collage de amaneceres esplendorosos filmados a lo largo de la historia del cine en el siglo XX. Lo más seguro es que en los próximos años tengamos que recurrir al cine para contemplar un mundo que va a la ruina. Un abrazo, y aqui seguiremos mientras se pueda...

el juntacadáveres said...

gracias a ti...
y no digo más...